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Marcela Tomasella

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ES NECESARIO VOLVER A LAS BASES

Educación: Breve reseña de la decadencia

Es absurdo dictar clases para cientos de estudiantes que ya ni caben sentados en el piso. La universidad de masas -con ingreso irrestricto y sin arancelamiento- es la de la contención social, sí, pero también de la demagogia, la ceguera política y la mediocridad académica.

La Argentina de fines del siglo XIX debatió la educación con vehemencia. Ponerse de acuerdo sobre quién dictaba los métodos y planes de estudio, quién supervisaba la enseñanza, quién tenía legitimidad para emitir títulos habilitantes, quién debía formar a los docentes, quién financiaba la educación común, obligatoria, gratuita, laica y sostenida en forma predominante por el erario público. Una base cultural común era posible, el respeto y saludables diferencias.

La universidad no es sólo una fábrica de profesionales. En ella los jóvenes adquieren nuevos modos de sociabilidad que tienen que ver con el estudio y con los problemas de país. Pueden tejer lazos de solidaridad, realizar tareas que les exigen un método y una disciplina. Entran en un ambiente de estudio, aunque se estudie poco; es un acto de resistencia contra la derrota cultural y educativa.

Ese tipo de universidad no nos llevará lejos. Cumple una función social, no académica.

La contención también se practica en los niveles más bajos para que los alumnos no deserten. Se da de comer y se evita aplazar en las escuelas y los colegios: infinitos recuperatorios y otras medidas tienen el fin de aprobar a toda costa. La decadencia de nuestro sistema educativo.

Luchan por los derechos humanos, debaten el modelo de país, analizan la política internacional y concurren a los escraches contra los protagonistas de la pasada dictadura. Eso está bien: enriquecen al alumno con ingredientes que no son la exclusiva profesión. Pero casi nunca ponen el acento en la capacitación docente, ni en mejorar las partidas para la investigación, ni en conseguir un nivel más alto de conocimientos, ni en estimular métodos que lleven a un contacto más fértil entre profesores y alumnos. No. Pero tampoco mintamos: sus luchas ya no mueven un pelo, ni cambian el mundo o el país ni siquiera el alicaído ámbito universitario.

Resulta disonante, por ejemplo, que califiquen de conquista estudiantil una medida cuyo verdadero propósito es zafar, obtener el título estudiando menos y practicando nada. Esa no es una conquista, es un gol en contra.

En 1918 la militancia estudiantil sirvió para inyectar libertad, democracia y progreso. Hoy no sabemos bien qué inyecta.

   
Pregunto: en alguna parte del universo ¿es exitoso el ingreso irrestricto? Más aún, ¿existe el ingreso irrestricto? Porque ingreso irrestricto significa la ausencia de cualquier barrera: puede entrar el que quiere estudiar y el que no, el que está preparado para sacar provecho y el que no entenderá casi nada.

Ningún establecimiento está en condiciones de brindar excelencia cuando se atiborra.

Los exámenes son imprescindibles para seleccionar a los más capacitados, a los que poseen una vocación real y por eso se venían preparando mejor. Los beneficios de una rigurosa selección se multiplicarían. Los estudiantes sabrían desde la escuela primaria que, para acceder a la universidad, deben cultivar el esfuerzo, ¡que no hay otra! Tendrían que mostrar su nivel y, eventualmente, afrontar pruebas. Es bueno recordar que las pruebas son parte de la vida.

Debido a la generosidad sin límites con que son acogidos en la universidad, muchos estudiantes se vuelven crónicos y muchos más abandonan los estudios sin siquiera decir gracias por los costosos recursos que consumieron durante años al divino botón.

Distorsionada equidad social que brinda escasos beneficios y provoca un deterioro incesante de la calidad.

Es absurdo dictar clases para cientos de estudiantes que ya ni caben sentados en el piso o colgados de las ventanas y en la que es imposible una relación fructífera entre el profesor y el alumno. La universidad de masas -con ingreso irrestricto y sin arancelamiento alguno- es la universidad de la contención social, sí, pero también de la demagogia, la ceguera política y la mediocridad académica.

La más bella de las ideologías puede convertirse en una trampa si no existe suficiente coraje para enfrentar creativamente los datos de la realidad.

En educación asquea el mal aliento del doble discurso.

   
Al presupuesto insuficiente y mal ejecutado se añade la epidémica deserción estudiantil, la incesante caída de los sueldos docentes y la falta de actualización y capacitación y el desprestigio de quienes enseñan o investigan.

Rescatar valores como esfuerzo, jerarquía, conocimiento, método y ejemplaridad que vigorizan los pilares de una buena educación.

El éxito dependía en primer lugar del esfuerzo y el trabajo sistemático.

Las causas de este deterioro son dos: la escasa asignación de recurso asociada a la mala ejecución, los cambios en materia de valores y de metodologías.

Hace falta una revisión a fondo, seria, valiente patriótica. Argentina le debe en gran medida a la educación su opulencia pasada. Y de la educación será tributario su progreso futuro.

¿Qué decir de la remuneración de los docentes? Una de las causas más importantes del abismal descrédito que aflige a quienes deben ser vistos y tratados como los instrumentos de nuestro futuro. Los hemos mellado, oxidado y escupido. Expresa el ánimo que se inyecta en el espíritu del docente mismo.

El facilismo, la irresponsabilidad, el recurso del zafar, la desidia, el desprecio al contenido de la enseñanza.

Se quería superar el viejo autoritarismo docente -que existió y existe, con su corte de arbitrariedades e injusticias- pasando al otro extremo en el que ni siquiera se distinguen las jerarquías.

Hace falta tener flexibilidad para adaptarse a los cambios. Los fundamentos de la ciencia y el saber, la gimnasia del pensamiento y la porosidad en el aprendizaje no están sometidos a cambios rápidos.

¿Para qué leer lo que se podía ver en una pantalla? Sin embargo, internet no se desprende de las palabras y quien mejor navega en sus procelosas honduras en quien más rápido lee.

Es necesario, más que nunca, volver a las bases: saber leer, saber escribir, saber calcular, saber abstraer, saber razonar y tener conocimientos, o sea, cargar la base de datos.