Corrientes 21 °C
Min. 16 °CMax. 28 °C
 
Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.radiodos.com.ar/a/121707
Marcela Tomasella

Autor

NO SE ES MAESTRO PARA VIVIR, SE VIVE PARA SER MAESTRO

Una vocación de servicio

En este día, constituye una gran alegría reconocer tan importante labor y compartir el agradecimiento mutuo entre estudiantes y maestros. Porque así como los estudiantes cuentan con sus maestros para fomentar y apoyar su recorrido por el aprendizaje, los maestros debemos a ellos nuestra bonita vocación.

Ser maestro es una vocación de servicio, ejercemos nuestra profesión con convencimiento y pasión todos los días, no sólo para transmitir nuestros conocimientos a los estudiantes, sino también para enseñar a construirlos.

 Enseñar es sinónimo de felicidad, además de hacerlo en el salón de clases lo hacemos en un sinfín de actividades distintas, porque nacemos con la vocación de servir a los jóvenes apoyando su crecimiento y aprendizaje en el marco de una sociedad dinámica.

Es para nosotros un placer materializar nuestra vocación cuando expresamos y adquirimos conocimientos en una clase con estudiantes ansiosos por aprender, conocer y saber. Porque el conocimiento no vale nada cuando no es difundido y transmitido.

Un verdadero maestro ayuda siempre con una sonrisa y con voluntad sincera, transmite su estado de ánimo a sus estudiantes y no sólo infunde conocimientos en ellos, sino también valores; el maestro los ayuda a construir una imagen positiva de sí mismos para fomentar un autoestima sana que estimule las ganas de aprender y ser un ciudadano con pensamientos críticos.

No se es maestro para vivir, se vive para ser maestro.

Sólo aquél que vive para los demás, podrá ser llamado maestro. El gran historiador y novelista Henry Adams dice: "Un maestro trabaja para la eternidad. Nadie puede predecir dónde acabará su influencia." Si no fuera por los maestros, yo no hubiese sido maestro, ni ninguno de ustedes sería ingeniero, enfermera, científica o abogado, pero sobretodo, pocos reconocerían el valor del conocimiento y los buenos valores en una sociedad. Un maestro es un ser que da, y nunca se cansa de dar, porque vive para ello. Como maestros podemos educar de dos formas: enseñando a ganarse la vida, o enseñando a vivir; ambos aspectos son esenciales para el desarrollo de los ciudadanos de esta sociedad. En la época en la que vivimos, necesitamos formar a personas con la ciencia, la técnica, la cultura, los valores y criterios del contexto actual. Personas que entiendan que más importante que el conocimiento en sí, es saber alimentarlo, corregirlo, aplicarlo en la toma de decisiones, y sobre todo transmitirlo para permanecer nutriéndose con la retroalimentación del saber.

    
Quiero recordar las certeras y vigentes palabras del gran epistemólogo Jean Piaget:

"La meta principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas no simplemente de repetir lo que otras generaciones han hecho; hombres que sean creativos, inventores y descubridores. La segunda meta de la educación es la de formar mentes que sean críticas, que puedan verificar y no aceptar todo lo que se les ofrece".

Celebrar el Día del Maestro es una manera de reconocer y honrar la hermosa labor de educar; esta forma de vida deja una marca en cada ser que la vive tanto ejerciendo la profesión como dedicando su atención como estudiante.

Quiero tomarme este espacio y su atención para agradecer el don de nuestra vocación de maestros, vocación de dar y hacer nacer la luz del saber, del descubrir, del crear, del enseñar, de reconocerse y admirarse a sí mismo.

Se es maestro por sólo una razón, porque se cree en el futuro luchando por el presente a través de la formación de personas en cualquier nivel en que nos desempeñemos.

No se es docente por trabajar para vivir, lo somos porque creemos en el ser humano, en la sociedad, y sobre todo en la educación como única herramienta para lograr transformar el mundo.

Ser maestro va más allá de un título, de un cargo; ser maestro es producto de la elección de una forma de vida que se asume desde la labor diaria de enseñar y de aprender enseñando. De empatizar con las personas que hacen posible nuestra labor, de sentir y transmitir la esperanza y la alegría de hacer lo que elegimos ser.

Y por último, aunque la remuneración importa, no es lo que más vale, porque somos docentes porque no hay satisfacción más grande que el resultado de nuestra labor, ni remuneración más valiosa que el reconocimiento que nos hacen, ese acto de reconocimiento, es el mejor homenaje que un docente puede esperar.

A mi madre, UTI CALVI, MAESTRA.