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Carlos Bramante

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El 2022 regala oportunidades para ser mejores

Celebramos Navidad y llega Fin de Año. Algunos hacen balance y otros proyectan los próximos 365 días. El que se despide fue uno de los más complejos para todos. Las dificultades surgieron por errores de los gobiernos. Y también por nuestra falta de empatía. 

En 2020 nos propusimos vivir en un mundo más humano. Viralizamos el reto en las redes sociales mientras el confinamiento nos puso en pausa. Prometimos ser mejores pero parece que este año volvimos a postergar el desafío. 

 Cuando recuperamos la movilidad, salimos sin darnos cuenta que había una "nueva normalidad" y buscamos cumplir objetivos postergados sin medir las consecuencias. Otra vez cometimos errores que arrastrábamos mucho antes del coronavirus.

Además, sumamos las consecuencias de las restricciones que afectaron la vida laboral de millones de argentinos. Un periodo que agudizó las penurias económicas y propagó efectos secundarios que nos siguen golpeando.

Con la "apertura" quisimos recuperar el tiempo perdido y tropezamos con la misma "piedra". Esa vieja y sabia lección, que muy pocos humanos aprenden, y para la gran mayoría es una asignatura pendiente.

El 2022 nos renueva la oportunidad de concretar objetivos individuales y, más aún, los de una sociedad respetuosa de cada miembro. Hacer realidad la tan reclamada y poco practicada empatía puede ser un buen comienzo. La misma que promocionamos pero opacamos con una dosis de egoísmo. 

El regreso a la normalidad nos llevó a correr "la última carrera" de la vida sin ponernos "en el cuero ajeno". Y terminamos sumergidos en competencias infinitas para acumular "trofeos" descartables de un mundo consumista que aporta felicidad transitoria. 

La falta de mirada social nos hace repetir viejos errores. Entre otros, los siniestros viales que volvieron a dejar una cantidad significativa de víctimas. Desde lesionados a evitables pérdidas de vidas humanas tan solo respetando las normas de tránsito.

 El anterior, es un ejemplo contundente de la falta de empatía mientras somos testigos o protagonistas permanentes de las escenas de "Relatos Salvajes". En estas fiestas, una familia no puede abrazar a un integrante porque otra persona le arrancó la vida con un arma de fuego. Sin olvidar el dolor que causan las leyes y la justicia que benefician con prisión domiciliaria al autor del hecho. 

Carecemos de empatía cuando recuperamos festejos "perdidos" por culpa del Covid-19. Olvidamos que el virus sigue presente entre nosotros y esos encuentros sociales provocaron una "segunda ola" que dejó sillas vacías en numerosas familias. 

Cuando apareció la vacuna imaginamos que era el escudo protector y abandonamos la prevención. Nos sacamos el barbijo, dejamos el alcohol en gel y perdimos el distanciamiento social olvidando la reciente pesadilla.

Ahora los informes epidemiológicos muestran el aumento exponencial de contagios y advierten que estamos en el umbral de la "tercera ola". Los especialistas son optimistas por el nivel de vacunación pero llama la atención que hace pocos días la terapia intensiva del Hospital de Campaña de Corrientes casi igualaba en cantidad de internados con los de clínica general. 

Las estadísticas del nosocomio nos explican los motivos. Tres de cada cuatro fallecido no estaban vacunados. Los antivacunas se olvidaron de practicar o enseñar empatía social. Un grito silencioso y, quizás no tanto, si analizamos las redes sociales con sentido colectivo.

Recordemos que brotes importantes en el interior correntino se originaron en recepciones donde la mayoría de los jóvenes no se vacunó. Con solo mirar las extensas filas en los centros de testeos veremos que la historia se repite en Capital. 

A lo anterior, debemos sumar dificultades que se solucionan a través de las autoridades que nos gobiernan. Muchas de ellas son las mismas hace décadas y hoy son "epidemias" sin "medicina" apropiada.

La inseguridad es otro ejemplo convertido en la principal amenaza para la vida y el patrimonio de todos. El miedo y el riesgo que nos desafía cada día se profundizan en vacaciones. Un descanso reparador puede concluir con dolorosas sorpresas aunque agudicemos el ingenio para prevenirlas. 

La inseguridad también afecta a la industria del turismo en Corrientes. Se convierte en nociva propaganda por falta de estrategias eficaces para lugares tradicionales como Paso de la Patria. Incluso en los nuevos polos de desarrollo urbano, ya sea de residencia permanente o de fin de semana, como Santa Ana y sus alrededores.

La empatía también es la gran deuda pendiente de la dirigencia política. Muchas veces, sus decisiones están alejada de los problemas reales de la sociedad. Por eso, las soluciones empleadas carecen de eficacia social. 

Pidamos que el hartazgo de la pandemia no siga sacando las miserias humanas y cultivemos la empatía como semilla de convivencia social. Renovemos la esperanza con nuestra contribución individual. ¡FELIZ AÑO 2022!