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Carlos Bramante

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La emergencia es el resultado de la mala conducta vial

Fue declarada por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Corrientes. No es un formalismo legislativo. Es un instrumento para adoptar medidas concretas. En lo que va de 2021 hubo 45 personas fallecidas en Capital. 

A todos nos cuesta asumir los errores cometidos. Pareciera que esta regla de la vida diaria se traslada a calles, avenidas y rutas de Corrientes. Todos estamos en la mira: peatones, ciclistas, motociclistas y automovilistas. 

Se hizo costumbre transitar, o intentar hacerlo, como si estuviéramos en un autódromo. Si alguien se interpone en "nuestro circuito" apelamos a bocinazos e insultos para correrlo del camino. Conducta individual de quien olvida que vive en sociedad. 

Los ejemplos de "relatos salvajes" nutren las crónicas policiales. Hubo discusiones que terminaron con el crimen de una persona. Recordemos lo sucedido en la esquina de avenidas Alfonsín y Pomar en marzo pasado con un acusado que ahora goza de prisión domiciliaria. Además de hechos insólitos como las camionetas que subieron a la vereda y chocaron casas o muros. Una frente a la Escuela Misericordia y, la otra, contra el muro del Hogar de Ancianos. 

La emergencia vial no representa un simbolismo legal: es la conclusión de un diagnóstico dramático. Es el resultado de varias gestiones gubernamentales que coloca a las actuales autoridades municipales en el delicado rol de cambiar el destino fatídico demostrado por las estadísticas. 

No hay dudas, que el déficit de obras en una ciudad que crece desordenadamente es uno de los más importantes. Antes, debemos comprender que se trata de una solución que llevará tiempo y demandará dinero que escasea en cualquier arca pública.

Hay que buscar metodologías más económicas y eficientes. Se necesita celeridad para cambiar las malas costumbres arraigadas en los conductores y que ninguna prueba de manejo, para obtener la licencia de conducir, contribuyó a eliminarlas.

Hay una estrategia que definitivamente fracasó y algunos especialistas insisten en proponerla. Es la de convertir a los más chicos en voceros de la buena conducta vial. Me atrevo a  decir que desconocen los hábitos de los mayores y someten a los más pequeños a un escenario de violencia familiar. Es difícil que un niño "frene" los impulsos de padres decididos a romper las reglas viales. Los ejemplos circulan más fluidamente desde arriba hacia abajo.

El argumento anterior no impide recordar que la materia de Educación Vial es una deuda pendiente en las aulas de toda la provincia. El párrafo anterior no posterga ni impide saldarla lo más pronto posible. Pero advierto que, los conocimientos de la escuela, se borran en segundos con el mal ejemplo de los adultos. 

El camino es otro aunque las sugerencias de este columnista sean ínfimas en relación al caudal que pueden aportar técnicos y funcionarios. Solo hay que comprender que el momento es ahora, no hay margen para demoras. De lo contrario, estaríamos en presencia de un escenario más grave que, en el mejor de los casos, desboradará de víctimas a los hospitales.

Estamos en el inicio de un nuevo periodo y es el momento oportuno para implementar las reformas necesarias. Muchas veces se ha dicho que la rigurosidad de las medidas está directamente relacionada con el tiempo electoral. 

Es la oportunidad para demostrar el equívoco de ese análisis con medidas rápidas que permitan iniciar un proceso de reordenamiento vial. Los resultados seguramente llegarán antes de las próximas elecciones. Aunque las bibliotecas se dividan, es el momento para cambiar la estrategia. 

Un solo ejemplo sirve para dimensionar el miedo que causa el caos del tránsito. Las personas de edad avanzada tienen pánico para cruzar calles y avenidas. Postergan tratamientos médicos para no jugar a la "lotería" de la vida o la muerte. No saben si es más riesgosa la enfermedad o convertirse en víctima de un siniestro vial.

Las sugerencias para cambiar el peligroso presente son muchas. Desde controles sorpresivos a mayor cantidad de cinemómetros. Presencia activa de inspectores en lugares de alta siniestralidad y canales para que los vecinos denuncien infracciones via web. Sin olvidar, el seguimiento a los infractores para que cumplan la sanción impuesta. Así se quitará del imaginario popular que la multa tiene destino recaudatorio. 

Miren la experiencia de otros países que sufrieron una "epidemia" vial. Recordemos que celebridades del mundo poblaron las prisiones de sus ciudades por cometer una infracción de tránsito.  

La declaración de Emergencia Vial es el marco formal y la última advertencia de una "historia clínica" que puede resultar fatal. De no intervenirse a tiempo con medias concretas, solo será una oportunidad desperdiciada.