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Carlos Bramante

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El atajo nos lleva más rápido al Coronavirus

En las últimas semanas hay rebrotes en varias localidades del interior. Descuidamos las medidas de prevención y proliferan los eventos sociales. Los antivacunas están dejando su dolorosa huella. Las alertas están encendidas pero estaríamos decididos a transgredirlas una vez más. 

Entre la ansiedad social y electoral se anunciaron medidas que parecían la salida definitiva de la pandemia. Por el contrario, los profesionales de la salud alertaban que no era el fin de uno de los momentos más dolorosos de la humanidad. Una vez más, tuvieron la razón. 

En Corrientes, nos mostramos "desobedientes" de los anuncios que permitirían recuperar la libertad "perdida" durante el confinamiento. Pero lamentablemente, las últimas estadísticas nos hablan de rebrotes en el interior provincial y encienden enormes luces de alerta.

Las encuestas de opinión decían que la mayoría seguiría usando barbijo al aire libre. Con el paso de las semanas fue notorio el descenso. Por otra parte, el distanciamiento social quedó en el olvido y volvieron las filas y las aglomeraciones. Y además, nos propusimos recuperar los encuentros sociales, "perdidos" por la cuarentena, en tiempo record.

El interior comenzó a registrar las consecuencias. El relato de intendentes o directores de hospitales explica que, la aparición de una importante cantidad de casos, está vinculada a la proliferación de eventos sociales. Desde los encuentros deportivos a los festejos de egresados que comenzaron antes de concluir el ciclo lectivo. 

 El abandono de los cuidados sanitarios y los festejos masivos llevaron, a otros países y continentes del mundo, a padecer rebrotes de coronavirus. Le está pasando a Europa, nuestro espejo cultural aunque tengamos raíces cada vez más débiles. Esa similitud con el viejo continente es la misma que comenzamos a experimentar nosotros con un movimiento que, a poco tiempo de existir, tiene consecuencias: LOS ANTIVACUNAS. 

El coronavirus otra vez mostró sus garras y, en pocos meses, les dijo que van por el camino equivocado. Pero la globalización de las comunicaciones, hizo que los "argumentos" de quienes se oponen a las vacunas se desparramen rápidamente por el mundo.

Ni Argentina ni Corrientes fueron la excepción. Con asombro escuchamos en Radio Dos al Ministro de Salud Pública de la provincia, Ricardo Cardozo, informar que un 20 por ciento de los agentes de un hospital no quieren vacunarse. Los mismos a quienes debemos eterna gratitud por evitar que los muertos sean muchos más. Pero llama la atención que, siendo portaestandarte de la prevención, elijan no vacunarse. 

De todas formas, ese "contagio" informativo que vivimos en la actualidad debe hacernos recapacitar sobre sus consecuencias. Los antivacunas están en la mira de los países más afectados por los rebrotes. Y entre nosotros, debemos saber que el Hospital de Campaña aloja en su mayoría a infectados con esquema incompleto o que no quisieron vacunarse.

Es cierto que su existencia lleva varios años y, otra noticia de los últimos días, nos recuerda el daño que provocan. La Organización Mundial de la Salud informó rebrotes de Sarampión en varios países. Sin ir demasiado lejos, Brasil tuvo dos fallecidos el año pasado y Estados Unidos una cantidad importante de casos. 

La "furia" del sarampión no es la misma del Covid-19. Los efectos negativos de los anti-vacunas recién aparecen. La confusión nos hace perder de vista que se trata de una de las medicinas que más vidas salvó en la historia de la humanidad. Además, desperdiciamos los avances de la ciencia o malogramos la suerte de encontrar en tiempo record el antídoto adecuado para combatir una de las pandemias más feroces.

Les agrego otra información conocida esta semana. Para los expertos de Cambridge, la prestigiosa universidad británica, el distanciamiento social es insuficiente para frenar el coronavirus si no se usa el barbijo. Los científicos midieron cómo se propagan las gotas al toser y encontraron que, sin mascarilla, una persona puede infectar a otra, incluso al aire libre. 

La pandemia no terminó y las actividades recreativas que conllevan grandes aglomeraciones pueden esperar. Sin olvidar que los ámbitos laborales no son grandes generadores de rebrotes de la enfermedad. Que el trabajo no sea la excusa para abrir "las puertas" de la diversión. Sana y necesaria pero también caótica y descontrolada.

Pareciera que nada alcanza para encontrar el sendero correcto. Espero que mi presunción sea errónea y en algunas semanas las estadísticas vuelvan a bajar. Ojalá el próximo verano no nos tenga como protagonistas de una sala de internación o esperando el parte médico de algún familiar. Si vamos por el atajo, la salida se hará más difícil y dolorosa

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