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Marcela Tomasella

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DECIR LO CONTRARIO DE LO QUE SE HACE

Hay que desinflar las expectativas

No se le puede pedir todo a la escuela porque después viene la decepción. Al principio es la solución, pero más tarde resulta que se convierte en la culpable de todos los problemas.

Necesitamos una escuela poderosa. Es una institución, por lo tanto hay que enriquecerla desde la infraestructura física, equipamiento, los horarios, los reglamentos. Al mismo tiempo es necesario enriquecer las capacidades y competencias, habilidades de los docentes que son los que le dan vida a esas instituciones. Hay que apuntar a las dos cosas al mismo tiempo: necesitamos instituciones ricas y docentes enriquecidos desde el punto de vista de sus cualidades profesionales.

Hay que empezar a recortar el bosque de los contenidos escolares, de las expectativas y de los fines que se le asignan a la escuela. Podés inaugurar la escuela, mostrarte repartiendo cosas. Es facilismo. Alcanza con tener el dinero para, en poco tiempo, refaccionar todas las escuelas pobres del país. En cambio, la cuestión de las capacidades de los agentes sociales, de los trabajadores de la educación, primero, es algo que no sabemos bien cómo se hace. Es otro tema: el carácter problemático de las llamadas ciencias de la educación o pedagogía. Y en segundo lugar, los cambios en las maneras de ver, en las actitudes, las inclinaciones, las predisposiciones, los conocimientos de los seres humanos, llevan tiempo. Y no se pueden mostrar tan fácilmente. Una gestión de gobierno no alcanza.

 
Eso lo han constatado los padres durante la pandemia, cuando tuvieron que sustituir a la maestra y se dieron cuenta. Entonces, ¿qué es lo que la escuela puede hacer? Contribuir a un desarrollo del conocimiento complejo que hoy en día es un capital. El capital cultural es una riqueza que produce riqueza. Esto es lo que sólo la escuela lo puede hacer. En cambio, alguien puede decir: lo más importante son los valores.

El profesor que llega tarde, que regala notas, que maltrata a un alumno está enseñando…

Está enseñando a cumplir o no cumplir con su tarea. Está enseñando valores. Ahora, las iglesias, los partidos políticos, los medios de comunicación, los amigos también pueden enseñar valores. Pero, en cambio, la matemática sólo la vas a aprender en la escuela.

Ser responsable. Trabajar en equipo, saber escuchar al otro, no agredir. Yo creo que hay que concentrar e integrar. Habría que enseñar algunos conocimientos aplicándolos. Este es el núcleo de verdad que tiene la moda de las competencias. Si uno aprende un conocimiento en el momento del uso, si aprendo a calcular calculando, si uno hace una obra de teatro que tiene contenido histórico, por ejemplo, entra la historia, la lengua, entra el profesor de geometría porque los alumnos tienen que organizar la escenografía y medir la superficie, los volúmenes, entra el cálculo matemático.

En una actividad se puede integrar una serie de conocimientos que se presentan en el momento del uso como una habilidad utilizada para resolver problemas. Es importante la integración, incluso de las áreas humanísticas y las naturales. En una obra de teatro pueden confluir todos: el de matemática, el de lengua, el de arte, el de educación física porque los estudiantes tienen que usar el cuerpo.

La mayoría de los trabajos modernos tienen que ver con la comunicación. Un chico o una chica que termina quinto año y tiene capacidad de expresarse, de hacerse entender, de comprender los mensajes orales y escritos de los demás, que se sabe expresar en forma escrita tiene un instrumento poderoso para insertarse en el mercado de trabajo. Por ejemplo, en el sector de servicios personales que es el que más emplea, el empleado de comercio, el que está detrás de un mostrador vendiendo algo. ¿Qué competencia debe tener un chico? Me pongo en el lugar de un empleador que tiene que contratar a un vendedor: ¿a quién voy a elegir? A alguien que sabe expresarse, que entiende las necesidades del cliente, que sabe explicar las cualidades del producto que tiene que vender. Ese chico necesita comunicación. Hoy, la señorita de lengua forma para el trabajo. Casi todos los trabajos modernos requieren comunicación. El plomero moderno tiene que saber dialogar, tiene que saber generar confianza con el cliente porque entra a tu casa. Tiene que tener un lenguaje. Tiene que saber calcular. Es decir, cálculo, lengua, matemáticas son conocimientos laborales. Además son instrumentos para seguir aprendiendo toda la vida.

Porque se aprende toda la vida. Hay que potenciar las capacidades limitadas que tiene la escuela para poder torcer el determinismo social. Por ejemplo, chicos que llegan a la escuela sin haber visto jamás un libro en su casa, sin que nadie les haya leído, chicos que no entienden para qué sirve un libro, que nunca usaron un lápiz, a ese chico hay que enseñarle a leer de otra manera. Necesita una pedagogía mucho más interventora, más activa, mucho más poderosa, no una pedagogía del espontaneísmo.

Los docentes y los directivos de la escuela son un factor clave dentro de la escuela para que cumpla con su objetivo. Un análisis sobre la docencia argentina dice que los docentes que llegan a los institutos de formación docente tienen un capital cultural menor. Suelen ser estudiantes que han abandonado otras carreras y provienen de niveles socioeconómicos bajos.

Además, gran parte del conocimiento del maestro es un conocimiento aprendido en forma práctica de cuando fue alumno. Eso es un aprendizaje espontáneo, incorporado, naturalizado. Cuando se llega a las instituciones formadoras, ahí viene la teoría, los libros, la verbalización. Esos dos aprendizajes no se integran. Cuando tienen que trabajar termina ganando el práctico, el heredado, el aprendido. Tengo amigos que dan hermosas conferencias sobre el no directivismo en la universidad sentados arriba, en una tribuna, súper autoritarios.

Están diciendo todo lo contrario de lo que están haciendo sin que se den cuenta.

Esa es la magia de la ideología.