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Pandemia

Los bebés de madres vacunadas contra el COVID nacen con anticuerpos protectores

Un estudio detectó anticuerpos persistentes en el 98% de los hijos de mujeres que recibieron dos dosis durante la gestación. Cuánto dura esta protección.

Con el paso de la pandemia las precisiones respecto de la vacunación y el embarazo fueron ganando terreno. Ya se sabe que las embarazadas tienen más probabilidades de enfermarse gravemente de COVID-19 en comparación con quienes no lo están.

Recibir vacunas contra el COVID-19 puede ayudarlas a protegerse. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos recomiendan la vacunación contra el COVID-19 para las embarazadas, quienes estén amamantando o tratando de quedar embarazadas. Además instan a que las embarazadas reciban una vacuna de refuerzo contra COVID-19.

La evidencia sobre la seguridad y la eficacia de la vacunación contra COVID-19 durante el embarazo ha ido en aumento. Los beneficios de recibir una vacuna contra el COVID-19 superan cualquier riesgo conocido o potencial de la vacunación durante el embarazo.

Ahora un estudio revisado por pares realizado por especialistas del Hospital General de Massachusetts (MGH), Estados Unidos encontró que la mayoría de los bebés nacidos de madres vacunadas contra el COVID tenían anticuerpos persistentes a los seis meses de nacidos, en comparación con los bebés de madres que habían contraído el virus SARS-CoV -2.

Este estudio incluyó a personas vacunadas con dos dosis de una vacuna de ARNm o infectadas entre las 20 y las 32 semanas de gestación, cuando la transferencia de anticuerpos a través de la placenta de la mujer ha demostrado estar en su punto máximo.

Ya se había comprobado en diferentes estudios previos que la vacunación contra COVID-19 durante el embarazo genera anticuerpos IgG anti-spike (anti-S) funcionales en la circulación materna que son detectables en la sangre del cordón umbilical al nacer y pueden proteger al recién nacido y al bebé del virus.

Después de dos meses, el 98% de los bebés (48 de 49) nacidos de madres vacunadas tenían niveles protectores detectables de inmunoglobulina G (IgG), el anticuerpo más común que se encuentra en la sangre. A los seis meses, los investigadores observaron a 28 bebés nacidos de madres vacunadas y encontraron que el 57% (16 de 28) todavía tenía IgG detectable.

Eso se comparó con solo el 8% (1 de 12) nacidos de madres infectadas."Aunque aún no está claro qué tan alto debe ser el título para proteger completamente a un bebé de COVID, sabemos que los niveles de IgG se correlacionan con la protección contra enfermedades graves", declaró Andrea Edlow, especialista en medicina materno-fetal en MGH y directora del Laboratorio Edlow en el Centro Vincent de Biología Reproductiva y coautor principal de la publicación del documento en The JAMA Network.

"La durabilidad de la respuesta de anticuerpos muestra que la vacunación no sólo proporciona una protección duradera para las madres, sino también anticuerpos que persisten en la mayoría de los bebés hasta al menos los seis meses de edad", señaló la científica.

Es importante comprender la persistencia de los niveles de anticuerpos maternos en los bebés porque las infecciones por COVID-19 en este grupo de edad representan una carga desproporcionada de morbilidad pediátrica asociada con el SARS-CoV-2 y porque las vacunas COVID-19 actualmente no están planificadas para administrarse a bebés menores de 6 meses.

Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19 a principios de 2020 hasta enero de 2022, sólo considerando los datos de los CDC se confirmaron 287 muertes en bebés (0-4 años) relacionadas con COVID-19.

Muchas de las partes interesadas, desde padres hasta pediatras, quieren saber cuánto tiempo persisten los anticuerpos maternos en los bebés después de la vacunación. "Ahora podemos brindar algunas respuestas -expresó Edlow-. Además, esperamos que estos hallazgos proporcionen un mayor incentivo para que las personas embarazadas se vacunen, especialmente con el aparición de nuevas variantes de preocupación como Ómicron".

Más allá de los datos auspiciosos, los autores señalan limitaciones de su investigación. En estos términos incluyen la pequeña cohorte del estudio, los retrasos en el seguimiento con el grupo infectado (debido a la disponibilidad de los participantes y los aumentos repentinos de COVID-19 en Boston).

Fuente: Infobae

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