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Sexo, drogas y descontrol: La vida de la creadora del corpiño

Caresse Crosby inventó esa prenda hace más de un siglo. Después, experimentó a fondo la extravagancia y la lujuria.  

A los 19 años, Caresse Crosby, nacida Mary Phelps Jacob el 20 de abril de 1891, en Nueva York, inventó una prenda que sería símbolo de libertad y luego de opresión: el corpiño. Los españoles le dicen sujetador, justificando su mala fama. Pero nació, hace más de un siglo, como rebelión contra el corsé, dispositivo –hoy usado para el fetichismo y los problemas de columna– que embutía a las mujeres, sobre todo a las de alta sociedad, como Polly Jacob. Corría 1910. Ella, de familia aristocrática y puritana, se preparaba para una fiesta. Cansada de estructuras, le pidió a una mucama dos pañuelos de tela, cinta rosa, aguja, hilo y alfileres. Aquella noche bailó suelta, y divulgó entre sus amigas por qué. No era el único corsé que dejaría atrás en su vida.

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El 12 de febrero de 1915, cuando ya había convertido al corpiño en una prenda similar a la actual, Polly pidió el patentamiento. En noviembre, se lo concedieron, bajo el nombre de “sujetador sin respaldo”. Pocos años después, le vendería esa patente a The Warner Brothers Corset Company en... 1.500 dólares. Ustedes dirán: pobre chica, cómo se equivocó. Nosotros retrucaremos que no le interesaba la plata, en parte porque la tenía, en parte porque su deseo era otro: experimentar todos los placeres y todos los vicios, incluidos los más nocivos (qué placer no se vuelve vicio, qué vicio no se vuelve nocivo). Lo hizo. Sus actos fueron rechazados por la moral(ina) de su época. Y, hay que decirlo, algunos de ellos serían condenados por la justicia del siglo XXI.

Aquel año del patentamiento, se casó con Richard Peabody, un tipo de la clase alta bostoniana. Tuvieron dos hijos, William y Poleen: acaso el último acto convencional de la creadora del corpiño. En 1917, cansada de que su marido no se hiciera cargo de las obligaciones como padre, dejó que se alistara para defender la frontera de los ataques de Pancho Villa. Y luego, que se fuera a combatir en la Primera Guerra. Ella se mudó con los chicos a la casa de sus suegros, en Boston, donde conoció y empezó a acostarse con otro muchacho aristocrático, Harry Crosby, sobrino de J.P. Morgan, siete años menor, también veterano de la Primera Guerra, a pesar de que apenas superaba los 20.