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Marcela Tomasella

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SACARLE PROVECHO PARA SU FUTURO

Los chicos al fin volvieron

La vuelta a clases supone hacer frente a las secuelas de la pandemia, vestigios de una escuela transformada.

En la pandemia, con el cierre prolongado de las escuelas y la falencia que tuvo la educación virtual, a los adolescentes les dimos el mensaje de que estudiar es prescindible. El gran desafío de este ciclo lectivo que comienza es motivar a los chicos y "revertir los mensajes tales como que la ‘escuela no es segura’, ‘que total no pasa nada si estudio o no estudio"’.

Ya antes de la pandemia muchos percibíamos que los adolescentes habían perdido un poco el sentido de la escuela secundaria, que costaba mucho que estudiaran, que no se llevaran materias, que entendieran que podían sacarle provecho para su futuro.

La vuelta a clases supone hacer frente a las secuelas de la pandemia, vestigios de una escuela transformada y agotada por la crisis sanitaria del COVID-19. Estos últimos dos años se sintieron para alumnos, padres, docentes y directivos como una montaña rusa de emociones: protocolos cambiantes, clases virtuales, semipresencialidad y, finalmente, presencialidad plena. Este año pareciera prometer mayor estabilidad.

Sin embargo, la comunidad educativa tiene que hacer frente a las secuelas de la pandemia, vestigios de una escuela transformada y agotada por la crisis sanitaria del COVID-19. El principal desafío será recuperar a los alumnos que hayan abandonado la escolaridad, pero los expertos mencionan otros para aquellos que continúen con su trayectoria educativa. Hay que convencer a los que no lo dejaron de que estudiar sirve para algo.

Uno de los grandes desafíos que se plantea hace años en la educación es el concepto de aula heterogénea. Es decir, un aula compuesta por alumnos entre los cuales hay diferencias significativas en cuanto a conocimientos y habilidades. La pandemia ha resaltado en muchas ocasiones estas diferencias, con alumnos que no tuvieron la capacidad material de asistir a clases o las condiciones emocionales de continuar con su escolaridad. En 2020, cuatro de cada diez estudiantes del nivel secundario tuvieron una vinculación débil con la escuela, sin embargo ningún alumno repitió y eso hizo que todos pasaran de año, aunque con conocimientos dispares.

Tenemos que diseñar un sistema de apoyo escolar para acompañar a alumnos que quedaron atrás en contenidos y habilidades. Para los docentes es un esfuerzo titánico integrar y dar cuenta de la heterogeneidad. El rol de la institución es acompañar e incluso sumar personal para acercar la brecha.

La Generación Z (nacidos entre 1994 y 2010, quienes están ahora en edad de educación secundaria) pasó al menos cuatro horas al día frente a una pantalla en 2019. La tecnología fue, sin lugar a dudas, la gran protagonista en la escolaridad de los últimos dos años. Ya sea por mensaje de texto, videollamadas, e-mail o campus virtual, proveyó el único medio de comunicación. A pesar de las dificultades que trajo aparejadas introdujo a alumnos y docentes (quienes muchas veces no tenían ninguna idea de cómo manejarlas) en el uso de las herramientas digitales.

En el regreso a clases, los dispositivos tecnológicos invadieron las aulas. Muchos de los docentes manifestaron su preocupación respecto a este tema, ya que resulta muy difícil regular lo que hacen los chicos con los dispositivos. El uso frecuente de las tecnologías en el aula es contraproducente para el desempeño de los alumnos, aunque depende de la materia para la que se aplique y de la metodología de uso. El uso de tecnologías en el aula es mucho más complejo que simplemente tenerla a disposición de estudiantes y docentes.

Los docentes y los alumnos deben aprender a trabajar con esta herramienta: para los docentes puede sentirse abrumador sentir que tienen dispositivos que parecen incontrolables, pero si se sale del asiento, se da vueltas por el aula, se chequea que vayan haciendo el deber y se establece un límite de tiempo para hacerlo es difícil que se dispersen demasiado. En realidad no es nuevo que el alumno busque algo para distraerse y transgredir. Además, el uso del mundo digital es una habilidad que debe enseñarse como cualquier otra: los alumnos deben aprender seguridad digital, qué puedo publicar, dónde buscar. Tienen que respetar la ciudadanía digital. Y los docentes también deben ver a dónde mandan a los alumnos, qué actividades integran y cómo.

Ahora bien, más tecnología no es sinónimo de mejor educación. Las TIC sólo mejoran la educación cuando enriquecen el vínculo pedagógico, cuando dialogan con el "saber enseñar" de los docentes y facilitan la interacción con los estudiantes.

Esta pandemia dejó más expuesta que nunca la brecha entre lo que enseñamos en las escuelas y lo que los estudiantes necesitan saber. Los chicos viven en un mundo en el que están permanentemente estimulados, pero después los mandamos a una escuela en la que están todo el día sentados y eso no sirve.

Los expertos coinciden en que las consignas y los trabajos deben tener en cuenta las habilidades que tiene esta generación, que está acostumbrada a buscar en internet: es necesario pensar nuevas metodologías, por ejemplo, dar problemas de búsqueda, proyectos de investigación, que puedan usar herramientas.

Una forma excelente de interesar a nuestros alumnos en el tema del día es vincularlo con sus intereses personales. Tal vez una canción de moda sea el disparador ideal para abordar escritura creativa, historia argentina o aprender a multiplicar. Debemos desafiarnos constantemente y mantenernos actualizados para que existan puentes entre generaciones y podamos acercarnos a los alumnos mediante sus gustos, preferencias e intereses.

Una cuestión clave en el aprendizaje es el estado emocional.

Los expertos resaltan la necesidad de que las escuelas ofrezcan espacios seguros en los cuales los alumnos y las familias puedan procesar lo vivido. Los chicos deben tener el espacio para procesar lo que vivieron en estos dos años. Deben tener un espacio para reflexionar sobre su proceso, su emocionalidad, la sociedad y sus miedos. Las escuelas deben tener una estrategia escolar para abordar especialmente chicos que estén vulnerables.

Es fundamental validar todas las emociones y ofrecer herramientas concretas de autocuidado, de autoconocimiento y autogestión. La evidencia científica concluye que la habilidad de autorregulación en los estudiantes tiene una relación directa con su desempeño académico.

Aquellos que pudieron conectarse a través de la tecnología ganaron en autonomía, independencia y autorregulación. Eso no tiene que perderse. Hay que retomar las estrategias que funcionaron en estos dos años, no todo fue negativo.

A pesar del sentimiento generalizado de que los chicos aprendieron poco o nada durante la pandemia, para los especialistas hay muchos aprendizajes valiosos que deben rescatarse: hay que rescatar los últimos dos años que de cierta manera no se fijaron como conocimientos en la mayoría de los alumnos. Quedaron dando vueltas cosas dispersas que se conocieron virtualmente... hay que retomarlos, integrarlos y mostrar por qué son importantes, qué aportan.

El desafío para los educadores es rescatar no sólo los aprendizajes curriculares de los alumnos, sino también los suyos propios como docentes. Creo que el desafío mayor es no volver a la escuela de la prepandemia. No volver a la automaticidad pedagógica. La pandemia nos sacó de nuestra zona de seguridad, a buscar nuevas formas de asegurar la continuidad pedagógica.

La calidad educativa depende, siempre, de la calidad docente.