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Carlos Bramante

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Los gitanos no son los únicos cibercriminales

Las estafas virtuales mutan con más rapidez que las variantes del coronavirus. La persecución policial y judicial está débil de anticuerpos para perseguirlas. El abigeato es otra modalidad delictiva que jaquea a los productores rurales.

El título está relacionado con lo sucedido la semana anterior en Corrientes. Tres personas fueron detenidas porque estarían vinculadas a las estafas telefónicas y, dos de ellas, pertenecen a la comunidad gitana. También, llama la atención que, al hacer una búsqueda de veredictos en internet, la mayoría se relacionan con esa gente.

Se trata de una de las modalidades más antiguas de estafas virtuales que sigue activa y no descansa en vacaciones. De todas formas, en las últimas semanas se denunciaron nuevos ardides que ya dejaron potenciales víctimas en la provincia.

Por ello, advierto que la velocidad de las investigaciones es sensiblemente inferior a la capacidad innovativa de las bandas delictivas. Corren detrás de ellas pese a que el concepto de cibercriminalidad es anterior al desarrollo de internet. Los casos de "hackeo" se remontan a 150 años atrás cuando dos ladrones "pincharon" el telégrafo francés para robar datos de los mercados financieros.

 
El aumento de las conexiones a internet y la variedad de dispositivos conectados hacen que los ciberdelitos no tengan fronteras, ni virtuales ni físicas, y ponga en riesgo a todos. Además, se diversificaron los modus operandi y el viejo "cuento del tío" parece el más ingenuo.

Gitanos detenidos con antecedentes de estafas telefónicas hay en varias provincias. Pero no podemos suponer que los cibercriminales sólo "nacen" en esa comunidad. Los "criollos", como ellos denominan a quienes no pertenecen a la suya, también registran antecedentes. Sólo recordemos a los prisioneros que realizaban estafas telefónicas desde los centros penitenciarios.

La variedad de hechos denunciados en los últimos tiempos es el resultado de organizaciones delictivas sofisticadas que no sólo operan a través del teléfono. Hoy la cibercriminalidad actúa con logística, material e intelectual, superior a las fuerzas de seguridad y los estrados judiciales.

El acceso universal a la tecnología dio lugar a una "evolución" de las organizaciones delictivas tradicionales. Los empresarios asimilan algunos hechos a los cometidos por los viejos "piratas del asfalto". Los cibercriminales no necesitan empuñar armas pero sus consecuencias pueden ser más nocivas.

Las fiestas de Fin de Año alentaron a los delincuentes a organizarse y cometer estafas de gran magnitud. En el conurbano bonaerense operarían bandas, con logística virtual y material, para alzarse con millonarias cargas de variados productos. Hechos originados en llamadas telefónicas, contactos por WhatsApp, cheques electrónicos emitidos desde cuentas sin fondos y empresas "fantasmas" registradas en AFIP con accionistas beneficiarios de planes sociales.

 
Hay que destacar el trabajo colaborativo de las organizaciones policiales, tanto federales como provinciales. De allí, la necesidad de optimizar e invertir en su preparación. En Corrientes, se debatió a fin de año el Presupuesto del Poder Judicial y el Colegio de Magistrados advirtió que es insuficiente para las inversiones requeridas.

Tampoco olvidemos que faltan leyes para crear tribunales dedicados a la persecución del cibercrimen. Un avance que se dio en la Justicia Federal y en otras jurisdicciones provinciales pero sigue pendiente en Corrientes.

También es importante que las víctimas realicen la denuncia aunque parezca una pérdida de tiempo. Hay que abandonar el descreimiento por la falta de resultados judiciales pese a las estadísticas que demuestran una baja conclusión exitosa de las investigaciones.

Tampoco hay que descuidar otras modalidades delictivas como el abigeato que ataca a varias zonas productivas de Corrientes. Desde diciembre, avanza una incipiente "megacausa" por el robo de ganado en el Sudeste provincial. Algunas "puntas del ovillo" avizoran que no se limita a empleados y/o vecinos de los campos afectados. Las últimas investigaciones vinculan a profesionales universitarios ligados a la actividad agropecuaria y su comercialización.

La inseguridad, un mal endémico de nuestro tiempo, no se detiene en las modalidades mencionadas. Su diversidad obliga a agudizar la prevención y hacer más eficiente la investigación para neutralizar a quienes viven al margen de la ley. Para eso se necesita que, las fuerzas de seguridad y la justicia estén varios pasos adelante de los delincuentes.

Tampoco el Congreso de la Nación, las legislaturas provinciales y los gobiernos ejecutivos pueden hacerse los distraídos. Son los encargados de financiar un sistema de gobierno que le adeuda autarquía financiera a la Justicia.

A los que no conocemos el funcionamiento de la tecnología, nos cuesta creer que los sistemas sean vulnerables. En tiempos de identificadores de llamadas y computadoras con IP, imaginamos que sería más sencillo encontrar a los autores de estos hechos. Cualquier usuario se siente "espiado" mientras los audaces delincuentes gozan de impunidad.