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Carlos Bramante

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Presencialidad plena y recuperación de calidad educativa

El título propone las bases del ciclo lectivo 2022 mientras los docentes se preparan para recibir a sus alumnos. El objetivo es dejar atrás la pandemia y no volver a las clases virtuales ni a las burbujas. Alternativas, de dudosa eficacia, en 2021.

La pandemia es una experiencia única y quedará grabada en la retina de todos. Su impacto en la comunidad escolar fue significativo en todos sus integrantes. No quedan dudas que debemos ponernos de pie y aplaudir muy fuerte a cada docente de Corrientes.

En tiempo récord se reinventaron buscando alternativas para recuperar el contacto con sus niños. Fueron los primeros en comprender la necesidad de mantener la "gimnasia" diaria. Se adaptaron a la lejanía que impuso el confinamiento y a las frías pantallas convirtiéndolas en aulas virtuales. Se volvieron expertos informáticos enviando trabajos prácticos y grabando videos didácticos caseros para sus alumnos.

En los últimos meses del año pasado se recuperó la presencialidad con el sistema de burbujas. El docente multiplicó su trabajo para controlar dos "aulas" a la vez: la del edificio escolar y la virtual. Necesitó más horas para producir el material audiovisual que mandaba a los alumnos que no podían concurrir a la escuela.

Mientras tanto, la mayoría de nosotros seguimos desconociendo el tiempo que destina cada maestro y profesor a su trabajo. Desde los funcionarios y políticos, pasando por la sociedad en general, tenemos una mirada parcializada de la labor docente. Erróneamente pensamos que trabajan cuatro horas y el resto del día dedica al ocio.

Es hora de asumir el compromiso de no repetir aquella infamia que se agudiza en cada reclamo salarial. También es cierto que el docente, una vez conseguido un resultado satisfactorio, debe entregar el máximo de ganas y fuerzas en el aula. Las excepciones a la regla, como en cualquier mundo laboral, no están ausentes en la docencia.

Tampoco hay dudas que los salarios de maestros y profesores son insuficientes. Se trata de una remuneración visiblemente desequilibrada en relación a aquellos nichos laborales que gozan de privilegios. Además, la productividad de estos últimos deja mucho que desear mientras exhiben pomposamente su diploma de representantes del pueblo.

El docente debería estar entre los mejores remunerados porque nos preparan para la vida en sociedad. Los resultados del analfabetismo son conocidos y no lejanos en el tiempo. Mientras el mundo va a una velocidad extremadamente rápida, el sistema educativo argentino no termina de encontrarle el ritmo y, por momentos, transita las "banquinas" del planeta.

Alcanzar un rendimiento óptimo en la totalidad de los alumnos es comprensiblemente difícil. Tampoco es aconsejable la realidad actual de individualidades que se destacan sobre una porción importante que concluye la secundaria sin comprensión lectora. El resultado final son los miles de estudiantes que fracasan al no lograr desentrañar los manuales introductorios de las carreras universitarias.

El estado de los edificios escolares es otra deuda pendiente. No sólo el mantenimiento sino, más importante aún, la construcción de nuevos que alivien el hacinamiento de los viejos colegios. Para su conservación podría recurrirse al buen funcionamiento de las cooperadoras. Sugiero que conformen padres comprometidos en obtener ingresos económicos, a través, de diferentes actividades. Los recursos no pueden salir únicamente de la comodidad de una cuota exigida a cada alumno.

El pago de voluminosas inscripciones también hace tambalear el concepto de educación pública. Una polémica de todos los años. La gratuidad es una aclaración reiterada de las autoridades pero su práctica no se cumple acabadamente.

La dirigencia sindical tiene un rol fundamental en la protección del docente. Debe poner más énfasis en la defensa global y no sólo en la cuestión salarial. Esa visión, posiblemente sesgada, hace descreer a los docentes de sus dirigentes. Piensan que se movilizan y unifican criterios en el inicio de cada ciclo lectivo y luego los abandonan.

La lista de materiales también amerita un pedido a las autoridades y directivos. La realidad económica reclama creatividad y transmisión de conocimientos a través del pizarrón, libros, cuadernos, lápices y biromes. Algunas cajas de materiales son más costosas que las usadas en las facultades. Hasta ahora, no se demostró que la abundancia de materiales asegure un aprendizaje óptimo. Lo certifican las estadísticas periódicas.

Sin dudas, el compromiso de los directivos es cumplir las recomendaciones sanitarias para evitar que vuelvan a cerrarse las escuelas. La pandemia no terminó pero tampoco puede atemorizar con el dictado virtual de clases en una Argentina que no está preparada. El déficit de conectividad produjo más de un dolor de cabeza a padres y docentes.