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Marcela Tomasella

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LAS ESCUELAS NO SON LUGARES NEUTRALES

Lo que se impone en educación

Las reformas educativas muestran escasa confianza en la habilidad de los profesores de la escuela pública para ejercer un liderazgo intelectual y moral a favor de la juventud ignorando el papel que desempeñan en la formación de los estudiantes como ciudadanos críticos y activos.

No tienen en cuenta la inteligencia, el punto de vista y la experiencia que pueden aportar al debate en cuestión. Los reducen a la categoría de técnicos superiores encargados de llevar a cabo dictámenes y objetivos decididos por expertos totalmente ajenos a las realidades cotidianas de la vida del aula.

 El clima político e ideológico no parece favorable para los profesores en este momento. Tienen ante sí el reto de entablar un debate público comprometiéndose en una autocrítica necesaria respecto a la naturaleza y la finalidad de la formación de formadores, los programas de perfeccionamiento docente y las formas dominantes de enseñanza en el aula. El debate les ofrece la oportunidad de organizarse colectivamente para mejorar las condiciones de trabajo y para demostrar a la opinión pública el papel central que debe reservárseles en cualquier intento viable de reforma de la escuela pública.

La actual crisis educativa tiene mucho que ver con la tendencia progresiva a la reducción del papel de los profesores en todos los niveles educativos. Se deberá luchar a brazo partido no sólo con la pérdida creciente de poder en lo que se refiere a las condiciones básicas de trabajo, sino con una percepción pública cambiante de su papel como profesionales del pensamiento.

 
Existe una proletarización del trabajo del profesor, una reducción a gestionar y cumplimentar programas curriculares en lugar de desarrollar o asimilar críticamente los currículos para ajustarse a preocupaciones pedagógicas específicas. Hay una necesidad de defender las escuelas como instituciones para el mantenimiento y el desarrollo de una democracia y defender a los profesores como intelectuales que combinan la reflexión y la práctica académica con el fin de educar a los estudiantes para que sean ciudadanos pensantes y activos.

La amenaza más importante es el enfoque tecnocrático que tiene como postulado pedagógico la llamada a separar la concepción de la ejecución, la estandarización del conocimiento escolar con vistas a una mejor gestión y control, la devaluación del trabajo crítico e intelectual por parte de profesores y estudiantes en razón de la primacía de las consideraciones prácticas.

A los futuros profesores se les enseña metodologías que parecen negar la necesidad misma del pensamiento crítico.

Es prioritario aprender a plantear cuestiones acerca de los principios subyacentes a los diferentes métodos pedagógicos, a las técnicas de investigación y a las teorías educativas.

Existe proliferación de materiales curriculares cuya base racional les da a los profesores el papel de simples ejecutores de procedimientos de contenido predeterminado e instruccionales. Legitiman pedagogías basadas en la gestión. El conocimiento se fracciona en partes discontinuas, se estandarizan para facilitar su gestión y consumo y se mide a través de formas predefinidas de evaluación. Problemas de gestión ¿Cómo asignar los recursos (profesores, estudiantes y materiales) para conseguir que se gradúe el mayor número posible de estudiantes dentro de un espacio de tiempo determinado? El postulado teórico: la conducta de los profesores debe ser controlada y convertida en algo coherente y predecible a través de las diferentes escuelas y poblaciones.

Los profesores deberían participar activamente en la puesta a punto de los materiales curriculares adecuados para los contextos culturales y sociales en los que enseñan.

Los estudiantes presentan diferentes historias, encarnan diferentes experiencias, prácticas lingüísticas, culturales y de talentos.

Toda actividad humana implica alguna forma de pensamiento. Ninguna actividad por rutinaria que haya llegado a ser puede prescindir del funcionamiento de la mente. Exaltamos la capacidad humana de integrar pensamiento y práctica. Hombres y mujeres libres con una especial dedicación a los valores de la inteligencia y al encarecimiento de la capacidad crítica de los jóvenes.

Ver las escuelas como lugares económicos, culturales y sociales inseparablemente ligados a los temas del poder y el control. Las instituciones escolares no se limitan simplemente a transmitir de manera objetiva un conjunto común de valores y conocimientos. Son lugares que representan formas de conocimiento y usos lingüísticos, relaciones sociales y valores que implican selecciones y exclusiones particulares a partir de la cultura general. Sirven para introducir y legitimar formas particulares de vida social. Encarnan y expresan una cierta lucha sobre qué formas de autoridad, tipos de conocimiento, regulación moral e interpretaciones del pasado y del futuro deberían ser legitimadas y transmitidas a los estudiantes.

Las escuelas no son lugares neutrales, tampoco los profesores pueden adoptar una postura neutral.

Los profesores son como intelectuales en función de los intereses ideológicos y políticos que estructuran la naturaleza del discurso, las relaciones sociales del aula y los valores mismos que ellos legitiman en su enseñanza.

Hay una necesidad de conseguir que lo pedagógico sea más político y lo político más pedagógico. Significa insertar la instrucción escolar directamente en la esfera política. La reflexión y la acción críticas se convierten en parte de un proyecto social fundamental para ayudar a los estudiantes a desarrollar una fe profunda y duradera en la lucha para superar las injusticias económicas, políticas y sociales para humanizarse más a fondo ellos mismos como parte de esa lucha. El conocimiento y el poder están inextricablemente ligados. Escoger la vida, reconocer la necesidad de mejorar su carácter democrático y cualitativo para todas las personas equivale a comprender las condiciones previas necesarias para luchar por ello.

Formas de pedagogía que encarnen intereses políticos de naturaleza liberadora que traten a los estudiantes como sujetos críticos, hacer problemático el conocimiento, recurrir al diálogo crítico y afirmativo, apoyar la lucha por un mundo mejor para todas las personas. Conceder a los estudiantes voz y voto en sus experiencias de aprendizaje. Desarrollar un lenguaje propio atento a los problemas experimentados en el nivel de la vida diaria. Los individuos y grupos en sus múltiples contextos culturales de clase social, radicales, históricos y sexuales, juntamente con la particularidad de su diversos problemas, esperanzas y sueños.

Desarrollar un discurso que conjugue el lenguaje de la crítica con el de la posibilidad. Tienen que pronunciarse contra algunas injusticias económicas, políticas y sociales. Crear las condiciones que proporcionen a los estudiantes la oportunidad de convertirse en ciudadanos con el conocimiento y el valor adecuados para luchar con la esperanza de algo práctico.

No más facilismos. Si buscamos calidad necesitamos nivelar para arriba y no dejarse manipular por el "que pasen todos".