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La Bruja Verón con raíces correntinas: "Llevo pegada la música del litoral"

Juan Ramón mañana cumple 75 años, y como cada domingo se juntará a jugar con sus amigos y su hijo Sebastián. "En las fiestas hacíamos unos viajes larguísimos, veinte horas, para llegar a Corrientes, y escuchaba la música del litoral, que llevo hasta hoy muy pegada", comentó el padre de Juan Sebastián a Perfil. 

Sangre. Juan Ramón y Sebastián, dos generaciones, dos ídolos eternos de Estudiantes. Foto: CEDOC

Mañana cumple años Juan Ramón Verón, la Bruja, aquella del Estudiantes tricampeón de América y que cometió la osadía de anotarles un gol en la cara a 65 mil ingleses enardecidos en una final de Copa Intercontinental. El hombre festeja 75 años y amanecerá calzando botines, como todos los domingos del año, a las 10 en la cancha de 11 del Prado Español de Villa Elisa, un espejo verde donde el mito se encuentra con la música que excita su alma, el gol. Canoso pero sin calvicie, se engancha en un picado donde caben todas las edades y oficios.

El viejo Verón no se cansó de la fama, aunque la repele. Mate en mano evoca su infancia en Berisso, a pocas cuadras de la cancha de Villa San Carlos. “De pibe queríamos jugar en la cancha de La Villa y los más grandes nos sacaban”. El nacimiento, sin embargo, fue en La Plata, en la desaparecida Maternidad de 69 y 1, a 12 cuadras del escenario donde la realidad superó al sueño.

De Corrientes. Como el otro argentino que puso de rodillas al fútbol inglés, Juan Ramón cuenta que sus padres eran correntinos. Su mamá, Isabel, nació en Esquina, es decir, la misma ciudad donde doña Tota dio a luz a Diego Maradona. “En las fiestas hacíamos unos viajes larguísimos, veinte horas, para llegar a Corrientes, y escuchaba la música del litoral, que llevo hasta hoy muy pegada”.

El wing izquierdo que descubrió Ignomiriello y que brilló con Zubeldía se dio un baño y esperó a Perfil debajo de un árbol, mientras el clásico 160 de la ciudad se venía encima. Juega al tenis y muy bien, da charlas de fútbol y no se inmuta ante la voracidad de este mundo moderno; transita sigiloso, despacito, como cuando entraba al área. Adelante, en el futuro, lo espera un regalo que valdrá por todos los que puede recibir.

Sus piernas no perdieron la chuequera. Esos arcos son la mejor terapia para muchos jugadores empedernidos, que olvidan dramas de rodillas, artrosis o facturas de la vida. A Juan Ramón le dejan los tiros libres y los penales. Y los duendes vuelven con verlo. “De todos los goles, elijo el de Manchester porque fue la culminación de lo que habíamos iniciado. Recuerdo que los dos primeros los metí en la cancha de Banfield, perdimos 3 a 2 y metí los dos”. Cuentan que en estos picados dominicales –donde también se prende otro campeón del mundo con Racing, Juan Carlos Rulli– a la Bruja no se lo tiene que presionar. Pero a él no le gusta ni enterarse de eso. “

El día que no me marquen, no juego más”. Toca de primera, habla mucho y también se enoja: “¡Mirá el patadón que pegás!”. O la recriminación para su hijo Sebastián, el presidente actual del Pincha, cuando la pasa mal: “¿¡Adónde jugaste vos!?”. Los que lo rodean fueron cómplices en la tribuna de aquellas dos décadas de dibujos animados con la pelota en sus pies. Le recuerdan siempre el cabezazo triunfal al Manchester United en El Teatro de los Sueños.

Fuente: Perfil

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