Corrientes 13 °C
Min. 8 °CMax. 19 °C
 
Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.radiodos.com.ar/a/115684
Marcela Tomasella

Autor

ANÁLISIS PROFUNDO

Notas y aprendizaje

Foco de la situación actual de la educación en el país, teniendo en cuenta la repitencia y la vuelta a la presencialidad. Además, se analizan los modos de aprendizajes que son utilizados.

Debemos salir de las definiciones de éxito a corto plazo para pensar en un legado. Que un alumno posea la capacidad de autodirigirse sin depender de una persona es un legado importantísimo.

Si imagináramos qué pensaría un observador externo, un extraterrestre, alguien "no contaminado", acerca de lo que acontece en estos tiempos, quizás diría que "incertidumbre" es la palabra que mejor describe lo que está pasando en todos los ámbitos. La educación no está exenta.

¿Qué hacer frente a esto? ¿Cómo educar con este panorama? ¿Qué esperamos de nuestros alumnos, de los docentes y de las familias en estos tiempos? Y teniendo en cuenta los últimos debates en materia de educación, ¿cómo los evaluamos? ¿Qué hacemos con las notas y los boletines? ¿Y con la repitencia?

La educación siempre se apoya en un camino trazado por otros, en un proceso que otros han experimentado y dejado como legado para las próximas generaciones.

Hannah Arendt llamó a este proceso "darle la bienvenida a los recién llegados". Este recibimiento debe basarse en la certeza de que hay cosas para transmitir y comunicar, que hay propuestas y caminos dignos de ser transitados, que hay ideas, sueños, concreciones, iniciativas que merecen ser entregados a las noveles generaciones. Es el testimonio que pasa de mano en mano como en una carrera de postas. Es un legado. Un legado es aquello que nos trasciende. Debemos salir de las definiciones de éxito a corto plazo para pensar en un legado. Que un alumno posea la capacidad de autodirigirse sin depender de una persona es un legado importantísimo. Despertar en él las ganas de seguir aprendiendo mucho después de haber pasado por nuestra aula, también lo es. El éxito es lograr algo efímero, pero el legado es dejar un impacto duradero. ¿Estaremos enseñando para dejarles un legado a nuestros estudiantes?

   
Poner el foco en el aprendizaje y no solo en la enseñanza demanda transformar la matriz didáctica de la escuela. Implica trabajar con estrategias pedagógicas que pongan el foco en el alumno y en el aprendizaje. Es decir, que el alumno tenga que salir a buscar sus propios caminos, encontrar sus formas de apropiarse del saber y ser activo en ese recorrido. Enseñar, claramente, no es llenar un recipiente vacío, ni repetir contenidos descontextualizados, sino que es un proceso en el que se adquieren conocimientos, habilidades, actitudes y/o valores a través del estudio, la experiencia y/o la enseñanza. El aprendizaje no es un deporte para espectadores.

"El esfuerzo y la perseverancia ¿no son importantes?".

La evaluación es justamente la corroboración de que esa enseñanza se convierte en los aprendizajes esperados. No es un proceso que se da al final de una unidad, capítulo o trimestre. Se debe dar durante todo el proceso de enseñanza y de aprendizaje para, de esta manera, ayudar a los alumnos a consolidar lo aprendido y al docente a afinar su práctica.

La evaluación sumativa está relacionada con la evaluación del alumno. Es la que evalúa el resultado, y se centra en la acreditación de una materia o de un objetivo específico. Si el foco está en emitir un juicio sobre el nivel de logro o competencia, es decir, si ponemos la nota, es sumativa. La evaluación formativa, a su vez, está relacionada con evaluar para aprender.

Apunta a mejorar los aprendizajes. Es para los alumnos, pero también para el docente. Se enfoca en lograr los objetivos en lugar de determinar si se lograron o no. En estas instancias, la nota no cuenta.

Está demostrado que la repitencia no soluciona los problemas de aprendizaje. La repitencia siempre es una mala solución, con más desventajas que ventajas, pero además no se repite lo que no se hizo.

   
Tristemente, nuestro sistema educativo enfatiza las calificaciones por sobre el aprender. Es más, muchos alumnos hacen trampa en los exámenes porque, justamente, el sistema educativo valora más las notas que el aprendizaje. ¿Es justo pensar que una nota alcanza para medir el aprendizaje de los alumnos y el nivel de enseñanza de un docente?

Todo proceso educativo necesita ser evaluado, esto es sopesar en qué punto se encuentra cada estudiante, ver cuánto falta saber, conocer cómo hacer para seguir aprendiendo y a través de qué caminos. La evaluación, además, es para el docente, y le sirve para revisar su práctica didáctico-pedagógica. Enseño, pero ¿aprenden?

Pero además, cuando les enseñamos a nuestros alumnos a ver sus errores de manera racional y no emocional, les estamos enseñando una lección mucho más importante que el tema en cuestión. Les enseñamos a manejar la frustración y el aprender de los errores que son, sin duda, habilidades esenciales para la vida. Cuando logramos que nuestros alumnos cambien su mirada frente a la evaluación y puedan capitalizar sus errores, los estamos ayudando a tener una mejor vida adulta. Pero para eso, debemos comenzar nosotros, los adultos, por entender cuál es el verdadero sentido de la evaluación.

Fueron años difíciles, clases virtuales en el mejor de los casos, alternancia de presencialidad y asincronía, propuestas de enseñanza que debieron adaptarse a un cambio extremo, cuando lograron hacerlo. No pasó hace tanto, es más, todavía no deja de pasar.

Tan trágica es esta realidad que demanda una mirada consciente, firme, adecuada y pertinente. Se trata, tal vez, de poder equilibrar lo que pide un sistema con lo que creemos que hay que hacer, y esto, muchas veces nos pone en una disonancia cognitiva, que nos desafía, nos interpela y que merece ser tenido en cuenta. Obedece a ciegas quien ha dejado de pensar.

No es facilismo, no es falta de mérito, no es "que pasen y listo", es educar.

Entonces sí podemos decir que hay una certeza. Se necesita que educadores, familias, autoridades y comunicadores en general, como representantes del mundo adulto, hagamos nuestra parte, realicemos los ajustes que sean necesarios y procuremos garantizar calidad de enseñanza a cada uno. La justicia pedagógica significa comprender que no podemos mantener la misma enseñanza homogénea para alumnos tan heterogéneos.

Cada docente debe ser fuente de justicia educativa.