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Marcela Tomasella

Autor

¿QUIÉNES ESTAMOS SIENDO EN ESTE REGRESO?

La motivación en el aula

Como educadores, ser modelos de sentido, de voluntad, es nuestro mayor propósito, la huella a dejar. Enseñar a descubrir, sostener y defender los propios sentidos, desarrollando voluntad y disciplina, es clave.

Volver a la presencialidad. La meta tan ansiada por la mayoría de los educadores, de los estudiantes, de las familias. Volver al cole era un hecho deseado. ¿Pero a dónde estamos volviendo al volver? ¿Quiénes estamos siendo en este regreso? ¿Quiénes son, hoy, los otros con quienes venimos compartiendo el camino? ¿Cuántos escenarios se modificaron? ¿Cuántas miradas perdimos? Mucho de lo que dábamos por sentado, claramente, ya no es ni será igual.

Ya hemos transitado los primeros meses en nuestras instituciones educativas y notamos que el retorno no está resultando del todo orgánico y fluido. Encontramos resistencias al retomar nuestros roles, ya que enfrentamos nuevas limitaciones y dificultades, también inesperadas. Recuperar esos vínculos que parecían consolidados, organizar los materiales y los tiempos adecuadamente, reacomodar los espacios, seleccionar las metodologías más atractivas, contener y acompañar a los que más lo necesitan… muchas son las demandas a atender.

Actualmente, los hábitos que sostenían nuestra cotidianidad son obsoletos, absurdos. De alguna manera nos encontramos desorientados, perdidos, y es necesario recuperar nuestra brújula. Estamos volviendo a lugares, situaciones, vínculos que requieren del rediseño de nuevos encuadres y rutinas.

Es hora de volver a abrazar nuestro propósito, sin soltarlo más. Es probable que nuestras percepciones e interpretaciones al respecto se hayan ampliado. El sentido de la huella que dejamos los educadores se ha amplificado. Más que nunca, ha quedado en evidencia la necesidad de educar en hábitos y actitudes que gesten rutinas de bienestar, que todos los involucrados, queramos habitar.

El hábito a desarrollar y la actitud a defender por excelencia, que nos saca de toda incertidumbre y letargo, es nuestra motivación intrínseca, ese movimiento interno que se activa en vos, te contacta con tus talentos e intereses y te hace perder toda noción del tiempo. Sir Ken Robinson hablaba de encontrar "nuestro elemento" integrando estos dos puntos que nos distinguen: nuestros talentos y nuestros intereses. Es allí, en ese lugar tan propio y sagrado, donde encontramos todas las respuestas y podemos reenfocarnos para seguir andando sin tantos titubeos. Un educador motivado de manera intrínseca, personal, se caracteriza por su disfrute contagioso, por su destacada participación activa, por sorprender creativamente animándose a probar nuevos recursos junto a sus alumnos, por no quedarse en la queja y el hastío.

Esta automotivación nos vuelve más persistentes ante los desafíos, y más comprometidos en encontrar soluciones cuando surgen los conflictos. Cuando podemos vivenciar nuestro trabajo no sólo como un medio de vida, sino también como una forma de cumplir con nuestras propias metas, logrando un desarrollo personal enriquecido, lo transmitimos en cada uno de nuestros gestos y acciones. De esta manera, vamos expandiendo bienestar, a través del intercambio con los otros.

Tenemos aquí una enorme responsabilidad, tal vez la más importante, de todos los educadores, y es la de mantener encendida esa chispa interior para brindarnos a los demás desde este lugar de coherencia y brillo propio tan alentador e inspirador.

Tener como prioridad mantener nuestro talento despierto y motivado, es el motor que nos eyecta de toda excusa y nos posibilita disciplinarnos en pos de nuestros objetivos. Cabe señalar que esa disciplina es imposible de conquistar si no ponemos nuestra voluntad a su servicio.

La motivación aparece de manera involuntaria, sí, pero mantenernos motivados requiere del ejercicio de nuestra voluntad. Hay una decisión de querer dirigir esa fuerza que nos identifica, ese impulso vital, hacia una acción específica, intencional, que nos lleva a sentirnos congruentes con quienes somos en nuestro hacer. Somos, hacemos y tenemos en consecuencia. Mi realidad es causada por quién estoy siendo hoy, y en quién elijo convertirme. Es estar haciendo lo que elegimos y amamos, más allá de todas las adversidades que el camino nos presenta. El chispazo efímero no sirve, se diluye y no genera ningún aporte en concreto. Lo interesante es ser capaces de mantener ese foco dirigido avalado por una clara razón de saber por qué y para qué estoy haciendo lo que hago.

Una acción automotivada siempre es verdadera, es la que nos da las razones genuinas para seguir haciendo lo que estamos haciendo aunque no comprendamos muy bien las transiciones que necesitamos atravesar ni a dónde llegaremos. Vamos construyendo a lo largo del proceso sin detenernos desde lo mejor de nosotros. Vamos por el sí, por lo que suma, buscando posibilidades y soluciones. No nos quedamos en los obstáculos ni impedimentos. Esa es la magia de la motivación sostenida.

Como educadores, ser modelos de sentido, de motivación, de voluntad es nuestro mayor propósito, la huella a dejar. Enseñar a descubrir, sostener y defender los propios sentidos, desarrollando voluntad y disciplina es clave. No, no son los contenidos lo que más necesitan nuestros alumnos. No puede haber aprendizaje sin el faro del sentido, sin disciplina, sin ese esfuerzo que toda nueva construcción requiere para consolidarse y perpetuarse.

En torno al día del trabajo, honremos nuestro propósito poniendo nuestra voluntad al servicio de la motivación intrínseca sostenida. Por nosotros, y por nuestros estudiantes. De esa manera, vamos construyendo, entre todos, realidades mucho más amables y reconfortantes que sí queremos habitar. Tal vez la clave en torno a todo "este retorno", esté en volver a nosotros mismos, y actuar desde allí.