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Carlos Bramante

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LAS NUEVAS AUTORIDADES RENUEVAN LA CONFIANZA

La inseguridad es una sensación real

Días atrás se produjo el recambio en la cúpula policial de Corrientes. Sucedió tras varios hechos violentos que aumentaron la preocupación social.

La gestión anterior, encabezada por el Comisario General Félix Barboza, comenzó en febrero de 2018. Para los voceros oficiales se trata de un cambio periódico aunque no se conozca con exactitud la duración de los mandatos policiales.

A simple vista parecen variables y laxos si tomamos en cuenta que un jefe de Unidad Regional logró mantenerse durante diez años en el cargo. Por ello, "los tambores de la jungla", como decía el maestro del periodismo Jorge Pablo Hemadi, sostienen que la decisión se adoptó tras recientes hechos de inseguridad ocurridos en la provincia.

La preocupación de las autoridades políticas estaría relacionada con el abigeato y el narcomenudeo. Sin olvidar que las crónicas policiales de los últimos tiempos registraron variados casos de gravedad en Capital y el interior.

La oxigenación en la conducción de la Policía provincial es una oportunidad para acentuar la persecución del delito. Desde las modalidades tradicionales, a las nuevas surgidas de internet y que ya registran numerosas víctimas.

Las palabras del nuevo jefe de la institución, Arnaldo Molina, obligan a recuperar la confianza en la fuerza por parte de una población agobiada por la sensación de inseguridad. Esta vez no se trata de la polémica frase de un funcionario nacional sino de la angustia generada al tomar conocimiento de los hechos acontecidos.

La reducción o aumento de la sensación de inseguridad es directamente proporcional a la cantidad de casos. Cuando el comisario General Molina sostiene que hay "un plan diseñado para combatir los delitos" está renovando la esperanza de recuperar la seguridad, siempre y cuando no se demoren los resultados.

De lo contrario será una frase hecha y los recambios "periódicos" no serán suficientes para calmar el malhumor de los habitantes.

Por su parte, el comisario Inspector Luciano Vallejos, nuevo Director General de Drogas Peligrosas, sostuvo que van "a coordinar los trabajos para avanzar con la prevención". La demanda social coincide con la necesidad de la inteligencia policial para detectar organizaciones delictivas y neutralizar a los nuevos integrantes del hampa.

Si la inteligencia humana no acompaña la inversión en infraestructura y movilidad, los resultados seguirán siendo magros. Nunca serán suficientes los nuevo móviles policiales adquiridos por la ciudadanía a través del pago de impuestos.

Sólo será un gasto para colaborar con los "cementerios" de vehículos oficiales que lucen diferentes patios de la administración provincial. Además, las autoridades deben controlar que los modernos medios de movilidad se usen para la prevención y persecución del delito y no para las "tareas domésticas" de la fuerza.

La confianza en el éxito de la nueva gestión queda depositada en las palabras del Ministro de Seguridad de la provincia. El doctor Buenaventura Duarte instó a la flamante cúpula policial a "actuar con corrección, atención, y voluntad".

Son tres objetivos reclamados por la sociedad. El primero fue dañado por el accionar individual de algunos efectivos. Las crónicas periodísticas recuerdan casos de polichorros y hasta de policuatreros. No olvidemos el caso de abigeato protagonizado en Bonpland a fines de 2021.

La atención no sólo es necesaria para el éxito de la inteligencia policial sino también para mostrar predisposición frente a la sociedad. La queja constante apunta al desinterés de los efectivos destinados a patrullar diferentes objetivos. Desde el excesivo uso de teléfonos celulares al llamativo "descanso" dentro de las unidades policiales.

La voluntad termina de cerrar un círculo virtuoso para el logro de todos los objetivos.

Es fundamental despertarla en cada integrante de la fuerza para que la seguridad se convierta en un bien positivo al servicio de la comunidad y una provincia dispuesta a invitar a las inversiones y al turismo.

Al finalizar la presente columna quiero resaltar la definición de una víctima de inseguridad durante el fin de semana pasado. "El monstruo más grande es la droga" dijo, en Radio Dos, una mujer de 63 años que junto a la madre de 88 fueron golpeadas ferozmente en Monte Caseros para robarle el sueldo a cada una de ellas. La drogadicción es uno de los principales factores que alienta la sensación de inseguridad. Modificar esa realidad sólo se logrará con políticas efectivas que aseguren resultados a corto plazo.