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El Carnaval de "La plancha"

Por Gerónimo Salinas  

Va subiendo la temperatura en la ciudad y cuando baja el sol, los parches empiezan a sonar.

Inscripciones por acá, compran plumas de por allá, eligen bastoneras como si de tareas titánicas se trataran. La mano de obra, como siempre, está. Es que el comparsero siempre es materia predispuesta –y vaya que los utilizan- mientras tanto, dirigentes entran y salen de la gran casa por calle 25 de mayo, suenan los teléfonos en Buenos Aires y cuando se puede, los atienden. A la par, los “dueños de la fiesta”, que se la prestan a los foráneos ponen fecha y a esperar.

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A esperar que llegue nomas febrero, total, frente al micrófono ya todos hablaron y contaron como todo el año iban trabajar arduamente en enriquecer la fiesta y perfeccionarla en conjunto con todos sus hacedores. Pero los hacedores no aparecieron ni por asomo, y la constitución de la fiesta hizo la plancha 9 meses al igual que sus redactores – que son muchos- y casi que junta tanto polvo como el faisán que está guardado en algún rincón de casa para ser usado, más o menos, el año que viene. Y el año que viene está más cerca del que se nos va, ¿otra vez será?

Si de pasiones hablamos, el Carnaval de Corrientes responde a este concepto casi con perfección y es comparable con la mayor pasión del argento promedio; el fútbol. Aunque no conozco con detalles su reglamentación –nunca me di muy bien con eso del "orsai", penal y esa jerga tribunera- pero si algo está a la vista en ese deporte es que los mejores quedan en lo mejor del podio, los más o menos buenos luchan por quedarse en un lugar seguro, y los peores que son aquellos que no invirtieron en jugadores, que no generaron prácticas acordes a sus oponentes, que no supieron seleccionar a sus directores y decidieron dejarlo ente familia y amigos, descienden. Y no hay “lola”, eh. Quedan en lo más bajo y, un año entero tendrán que esforzarse para volver a subir, quedar en el medio o llegar a la cima. Y los pingos se ven en la cancha, el que mejoró se queda, el que no “chau chau, adiós”.

El correntino, orgulloso como pocos de lo suyo y capaz de llenarse la boca con los adjetivos más llamativos, recorre cuanto lugar pueda hablando del “exquisito nivel de nuestro Carnaval” que como éste no hay otro igual ¿Es en verdad tan exquisito? ¿Están todos a la altura de la circunstancias? Es como en el fútbol, los pingos se ven en la cancha.

Es que, como nuestro reglamento, algunos “hacedores” también hacen la plancha. Y esperan a que el cheque tenga fondos, y ahí rápido “pintame un poquito el árbol del año pasado para que parezca nuevo” “arreglame el pajarraco y agregale más plumas” “si no hay coreógrafo llamá al amigo del Dani, que es profesor de Educación Física y alguna pirueta nueva les va a enseñar” Total, bailamos un poquito como podemos unos días, juntamos el número y después “ganamos, perdimos, igual nos divertimos”.

Ahora que lo pienso bien, no sé si somos tan parecidos al fútbol, porque ahí cada quien llega a donde llega gracias a su esfuerzo, o más o menos. Y acá, acá estamos exactamente igual que siempre. Pero como la pasión puede más que otra cosa, a estirar las patas sobre la mesa en alguna casa comprada por ahí que dicen, es un taller, hacemos la plancha y que llegue nomas Don Momo, y que no se preocupe nadie que probablemente el año que viene estemos todos en el mismo lugar, y también el siguiente, y también el próximo, y el que le siga seguramente también.

Gerónimo Salinas