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Carlos Bramante

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POR UN TRÁNSITO MÁS ORDENADO Y MENOS VIOLENTO

Por la billetera entran las leyes y nos portamos mejor

La seguridad vial es materia pendiente en la provincia. Hay estrategias que parecen de largo plazo por sus escasos resultados. Otras más eficaces que requieren de práctica frecuente.

Las fiestas de Navidad y Año Nuevo dejaron en la ciudad de Corrientes una respuesta alentadora en seguridad vial. De todas formas, queda latente la preocupación de saber si forma parte de una estrategia para 365 días o contadas oportunidades.

Desde el Hospital Escuela y la Dirección de Tránsito se conocieron estadísticas muy por debajo de años anteriores. Quizás la pandemia comenzó a cambiarnos aunque pareciera que los controles activos fueron más eficaces para detener a los infractores seriales.

La primera opción quedaría descartada por otra estadística que también debería preocuparnos como sociedad. Disminuyeron los ingresos por accidentados viales, pero en los hospitales aumentaron los casos de lesionados en enfrentamientos cuerpo a cuerpo, con arma blanca u otros objetos peligrosos.

Pareciera que el alcohol no viaja al volante pero el exceso domiciliario o callejero despierta la violencia del ser humano y sin medir consecuencias, los agresores ponen en peligro la vida de familiares, amigos, conocidos y/o desconocidos.

Volviendo a los siniestros viales, los resultados de las últimas fiestas son alentadores y demuestran una senda para lograr que el tránsito en Corrientes sea amigable para conductores y peatones. Definitivamente, controlados nos portamos mejor.

Las autoridades coinciden que el valor de las multas por alcoholemia positiva fue un disparador eficaz para desalentar a los que piensan que "una copita" no es suficiente para perder el control del auto o la moto. Los montos oscilan entre 60 y 100 mil pesos y pueden superar según la estadía en el playón municipal del vehículo secuestrado.

Queda demostrado que infraccionar es una contundente estrategia aleccionadora. Supera en resultados a la Educación Vial y la rigurosidad para obtener la licencia de conducir. No descarto a las últimas, sólo las considero parte de un proceso que lleva tiempo y, mientras tanto seguimos perdiendo vidas por choferes violentos que no ponen en práctica los conocimientos adquiridos.

Esas personas violentas son madres o padres de familia u otros familiares de pequeños o adolescentes que se desarrollan en un ambiente donde el respeto a las normas de tránsito no es frecuente. Por lo tanto, las enseñanzas de la escuela y los exámenes oficiales serán sólo teoría para aprobar una materia o cumplir un trámite legal. Su puesta en práctica quedará relegada por los malos ejemplos del hogar.

Hoy, y desde ayer, necesitamos cambiar el comportamiento de los conductores que no volverán a las aulas y aprendieron de memoria las normas de tránsito para recitar y no fracasar ante la autoridad competente.

Es vital poner en funcionamiento un sistema de control los 365 días para desalentar las maniobras ilegales, peligrosas y letales que nos recuerdan las estadísticas de la provincia. Incluso podría ser una estrategia más económica que las demoradas inversiones de los gobiernos en infraestructura vial.

Las ONG relacionadas al drama vial en Argentina denuncian constantemente que el factor humano es el principal desencadenante. Hay que utilizar todos los instrumentos necesarios para lograr el objetivo. Desde el recurso humano a los dispositivos tecnológicos de la actualidad.

Sólo así vamos a lograr un tránsito amigable para todos. Las inconductas que se observan a diario muestran la falta de miedo a las normas de tránsito. Los conductores convierten a las cintas asfálticas en "corredores viales exclusivos" para su alocada carrera contra el reloj. Un ejemplo que me llamó la atención días atrás fue el caso de una joven que se encontró con una ambulancia del Servicio de Emergencia 107 ingresando al predio de avenida Armenia. Pareciera que no advirtió la importancia del vehículo y no despegó el dedo del pulsador de la bocina de su motocicleta.

El control de uso del casco es una tarea pendiente. Cada vez son más los motociclistas que ni siquiera "le sacan a pasear" o lo utilizan para proteger el codo. Sólo hace falta detenerse algunos minutos en los semáforos de las avenidas capitalinas para notar su ausencia en la cabeza de los conductores.

Ojalá este 2023 nos encuentre con un tránsito más ordenado y menos violento. Transportados y peatones necesitamos y merecemos salir con tranquilidad y confianza a las calles. El temor a perder la vida en un siniestro vial "encierra" a nuestros abuelos que merecen calidad de vida segura.

A todos nos corresponde el compromiso de cambiar. De todas formas, las autoridades están destinadas a un peldaño superior para diseñar políticas con resultados concretos como los conseguidos a fines de 2022.