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La primer muerte del idolo

"Maradona, casi te morís": la reflexión del médico que salvó a Diego en Punta del Este

En el año 2000, el flamante médico rural Jorge Romero atendió el llamado de Coppola en Punta del Este . "Yo me estaba muriendo con Maradona", recuerda. Un testimonio exclusivo para TN.

Diego Maradona llevaba "dos días dormido" cuando Guillermo Coppola decidió llamar a un médico para que lo asistiera. Había llegado a ese estado luego de "un exceso de todo" tras los festejos por el nuevo milenio en Punta del Este. Hubo varios intentos frustrados: el estado del paciente que no reaccionaba y sobre todo la dimensión del personaje generaban temor en los profesionales que debían acudir a la emergencia: ¿Quién podía arriesgarse a que Diego Maradona "se le muriera" con todo lo que eso implicaba?

Jorge Romero tenía 28 años. Se había recibido hacía unos pocos días y era su cuarto día de trabajo en una salita local. Ejercía su profesión en un área rural, alejada del centro de la ciudad: su elección, como filosofía de vida, era estar lejos de la urbe, del smog y de las luces. Pero aquel enero del año 2000 tenía otros planes.

Dos décadas después, el 25 de noviembre de 2020, Maradona murió debido a una insuficiencia cardíaca y edema agudo de pulmón, conectados con la crisis de Punta del Este en la que intervino Romero. En el documental exclusivo de TN "La primera muerte de Maradona", el médico recordó esa experiencia y reflexionó sobre Diego y su entorno.

 
"Cuando ya se estaba yendo de la unidad de cuidados intensivos, no sé por qué, tuve la necesidad de pararme frente a él y decirle: "Yo fuie el que traje... Me sentí en la obligación de pasar el mensaje al destinatario más importante, al paciente. Porque... ¿cuántas verdades directas y simples le han dicho a Maradona en su vida? Pocas", dijo Romero.

 
"A su figura la aprendí a conocer después de ese incidente, a dimensionar el entorno y concluyo que ese hombre recibió pocas verdades simples y directas, y las pocas que recibió seguramente no las aceptó. Porque hay que tener el aparato psíquico para aceptar esas verdades tan duras".

Así se vivió la crisis de Punta del Este, "la primera muerte de Maradona"

El teléfono la Policlínica La Barra sonó y Romero atendió. Era Coppola, que le dijo que Diego dormía hace dos días. Todavía no había dimensionado lo que estaba pasando ni la magnitud de la misión para la que era convocado, pero salió hacia la casa donde estaba Maradona: Ruta 10 km. 174, frente a la boya petrolera.

La Citröen Mehari modelo 1976 en la que Romero llegó a asistir a Maradona, por esas casualidades de la vida, se llamaba "La Tota". Había sido un regalo de su papá para que pudiera ir al trabajo y era su primer auto. "Llegué despacito, mucho más despacio de lo que hubiera querido". Romero recuerda que "era el nombre de la madre de Maradona en la personalización de mi primer auto". La Mehari tenía techo de lona y "había que tratarla con mucho respeto porque si no, no andaba la cosa".

Cuando Romero llegó le dijeron que Maradona "se sentía mal". No le dieron más información. En el lugar, entre otras personas, estaban Guillermo Coppola, Carlos Ferro Viera y Pablo Cosentino. Ellos serían posteriormente puestos bajo la lupa de la Justicia. Era 4 de enero, primeros días del año 2000, y el consumo de alcohol y drogas habían conducido a Maradona a ese estado de no reacción. A Romero le dijeron que Maradona dormía hacía dos días y que no lograban despertarlo. "Hice el diagnóstico necesario de coma", cuenta.

La memoria visual de Romero ayuda a reconstruir la escena: el mejor futbolista de todos los tiempos está en coma sentado en una silla, en "un lugar un tanto inhóspito, una casita accesoria a una linda casa". Mientras tanto, sus pulmones se iban llenando de agua velozmente: estaba atravesando una insuficiencia cardíaca secundada a un edema pulmonar: un exceso de líquido en los pulmones que dificultaba su respiración. Maradona estaba taquicárdico y "tenía todos los mecanismos de compensación al extremo", revela Romero.

No quisieron llamar a una ambulancia

Romero le informó a Coppola que Maradona estaba al borde de la muerte sin que llevara todavía 5 minutos en el lugar. Exigió llamar a una ambulancia especializada de forma urgente, pero su demanda no fue atendida. El centro de salud más cercano, el sanatorio Cantegril, estaba a 23 kilómetros. Afortunadamente, Maradona estaba sentado: "El edema pulmonar podía incrementar su velocidad a un rango más cercano si lo acostaban". Era casi una premonición de lo que ocurriría 20 años después en la casa del Barrio San Andrés de Tigre. El corazón de Diego estaba al límite. Estaba atravesando su primera muerte.

Por motivos que dos décadas después siguen generando controversias, Coppola decidió no llamar a la ambulancia y llevar a Diego en su auto particular junto al Dr. Romero. En una actitud que el médico todavía no logra entender, Coppola, coqueto y vanidoso, se fue a alistar para salir impecable del lugar hacia el sanatorio. Romero creía que el exmánager de Maradona tomó esa decisión para evadir a la prensa: "¿Qué problema hay de fotografiar la realidad? ¿Por qué tenemos que jugar al juego de que está todo bien siempre?".

La tasa de progresión del edema agudo de pulmón alarmaba profundamente a Romero. La desesperación del joven médico rural crecía con el correr de los minutos.

Romero había pedido un médico con experiencia y un set de intubación que él no tenía, pero sus demandas eran desoídas y los fantasmas empezaban a aparecer: "Me imaginaba los titulares de los diarios en Argentina: ‘Diego Armando Maradona muere a manos de joven médico inexperto por omisión de asistencia’", recuerda. Había evaluado la opción de irse, pero si Maradona se moría podía ser peor: "Carrera acabada antes de empezar, dije ‘mmm, capaz que no me conviene’", cuenta.

El vehículo que llevaba a Maradona se quedó sin nafta

Coppola manejaba y Romero iba atrás, manteniendo a Maradona sentado y sosteniéndole el maxilar inferior para que no tapara la vía aérea, ocasionando que Diego muriera en el camino. "Tenía que estar a 90°, si no su muerte era segura pero no en 20 minutos, sino en 5″, cuenta. En ese contexto, Coppola advirtió que el auto no tenía nafta y paró a cargar. "El auto más veloz de la casa salió volando y nosotros nos quedamos con la camioneta que no tenía nafta". Diego estaba cursando algo que, a priori, parecía una intoxicación farmacológica. El diálogo con Coppola, cuenta Romero, ya era más directo: "Mire, señor, tiene minutos de vida".

Para evitar inconvenientes, Romero, que ya había asumido que las cosas iban a ser de esa forma, recomendó "ir por adentro". Tomaron ruta 10 hasta el Puente ondulado de La Barra en Maldonado. Siguieron hacia la rotonda, avanzaron un kilómetro y de ahí, tomaron la vía que desembocaba en Camino Viejo. Desde allí fueron en dirección del Aeropuerto de Punta del Este, pasaron por el Centro de Convenciones y bordearon una larga manzana con una pista de ciclismo. Desde allí fueron al Boulevard Artigas y de ahí, directo al Sanatorio Cantegril.

Maradona hacía apneas: pausas en la respiración de entre 5 y 6 segundos. Prácticamente estaba muerto. "Yo ahí estaba muriendo un poco con Maradona. Yo me estaba muriendo un poco", confiesa Romero, que recuerda el episodio como "algo muy violento. Hay que ponerse en la cabeza de un joven médico de 28 años que viene a estar tranquilo a un pueblito y le pasa esto. Era todo lo que yo no quería que me pasara, junto".

Diego todavía respiraba, pero su corazón latía de forma insuficiente. Fue acostado por primera vez a 20 metros del área de cuidados intensivos y, en ese momento, fibriló: su corazón había dejado de bombear sangre. Todo lo que temía el incipiente e inexperimentado Romero estaba pasando. La vida de Diego, que tuvo la fortuna de que Romero atendiera el llamado de Coppola en la salita local, estuvo detenida por unos instantes.

"Maradona, casi te morís, no te están inventando nada"

El médico que salvó a Maradona pudo hablar con el paciente una vez que el astro se recompuso: "Tuve la necesidad de pararme frente a él y decirle ‘yo soy el que te trajo, casi te morís, eh, mirá que no te están inventando nada. Estás vivo de casualidad". Sin conocerlo, sin ser fanático del fútbol, tomó dimensión de lo que había hecho con el paso del tiempo.

El episodio de Punta del Este abrió una batalla judicial por la trama oculta detrás del cuadro clínico de Diego: todavía hoy hay versiones contrapuestas de lo ocurrido en esa chacra en los primeros días del año y de las responsabilidades. "Perdí 15 días de una temporada 30 cuando yo ni tenía techo", lamenta Romero. Quienes estaban allí fueron procesados por perjuicio y recibieron multas económicas de decenas de miles de dólares.

"Fue una época dura, fue un paciente que hubiese preferido no atender, pero supongo que los ídolos tienen esas cosas ¿no?". Los hechos condicionaron su vida de una forma por momentos intolerable: "En seis años de asistente de cátedra titular y cuatro más de asistente de cátedra interino, cada vez que venía un residente nuevo y alguien contaba lo que siempre contaban de mí, se sentaban en la guardia todos y solo querían saber eso".

Romero se aisló del sistema y de las instituciones. Eligió el silencio y pelea aún por despegarse de la asociación con Maradona, aunque en el último tiempo aprendió a aceptar y a convivir con la idea de haberle salvado la vida al hombre más popular de todos los tiempos. Actualmente, es activista por distintas causas sociales y vive con su familia a pocos metros de la orilla del mar. Gracias a él, Maradona pudo vivir 20 años más.

Fuente: TN