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Carlos Bramante

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CAPITAL E INTERIOR

Las rutas correntinas se volvieron mortales

La inseguridad vial se ve agravada por peligrosas obras inconclusas, escasos controles móviles y puestos fijos que no cumplen su objetivo. El año registra 100 personas fallecidas, el anterior 148.

El título no está aggiornado al lenguaje juvenil positivo sino a la literal y dramática realidad. La cantidad de personas fallecidas en 2021 no fue el resultado de políticas de seguridad vial sino de las restricciones pandémicas que lentamente dejamos atrás.

Si proyectamos el total de fallecidos para lo que resta del año, el resultado será aún más escalofriante. Sin olvidar que el segundo semestre apenas comenzó y sólo faltan 48 muertos para igualar el registro anterior. Y recién comienza las vacaciones de invierno, restan varios fines de semana largo y celebraciones con intensa movilidad.

No tengo dudas que la falta de apego a las normas de tránsito es el principal desencadenantes de las tragedias.

Hasta ahora, los métodos de educación y examen vial son insuficientes con sólo observar las arriesgadas y peligrosas maniobras de quienes poseen una licencia de conducir.

A la imprudencia, se agregan otras causas fuera del control de los usuarios de la red vial. En primer lugar, el deterioro progresivo y su falta de mantenimiento.

Una deuda de las autoridades de todas las jurisdicciones con responsabilidad en Corrientes. Para que a nadie le quede dudas, me refiero a Nación, Provincia y municipios.

Después se ubica la ausencia y/o ineficacia de los controles frente a la violación consiente y sistemática de las leyes viales.

La gran mayoría de los puestos son fijos y resultan estériles para modificar las inconductas de los automovilistas.

   
De todas formas son importantes para corregir falencias técnicas. Frecuentemente se ven vehículos con luces apagadas o sin funcionar, incluso, de noche. Y más llamativo es cuando los infractores cruzan los controles sin que la autoridad les advierta.

Hoy se necesita presencia en movimiento de las fuerzas de seguridad para evitar las imprudencias mortales. Entre otras, mencionó los adelantamientos indebidos, caravanas de camiones que no permiten el paso de vehículos de menor porte y excesos de velocidad.

Las obras de mejoramiento también se convirtieron en desencadenante de la tragedia vial. Algún día serán benéficas pero, mientras se construyen, son peligrosas y letales. La falta de señalización e iluminación son ejemplos tomados de la futura "travesía urbana" en la ciudad de Corrientes.

Otro párrafo merece la duración de las obras. La mencionada anteriormente está a punto de cumplir 10 años. Más allá de las frecuentes gacetillas de Vialidad Nacional informando porcentajes de ejecución, difíciles de comprobar para la población en general, sólo se ven obras inconclusas en su corto recorrido.

Las comparaciones suelen ser odiosas pero muchas veces necesarias. Casi en el mismo plazo, las provincias vecinas emprendieron obras similares y con extensiones concluidas que cuadruplican a los escasos 12 kilómetros proyectados para la capital correntina.

En Posadas (Misiones), la autovía de la Ruta Nacional 12 dejó de ser una travesía urbana para internarse en poblaciones urbanas y rurales completando un tramo de 40 kilómetros. sobre el corredor turístico de las Cataratas del Iguazú. Lo mismo sucede en el Chaco con la autovía de la Ruta Nacional 16 que hoy recorre los casi 45 kilómetros que separan a Resistencia de Makallé.

Poco más alejado encontramos el ejemplo de la autovía sobre la Ruta Nacional 11 en Formosa. La obra proveyó de seguridad vial en el ingreso a la capital y hoy se extiende por casi 60 kilómetros faltando muy pocos para llegar al límite con el Chaco.

Una estadística que debe poner en alerta a las autoridades es lo sucedido en la Ruta Nacional 12 a la altura de El Sombrero.

En menos de 45 días hubo cuatro hechos que dejaron seis fallecidos en apenas diez kilómetros.

Es necesario buscar estrategias para cambiar el dramático presente. Los reclamos son recurrentes en los medios de comunicación y en intervenciones callejeras como la publicada por el diario época el 30 de junio pasado.

Las pintadas reclamando iluminación y culminación de la autovía son un grito de impotencia ante la indolencia de las autoridades.

Mientras la sociedad se hace escuchar, llama la atención el silencio de las organizaciones intermedias o no gubernamentales. En otro tiempo, fueron la "voz" para reclamar o gestionar mejoras en sus comunidades.

La inseguridad vial es un factor negativo para inversores y familias que programan un recorrido turístico. Solucionarla debe ser una prioridad de cualquier gestión gubernamental sin recurrir a la excusa de las "eternas" crisis económicas.

Ni siquiera precisan costosas consultoras que sólo estudian el problema y terminan nutriendo los archivos oficiales.