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Enrique Zuleta Puceiro

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La oportunidad y los riesgos de una reforma electoral

Superado ya en parte el trance de la aprobación parlamentaria del Presupuesto 2023, la presión de gran parte de los gobernadores provinciales y referentes del oficialismo en favor de una reforma del régimen de primarias abiertas, simultaneas y obligatorias (PASO) ha vuelto a manifestarse.

El debate crece en intensidad y a las razones de mérito y conveniencia se suman razones de mayor peso, compartidas por sectores importantes tanto del gobierno como de la oposición. El sistema de las PASO nació envuelto desde un principio en una polémica que aún no cesa. Carece de sostenedores independientes, no ha generado ninguna doctrina de apoyo y responde con muchas dificultades a la presión creciente de la opinión pública, en general adversa a su continuidad.

Visto desde la perspectiva de la experiencia electoral perspectiva, es muy claro que el sistema ha sido incapaz de superar sus vicios de origen. Cabe recordar que el experimento tuvo su origen en un pacto de conveniencia entre el kirchnerismo, entonces representado por el Jefe de Gabinete Abal Medina y la conducción radical de la época- a cargo del santafecino Mario Barletta-. La nueva fórmula buscaba, en realidad, garantizar la continuidad de un esquema de competencia bipolar entre las dos grandes fuerzas políticas, minimizando el papel de terceras fuerzas politicas y conjurando el riesgo del aventurerismo electoral representado por una nueva fauna de candidatos que comenzaban a disputar el escenario político a las figuras tradicionales.

Eran los tiempos posteriores a la derrota del kirchnerismo en 2009 y el dato central era la emergencia de una oposición más con media docena de presidenciables, poco dispuestos a cualquier tipo de negociación. La idea compartida por radicales y peronistas era favorecer la emergencia de corrientes internas, garantizando al mismo tiempo un control férreo final de su competencia final, protegiéndola del riesgo de emergencia de terceros partido. reservando la de la amenaza de terceras fuerzas. La hipótesis acariciada desde la Casa era la de favorecer la fragmentación de la oposición, desalentando la articulación de una tercera fuerza de alternativa. Por el lado de la facción radical santafecino, permitir a pensar en una ardua supervivencia al frente de una oposición dividida , en la que la cantidad de opciones conspiraba contra la construcción de una nueva mayoría.

Al cabo de más de diez años de vigencia, el sistema ha producido y continuara produciendo, efectos exactamente contarios a los buscados. Lejos de consolidar el bipartidismo ha contribuido decisivamente a la fragmentación irreversible de las fuerzas existentes, a la pérdida de identidad y contenido sustancial de las opciones en competencia y al surgimiento de un bi coalicionismo de naturaleza puramente electoral. Dos grandes coaliciones integradas por candidatos han sido desde entonces capaces de competir electoralmente, sin posibilidad alguna de trasladar su lógica organizativa a la tarea de gobierno.

Buena parte del fracaso en la gestión de los dos gobiernos nacidos de las elecciones de 2015 y 2019 puede atribuirse a este debilitamiento profundo de los partidos y a su escasa capacidad luego de las elecciones, para asumir compromisos y responsabilidades que hagan posible la concertación política interna y la cooperación en áreas cada vez más difíciles para administrar en solitario. Las PASO han generado un sistema de campaña electoral permanente, centrado en un puñado egocéntrico de candidatos, desencadenando energías centrifugas cada vez más difíciles de controlar.

Los argumentos a favor o en contra del sistema siguen siendo los mismos. Quienes hoy intentan suprimirlas resistieron hacerlo cuando eran oposición, y a la inversa. Como muchos otros temas -por ejemplo, los acuerdos con el FMI-, las posiciones van variando conforme se está a uno u otro lado del mostrador.