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Carlos Bramante

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¿El "Superministro" podrá recuperar la cultura del trabajo?

Sergio Massa anunció la reconversión de los planes sociales. Las organizaciones están en alerta. ¿Política de gobierno o estrategia discursiva?

El debate sobre la temporalidad o eternidad de los planes sociales ocupa pocos minutos en los medios de comunicación. Y las respuestas de funcionarios o dirigentes son, casi siempre, evasivas.

Massa anunció que se va a exigir salida laboral al año de percibir un subsidio del Estado. La reacción de los movimientos sociales y piqueteros no se hizo esperar mientras Argentina terminaría 2022 con el récord de 10.000 piquetes.

Son varias las generaciones afectadas por la ausencia de la cultura del trabajo y el desinterés de los gobiernos para promoverla. Entre sus consecuencias, se destruyen los vínculos sociales y familiares.

La sociedad está dividida entre trabajadores y beneficiarios de planes sociales. Y las familias se quiebran por integrantes que exigen el celular de última generación sin realizar ningún aporte.

Recuperarla demandará políticas claras y contundentes. Un camino muy diferente al de la actualidad. La ausencia de orientación laboral es una grave falencia de los gobiernos.

Los jóvenes de hoy quieren ser influencer o formar parte de las manifestaciones culturales, que hacen "brotar" ídolos fugaces. En tanto, el mercado laboral necesita profesionales con preparación académica y dispuestos a tener paciencia para ganar "mi primer millón", como dice la canción de la banda Bacilos.

Los dirigentes políticos promocionan el facilismo laboral para difundir sus políticas de gobierno. Recordemos el ejemplo de la Vicepresidenta de la Nación, cuando defendió el programa Conectar Igualdad, con el ejemplo de un joven que llegó al estrellato a través de una notebook entregada por el Estado.

Es indudable el éxito de L-Gante, registra millones de visitas en plataformas virtuales y también llena estadios. De todas formas, le faltó a Cristina Kirchner aclarar que son excepcionalidades. El camino para millones de desocupados, reticentes a tomar los libros o las herramientas, "no es por ahí".

Dirigentes y funcionarios, en busca de votos, terminan promocionando la cultura de lo efímero con resultados a la vista. Hoy es necesario despertar y promover las vocaciones para colaborar con las ofertas laborales reales.

Tambien es cierto que hay muchos profesionales recibidos en carreras tradicionales que no tienen trabajo. Otro ejemplo de la ausencia del Estado para orientar la potencia laboral humana hacia la demanda del mercado.

   
El anterior es un ejemplo de fracaso que puede servir a los jóvenes que buscan trabajos con "vencimiento" antes de alcanzar la jubilación. Y que si no ahorran las ganancias del éxito, sufrirán de adulto necesidades básicas, sin alcanzar una vejez digna.

Sólo recordemos lo que sucede en Buenos Aires. La Casa del Teatro aloja artistas que triunfaron, laboral y económicamente, y hoy sobreviven de la beneficencia.

En las últimas semanas vimos el show de una mujer autodenominada "planera". Desde una postura desafiante, se burlaba de los trabajadores. Los que comprando un kilo de pan, ya pagan impuestos para financiar las "eternas" ayudas sociales.

No olvidemos que sigue pendiente la reforma impositiva. Hoy, la mayor carga recae sobre los individuos de bajos ingresos. En correntino, diríamos que el trabajador "porihajú", financia a los que no quieren trabajar.

Soy escéptico con las medidas anunciadas por Sergio Massa. Estamos a sólo un año de las elecciones decisivas para el futuro de la coalición oficialista. ¿Se animará a perder votos o le dejarán hacerlo?

Sólo recordemos que Mauricio Macri prometió medidas similares y terminó recorriendo el camino inverso durante su gobierno: aumentó la cantidad de subsidios.

No sabemos si fue una medida para enfrentar la crisis o una estrategia electoral. Sí, sabemos que algunos referentes de Cambiemos tratan de "silenciar" a Patricia Bullrich cuando habla de la eliminación de los planes sociales.

Todos repetimos las bondades y riquezas del país pero, sino las explotamos con fuerza laboral preparada y comprometida, las terminaremos despilfarrando.

Seguiremos empujando a quienes quieren quedarse pero terminan expulsados a otros países. En medio de una sociedad disgregada por la ausencia de valores que ninguna plataforma política intenta recuperar.

Al final, recuerdo que en otras columnas defendí los planes sociales y a sus beneficiarios. Hoy advierto el cansancio de trabajadores con salarios deteriorados y que a duras penas llegan a fin de mes, sin poder proyectar el futuro personal y familiar.