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Carlos Bramante

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MAESTROS

Son dignos de un reconocimiento histórico

En su día, y todos los días, busquemos estrategias para revalorizar su rol en la sociedad. La era del conocimiento obliga a entregarles instrumentos y confort para el éxito de la tarea.

El título de hoy parte de un reclamo que lleva décadas en esta región a la que identificamos como Norte Grande. La semana pasada desfilaron funcionarios nacionales, gobernadores y vicegobernadores a los que, una vez más, les ganó la coyuntura.

 El diseño de políticas para resolver problemas estructurales volvió a quedar postergado. Ningún representante planteó con énfasis la necesidad de una Reparación Histórica para las diez provincias más pobres de Argentina. Nobleza obliga, dejaron una tenue señal alentadora con la unidad mostrada en medio de las saludables diferencias políticas.

Hasta ahora, sólo se diferencian en el énfasis de sus reclamos dirigidos a Nación. Conservan el rol de "bomberos" en una crisis que nadie desconoce, pero que también requiere de gobernantes estadistas que se sobrepongan a la discriminación política.

Los maestros merecen una medida similar: UN RECONOCIMIENTO HISTÓRICO. Una expresión de gratitud permanente al sacrificio entregado a las futuras generaciones que no se salda con sueldos dignos aunque sigan pendientes.

Los funcionarios se acostumbraron a dejar la vara demasiado baja. Cada año buscan cerrar la oferta salarial para conseguir el "tranquilizador" acuerdo sindical. Luego, el manto de olvido tapa el resto de las necesidades del sector. Como si fuera una estrategia, los discursos posteriores logran adormecerlas con el argumento de la "eterna" emergencia.

Los gremios también se adaptaron a las paritarias salariales resignando su función real. Una vez firmado los acuerdos, se disuelve la unidad del sector, se atomizan las demandas y desaparecen en el confuso horizonte de problemas. "Aturde" el silencio de la dirigencia que no visibiliza con énfasis los reclamos de sus representados.

En una breve autocrítica, el docente podría plantearse si también queda adormecido con la respuesta salarial. Aunque es comprensible porque la fuerza individual se desvanece y muchos la pierden por la estratégica indiferencia de funcionarios y dirigentes gremiales.

Esta columna seguramente resultará insuficiente para enumerar las necesidades del docente y la comunidad escolar. La resolución de los problemas dará lugar a un espacio confortable y, por ello, enumero algunos de un listado histórico.

Van desde el deterioro a la insuficiencia edilicia que provoca hacinamiento en las aulas y afecta la calidad educativa. Detrás de ese reclamo estructural, hay necesidades básicas que el docente debe resolver antes de dictar clases. Desde una tiza a productos de limpieza para trabajar en un ambiente saludable.

Sin olvidar los materiales didácticos imprescindibles para aplicar la teoría derramada en capacitaciones que demandan tiempo extra. No sólo en búsqueda de puntaje para alcanzar una carrera laboral exitosa sino para una labor eficiente en beneficio de los alumnos.

Vivimos la época del conocimiento y dirigentes y gobernantes lo tomaron como slogan de campaña y de gestión. Pero también es necesario recordarles que, para no quedarnos afuera, hay materiales fundamentales que hoy están ausentes en muchas aulas.

Es necesario optimizar la distribución de recursos para no perdernos el desafío que el mundo nos ofrece. Algunos viven con nostalgia modelos agotados para una sociedad que paga impuestos y espera de sus representantes una administración eficiente que devuelva servicios de calidad.

Si miramos la experiencia educativa exitosa de países como Finlandia nos daremos cuenta que las viejas cooperadoras escolares son insuficientes para financiar insumos indispensables. El docente dilapida tiempo de enseñanza y las familias no cuentan con recursos para reemplazar la función del Estado.

Es necesario abrir el panorama y no quedarnos entrampados en ideologías y costumbres obsoletas. Sólo los nostálgicos locales buscan vendernos sus virtudes y debilidades con miradas sesgadas por intereses que no siempre son los de la comunidad.

Los padres también tenemos la responsabilidad de contribuir al éxito de la educación. Desde la presencia periódica interiorizándonos de su desenvolvimiento a la recuperación de la educación hogareña. Sólo así ofreceremos hijos respetuosos de la labor docente.

Hoy, "abracemos" a cada maestro que nos regaló su tiempo enseñándonos las herramientas de la vida. Y saludemos a los que abrazan con vocación el legado de Sarmiento para que sus "blancas palomitas" sean el célebre resultado del esfuerzo diario. ¡FELIZ DIA DEL MAESTRO!