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Más allá de las plumas

Por Daniel Collinett  

Se nos fué Momo. Mas allá de victoriosos y derrotados, de largas noches y amaneceres entre saltos, nieves, rayos y cantos de gallos, el rey de la burla nos sacó varios gratos momentos de alegría, que nos vinieron al pelo en estos tiempos de abundantes caras largas y bolsillos flacos.

Como siempre, el Carnaval viene a curar o espantar males mundanos. A darles a algunos cuantos, ese mes de efímera fama y bronce decolorado u hojalata deslumbrante, que sirve para ser o parecer al menos por un rato.

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Foto: Carnaval de Corrientes

Y no está mal, eh. Total...quién te quita lo bailado, lo cantado, lo tocado o lo gritado! Por el contrario, el corso que supimos concebir está bueno enserio. Tiene lujo a mas no poder. Largas noches de ensayos que no se explican desde la logica. Y menos se explica el dejar todo en la cancha, por el solo hecho de alcanzar cierta gloria que, con algo de suerte, solo la recordarán los muy fanaticos o los por demás pasionarios...aunque estos últimos puedan abandonar el barco cuando su fuego se apague.

El Carnaval de nuestros pagos solo se entiende si uno se mete en la piel de los que construyen un movimiento que excede la logica de los que habitan el mundo de las normas, los modales y las estructuras de vida.

Los miles de locos y locas (dicho con respeto) que se disfrazan y se empluman, son los mismos que desarrollan su vida cotidiana con la cotidianidad de cualquier ciudadano de a pie.
Ahora bien: ¿Vale realizar semejante esfuerzo para que solo nosotros nos aplaudamos?

En esta ultima edicion que acaba de terminar, se vió algo interesante que excede a los actores: como hacía un tiempo no pasaba, volvieron a sentarse en tablones de antaño agiornados con silletas plásticas, muchos "enene", que observaron maravillados lo que somos capaces de hacer. Turistas que le dicen, que la pasaron de primera. Que pasaron de casualidad y se quedaron. Que no querían dejar de pasar por el que, según se comenta por ahí, es el mejor carnaval.

Pero mientras eso pasa, los de acá, nos pasamos discutiendo sobre cheques, fechas, jurados, sonidos espantosos y quien sabe cuánto más.
Para decirlo de otro modo: mientras lo bueno pasa, nos pasamos los corsos sin poder encontrarle la vuelta a un espectáculo que en cualquier otra parte del planeta aplaudirían de pie...y acá se discute y se administra pobreza.

Se vuelve vital pegar un salto de calidad.
De algún modo la intervención del Estado en ciertos aspectos es ya un gran paso dado.
Pero faltan otras cosas, además de guita.

Falta que se hable más entre nosotros de lo que estamos fabricando año a año. Y nos tomemos en serio la joda.

O acaso no sería, por ejemplo un interesante aporte para la educación que hoy, cuando vuelven las clases, los chicos saquen una hoja y cuenten sobre la historia de una mansión, los males de este mundo, las costumbres chinas o hindúes o relaten leyendas urbanas de monstruos aterradores?

Ver más allá de las plumas, los tocados y espaldares, debería ser una tarea a encarar por parte de gobernantes y carnavaleros. dirigentes y ministros. Diseñadores de vestuarios y de currículas.

Titánica tarea. Pero hay que hacerla.

La vida de semejante festejo solo se garantiza si se mete en la vida de todos. Si la respiramos y no la escondemos cuanto termina febrero. Si la discutimos. Si la estudiamos.

Mientras esto no se dé, seguirá siendo un carnaval de locos. Porque al resto le importa poco y nada sobre Momo, cuando no hay pachanga. A tal punto que son contados los que saben quien demonios es ese fulano de la Alegria o por que hay tanta carne al asador.

Hay una linda tarea por delante Y mucho para empezar a desarrollar desde ya. Metámosle pata. No sea cosa que, de tanta pasividad repetida y de tanta discusion absurda un dia de estos Momo se nos cague aburriendo, muriendo. O armando sus calchas y mandándose a mudar. Como alguna vez ya hizo.