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Carlos Bramante

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UN NUEVO LLAMADO DE ATENCIÓN

Cambio climático: las obras se demoran y la gente sufre

Sin tiempo para recuperarse el centro-norte de Corrientes padece sequías, incendios e inundaciones. La Provincia reclama a Nación un "Plan Maestro" desde 2012. La catástrofe de 2017 sólo dejó promesas incumplidas.

El cambio climático está entre nosotros y lo palpamos con severas secuelas en Corrientes. Sólo necesitamos mirar lo que sucede en el centro-norte provincial. A menos de un mes de haber apagado el último foco de incendio volvió el drama de las inundaciones.

En cuestión de semanas pasaron de una de las sequías más prolongadas de las últimas décadas a soportar lluvias de 600 milímetros en pocos días y más de 250 en sólo diez horas. No hay dudas de que son fenómenos extraordinarios, pero también reiterados con más frecuencia.

El drama ambiental corroe la fortaleza de los pobladores de la zona. No logran recuperarse del anterior y ya vuelven a padecer uno nuevo. Su enojo con la meteorología es absolutamente entendible aunque parecieran más conscientes que los funcionarios al comprender que sólo se trata de probabilidades.

Con sólo acceder a medios informativos de distintas partes del mundo nos enterarnos de la severidad del cambio climático. Pareciera que muchos siguen pensando que estamos muy lejos y no llegaría a nuestra zona. Es necesario comprender que se trata de la única "globalización" que conseguimos los humanos y por culpa de la destrucción de la naturaleza.

Hace pocos meses, varias regiones de Europa y Asia vivieron situaciones similares. Semanas atrás veíamos los vendavales de agua en Ecuador y Bolivia. Y hace días observamos los diluvios en diferentes zonas de Brasil que ya acumulan numerosas víctimas fatales.

Es cierto que algunos pronósticos adelantaban la continuidad de la sequía en esta zona del país. Muchos parecieran aprovechar esa "falla" en las previsiones meteorológicas para encontrar la "excusa perfecta" que los ayude a justificar la ausencia de obras de infraestructura.

Los gobernantes de este tiempo son los primeros que deberían comprender que se trata de probabilidades y ninguna de las bolillas está fuera del bolillero y puede salir en el momento menos esperado. Por eso, necesitan ser previsores, diseñando y llevando a la práctica, las obras que ayuden a mitigar el cambio climático.

Es una realidad que no puede estar ajena al radar de ninguna administración y menos de los que vivieron experiencias similares como las inundaciones de 2017. Los avisos de intensas y abundantes precipitaciones son de larga data y nadie puede reclamarle a la naturaleza precisiones de tiempo y espacio para la ocurrencia de sus fenómenos.

Sólo queda ser previsor y, por ello, imploramos a todos los gobiernos a trabajar en conjunto. Es comprensible que la provincia no está en condiciones de afrontar en soledad el costo de obras que demandan cientos de millones de pesos. Se necesita una estrategia común para no replicar la historia reciente de los incendios.

 
Hace algunos años hubo sintonía política entre Nación y Provincia. En ese momento se realizaron anuncios, pero casi ninguno se llevó a la práctica. En mayo de 2017 el entonces ministro de Producción de Corrientes anunciaba la construcción de puentes y túneles Liner. Aprendimos una nueva terminología de ingeniería civil y su pomposa denominación hacía suponer que la extensa Cuenca del Riachuelo no volvería a inundarse.

Ese año también el agua se llevaba uno de los puentes de la Ruta Nacional 12 en cercanías de Itatí y con acertado criterio Jorge Vara decía que "los actuales no son puentes sino alcantarillas grandes". Cinco años después aquella frase no perdió vigencia porque la neurálgica cinta asfáltica del norte correntino vuelve a estar cortada.

Por ese entonces, el mismo funcionario, hoy diputado nacional, recordaba la presentación de un "Plan Maestro" a la Nación en el año 2012. Las obras servirían para que el agua de las precipitaciones desagüe en el Paraná y no a través del Riachuelo poniendo en peligro la vida y llevándose las pertenencias de los sanluiseños.

Lo sucedido ahora es un nuevo alerta para Nación y Provincia. Debe servirles para sentarse de inmediato a diseñar y encontrar financiamiento para las obras que no se hicieron. En 2017 el padre Epifanio Barrios, párroco de San Luis del Palmar, transmitía el enojo social de su comunidad por las promesas incumplidas y, seguramente, hoy vuelve a ser receptor de las mismas quejas.

Cinco años después, la realidad cambió muy poco y los pobladores del centro-norte correntino reviven la pesadilla del pasado reciente. Cuando la naturaleza se expresa no necesita de funcionarios analistas sino ejecutores para prevenir y solucionar sus efectos adversos.