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El héroe que hay en vos

Por Daniel Collinett  

En tiempos de manuales gordos, era común encontrarse con él. Y la verdad, impactaba. Más aún cuando lo debíamos estudiar.

En pocas palabras, te encontrabas con mucho. Daba para la admiración. Para querer imitarlo. Para volverte fan o seguidor, si fuera en estos tiempos. Ni hablar de los días en que la escuela se vestía de acto y por obra y gracia de una maestra a la que le caíste en gracia, te tocaba tomar parte.

Hacer de él o de los suyos, era al menos desafiante, aunque para llegar a pararte delante del telón, tuvieras que haberte aprendido de memoria lo que tenías que decir, rogando que eso que repetiste como loro durante varias noches, no se borre cuando te pongan delante de gente y delante del micrófono.

Un poco así aprendimos a quererlo. Otro tanto en más de una plaza que lo metió en el centro, no por casualidad. Vinieron después los que metieron mano en la historia y lo sacaron un poco de aquella altura, para conocer al humano. Y se encontraron con un tipo que se metió en todas las generaciones, no por capricho ni por falsas promesas: por sueños grandes, vida heroica y libertades bien entendidas.

Queríamos ser "ese". O su sargento que le salvó la vida despues de batir al enemigo. Queríamos un caballo blanco. Convertirnos un ratito en granaderos. Y liberar a Dios y María Santísima. Luchar por lo que era justo.

Por estos días en los que andamos de paso, sería bueno que empecemos a recordar y releer, aunque sea con la inocencia de manuales, la historia de un gente que pasó y no en vano. Para darnos eso que segun decimos unos y otros, pretendemos alcanzar. Imitar en cuerpo y alma, pero principalmente en valores a quienes se hicieron grandes, me parece, es un tanto, nuestra labor para empezar a cambiar las cosas.

Buscando lo mejor para todos desde el espacio que a cada uno le corresponde. Porque cada uno de nosotros tiene su propia Cordillera. Su Chacabuco. Su San Lorenzo. Y más temprano que tarde, a cada uno le llega su San Martín.