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Carlos Bramante

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Por un ciclo lectivo 2022 con presencialidad y sin burbujas

El miércoles, las "blancas palomitas" volverán a la escuela buscando dejar atrás la pandemia. Hay que debatir las antiguas y nuevas problemáticas para recuperar la calidad educativa. Se necesita una comunidad escolar presente y no aislada para mejorar la instrucción y educación de los chicos.

Es cierto que la educación tiene dificultades desde antes del coronavirus. Le cuesta adaptarse a los tiempos modernos y las estadísticas, surgidas de evaluaciones, no hacen más que confirmar esa realidad. Los chicos no alcanzan los conocimientos necesarios para la vida laboral.

La educación es uno de los pilares para recuperar la reclamada cultura del trabajo. La misma que promocionamos en redes sociales y es motivo de discusión entre dirigentes políticos. Muchos creen que se trata de una decisión individual y no colectiva. Cada sector de la sociedad tiene que hacer su aporte solidario para lograrlo.

Muchos eslóganes repiten ese objetivo pero son propagandas vacías de contenido. Hasta el hartazgo, escuchamos que los chicos son "el futuro de la patria" pero no los preparamos adecuadamente y los dejamos caer en un abismo al que no le faltan víctimas. El flagelo de las adicciones debe hacernos reflexionar y darnos cuenta que los adultos sembramos obstáculos en el camino de los jóvenes.

La calidad educativa no debe limitarse a la economía. Se convirtió en una discusión sin fin en Argentina y temo que sea una excusa para no promover cambios. Nuestros representantes parecen difusores de consignas de ocasión para ver el "vaso" medio vacío o el "vaso" medio lleno. Otro resultado de Argentina "enferma" de grietas que impiden visualizar cómo se hace para llenarlo.

La mayoría de los docentes hacen el esfuerzo para que el alumno aprenda. No son los únicos responsables de que nuestros hijos concluyan sus estudios sin aprender a leer de corrido o sin comprender textos de baja complejidad. Más arriba están: directivos, supervisores, capacitadores y funcionarios en general.

Los últimos son responsables de proyectar y transmitir los conocimientos necesarios para que la educación sea útil y virtuosa en cada alumno. Muchas veces escuchamos al docente quejarse de capacitaciones sin preparación para llevarlas a la práctica. Sostienen que son teorías impracticables en nuestro ámbito y, peor aún, fracasadas en otros.

También se necesita reconstruir la "comunidad escolar" sabiendo que no sólo forman docentes, directivos y alumnos. Hay un gran ausente: (nosotros) los padres. Los otros actores nos necesitan con presencia activa y participativa en la formación de nuestros hijos.

Los establecimientos escolares no son "depósitos" de chicos. La pandemia expuso esta realidad cuando algunos padres preferían arriesgar la salud de sus hijos antes que aguardar el fortalecimiento del sistema sanitario y la aparición de medicinas para combatir al desconocido virus.

La ausencia de diálogo es el inicio del quiebre en la "comunidad escolar". Esta obstruido por temores que afectan a padres y docentes. Ambos temen el rechazo y no se animan a dar el primer paso. Es un miedo comprensible por experiencias de violencia verbal y/o física ocurridas en varias ocasiones.

Los recreos y las cantinas saludables siguen ausentes. También son víctimas de la teoría no llevada a la práctica. Todos somos culpables porque no tomamos conciencia de la epidemia de obesidad que sufren los chicos por culpa de la alimentación "chatarra". Los kioscos escolares carecen de alimentos saludables porque no estimulamos a nuestros hijos a consumirlos. Desde casa, las loncheras salen cargadas de productos nada recomendables.

Otra problemática que no admite distraídos es el Bullying. La violencia escolar provoca tragedias que nos preocupan como sucedió hace pocos días con un chico de Estados Unidos. Ahora, ¿ese acontecimiento nos incentiva a ocuparnos del problema dentro de la familia y las escuelas? ¿Destinamos algunos minutos para pedirles a nuestros hijos que respeten a sus compañeros o le transmitimos confianza para que nos digan si son víctimas?

Los docentes y las autoridades educativas deben estar muy atentas a la violencia escolar. Para los especialistas, hay señales claras silenciadas por la vergüenza. Se necesitan gabinetes psicopedagógicos presentes en tiempo y forma ya que la demora es un reclamo permanente de los docentes. Mientras tanto, sólo hay ejemplos de compromiso individual y en soledad. Hace poco, un padre que abusó de sus hijas fue condenado en Paso de los Libres porque ellas confiaron en su maestra para denunciar lo sucedido.

Escuelas y colegios deben recuperar el rol de formación y educación. Los chicos no son acumuladores de conocimientos. Necesitan una barrera de contención a las dificultades que perjudican su desenvolvimiento. La escuela y la familia no son el "recreo" para padres y docentes. Cada uno debe cumplir el compromiso asumido para lograr niños felices y preparados en la vida adulta.