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Carlos Bramante

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¿HAY VOLUNTAD PARA PERDONAR?

Por un error no podemos cancelar a los mayores

El doctor Cormillot recibió furiosos ataques por una frase equivocada. Sus detractores fueron sin escala desde la ausencia de discernimiento a la intolerancia.

A sus 83 años utilizó una frase a la que definió como antigua y no necesito reproducirla porque no comparto su propagación innecesaria. Sólo quiero plantear el presente intolerante hacia quienes colaboran con sus conocimientos y ayudan al resto de la sociedad.

Por un mínimo error se los lleva al "patíbulo" de las redes sociales. Terminan frente a un "pelotón" dispuesto a hacer "justicia por mano propia" desde un teclado. Y si llegara a mediar un juicio previo al "acusado" están dispuestos a condenar tergiversando sus palabras.

Vivimos una etapa en la que el diagnóstico no está permitido. Así, no podremos encontrar soluciones a los problemas que nos agobian y quedarán tapados por "la alfombra" del escaso discernimiento, un ejemplo más de la decadencia educativa reflejada en las estadísticas que advierten la falta de comprensión lectora.

Para cambiar la realidad se necesitan ejemplos, sólo hay que escuchar el mensaje completo y saber interpretar en un contexto global y no parcializado por un interés individual. Antes de juzgar, no podemos desconocer la trayectoria pública de las personas. Debemos analizar su mensaje, con errores y aciertos, reciclándolo para ayudar a un mundo en el que la discriminación amenaza con resurgir.

Cuando cancelamos al otro por una semántica equivocada perdemos el foco de lo sustancial y descartamos conocimientos valiosos que nos ayudarían en nuestra lucha. Y mucho más si hablamos de problemas graves como la salud.

La obesidad es una epidemia que altera la calidad y acorta la expectativa de vida. Algunos mensajes "defensores" de los kilos de más son iguales o más nocivos que una frase equivocada.

Las expresiones que escuchamos en contra del doctor Cormillot superan a la falta de respeto. Sus autores parecen más intolerantes y agresivos que el "acusado". Deben aprender que se trata de un proceso colectivo en el que todos tenemos que instruirnos para alcanzar el objetivo.

Los "quijotes" de la nueva cultura necesitan paciencia para enseñarnos a todas y todos y sólo así podrán lograr el objetivo. De lo contrario habrá resistencias y grietas que seguirán paralizando la anhelada evolución social.

Además considero que el mensaje que intentan transmitir tiene dificultades para llegar a los de su misma generación. Los jóvenes parecieran el terreno más fértil, pero la semana pasada dejó una advertencia.

Lionel Schroeder, el joven chaqueño que desafió al gobernador Capitanich, dijo que "una X en el documento no va a cambiar el rumbo del país" intentando diferenciar "temas irrelevantes" de "temas reales", según su criterio. Un interesante llamado de atención para saber que hay errores en la comunicación del mensaje.

Los furiosos ataques a nuestras fuentes de conocimientos son innecesarios. Pueden cometer errores, pero su producción supera inmensamente, en cantidad y calidad, a la de ocasionales influencers o cultores de la sensibilidad humana, alguna o muchas veces, vacíos de contenidos productivos para la humanidad.

¿Qué ocurrirá cuando los quejosos de la nueva semántica del lenguaje cometan un error? ¿Aceptarán un llamado tan severo de atención? ¿Accederán a someterse al escrache mediático y de las redes sociales que utilizan con tanta facilidad?

No me opongo a la deconstrucción que nos proponen. Comparto cada una de sus intenciones. Sólo pido un poco de paciencia y mucho respeto hacía quienes forman parte de generaciones diferentes.

A sus detractores les falta mucho por aprender para dejarnos un legado como los miles de Cormillot que pueblan las grandes urbes y nuestras aldeas locales. Sepamos que muchos de ellos sienten temor a transmitir sus conocimientos porque el mínimo error los puede condenar al ostracismo.

Convivimos muchas generaciones que necesitamos deconstruirnos. Por eso, los que lograron el objetivo necesitan ser tolerantes para lograr los cambios que se proponen.

Aprendamos de Mahatma Gandhi que, sin violencia, independizó a su pueblo.

La intolerancia afecta las relaciones sociales y familiares. La opinión de una abuela o abuelo se cancela por el sólo hecho de "incomodar" a nuestros oídos. Esa insolencia nos quita discernimiento para tamizar la enseñanza ofrecida.

Se equivocan los que consideran que su visión es más amplia que la de los otros. Es igual de sesgada a la de quienes se resisten a los cambios necesarios para una sociedad mejor. El doctor Cormillot pidió perdón. ¿Hay voluntad para perdonar? Sencillamente, me parece que no.