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Por Guillermo Andino, para Infobae

El día en que la presidenta de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas conoció la tumba de su hermano


Eduardo Araujo fue durante 37 años “soldado conocido solo por Dios”. Tras ser identificado por el Equipo de Antropología Forense su familia pudo viajar a las islas para visitar sus restos

 

¿Para qué sirve una tumba? Suelen ser parecidas: una cruz, una flor, una foto. Alguna que otra pertenencia. Ayudan tanto a sanar, son tan necesarias como herramientas del duelo.

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Cuánto duele una tumba anónima. Un lugar en el que hay alguien que seguramente otro alguien está necesitando encontrar. Otro alguien que ciertamente está queriendo sanar.

Fernanda Araujo logró que identificaran los restos de su hermano Eduardo 37 años después de la Guerra de Malvinas

Hace muy poco tiempo que en el cementerio de Darwin, casi con orgullo, una imagen reza: "Tengo nombre y apellido, no soy NN. Soldado C62 Elvio Eduardo Araujo". Se trata de un combatiente caído al que su familia no vio más tras su partida a las islas. A ese dolor por el ser perdido se le sumaron 37 años de desasosiego por el desconocimiento sobre el destino de sus restos mortales. Resulta increíble: casi cuatro décadas después de muerte su cuerpo fue identificado en el marco de las actividades del Plan Proyecto Humanitario Malvinas.

La última persona que lo amaba y lo vio con vida en el continente fue su hermanita. Al partir hacia Malvinas él se despidió jovial y optimista como en cada día de su vida: "Venceremos y volveremos", fue su último grito.

Fernanda tenía tan solo 9 años cuando su hermano fue convocado para luchar en la Guerra Malvinas

La niña, que contaba entonces con apenas 9 años, no olvidaría jamás aquella escena. Eduardo no regresaría. María Fernanda Araujo se convertiría, muchos años después, en la presidenta de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas. Saber qué había pasado y dónde estaban los restos de su hermano se convirtió en una razón de existir.

Sería el pasado 13 de marzo el momento en el que Fernanda podría situar el cuerpo de Eduardo, ahora enterrado e identificado. Sería 37 años después de la guerra el momento de llorarlo como nunca, abrazando una cruz identificatoria y no un rótulo de NN.

Esta hermana sufriente lucha para que Malvinas logre distinguirse de lo ocurrido durante la última dictadura: "Tiene sentido separar las dos historias: una es la de la dictadura, la de los desaparecidos, aquella triste experiencia que todavía duele. La otra es la que nace en 1982, en Malvinas, llena de dolor pero también de orgullo", señala.

Como a los otros 165 familiares, para Fernanda el viaje al cementerio de Darwin ha significado un bálsamo aliviador de tanto dolor y tanta espera. Y a su vez, le pide al Estado que logre los recursos y la voluntad humanitaria para que los familiares puedan continuar viajando y visitando a sus seres queridos: "Mi hermano dio todo por la Patria sin pedir nada a cambio. Lo mínimo que puede hacer la Patria por los familiares es llevarnos un ratito al cementerio. Quienes hemos sufrido una pérdida así necesitamos estar juntos, acompañarnos, con un mate y un abrazo en silencio. Eso nos ayuda a sanar, como pasa en cualquier cementerio común", señala Araujo.

Fernanda conoció las Islas Malvinas después de 37 años de incertidumbre y dolor

En aquel viaje a Malvinas, Fernanda tendría la responsabilidad de tomar el micrófono y dirigirse a las 164 personas presentes en Darwin que habían viajado con ella. Solo les pidió que se abrazaran y que en ese abrazo incorporaran a todos los familiares de Malvinas.

"Necesitamos volver todos. Todos los familiares, no solamente los de este grupo de soldados identificados. Todos. Los del Crucero General Belgrano también. Necesitamos hacer tangible esto y volver muchas veces más. No sanaremos si esto queda en una simple y única visita", refuerza convencida.
Fernanda conoció Malvinas después de 37 años de incertidumbre y dolor. Allí vio la tumba de su hermano y pudo quitar una espina de su alma. Supo décadas después de la muerte de su hermano que él jamás había perdido la alegría y el entusiasmo. Que cantaba canciones de rock a sus compañeros cuando los intervalos entre las bombas y las ráfagas se lo permitían.

Eduardo yace en las islas. Estuvo muchos años "enterrado sin duelo, entre la playa y el cielo", como dijo Serrat alguna vez. Pero eso ya pasó.

Hoy su hermana, su familia y el mundo entero saben, por fin, dónde está el cuerpo del heroico soldado C62 Elvio Eduardo Araujo.