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Vuelos low cost: un servicio similar al clásico, pero con gastos extra y menos confort

El avión despegó y llegó de manera puntual. En el aire, la empresa vende aperitivos como café y galletitas. El aeropuerto bonaerense está en buenas condiciones, aunque con poco espacio para los pasajeros. El viaje de El Palomar a Capital Federal puede resultar una dificultad. 

 

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El avión de Flybondi partía a las 13.35 desde el aeropuerto local y el embarque iniciaba, según lo anunciado en el trámite previo, a las 12.50. El Litoral realizó el viaje, cuyo proceso comenzó en realidad varios minutos antes, ya que muchos de los pasajeros no debían despachar maletas y utilizaban sólo un bolso de mano. 
Justamente, una de las claves para pagar pasajes económicos en este tipo de servicios es llevar la menor cantidad de equipaje posible. Bonaerenses y porteños que volvían a sus casas y correntinos que viajaban a Buenos Aires conformaban una extensa fila que corrió con agilidad tras el control de rutina en los escáneres. 
La sala de espera en la planta alta del Piragine Niveyro se vio prácticamente colmada, lo que hacía suponer que el avión iría completo. Un rato antes del horario de despegue, una empleada informó los turnos para subir a la aeronave: primero los del medio, dividiéndose a su vez entre la puerta delantera y la trasera. 
En pocos minutos, el avión se completó y, tras las recomendaciones de seguridad, despegó sin inconvenientes rumbo a El Palomar. Una vez que tomó altura apareció la primera diferencia notoria de un viaje low cost con un servicio tradicional. Anunciaron el paso de las azafatas con algunos aperitivos que se encontraban a la venta. 
Así, el pasaje abonado por el usuario no incluye ningún aperitivo; aunque en un viaje corto como el de Corrientes-Buenos Aires puede parecer sólo un detalle. Algunos eligieron café o gaseosas. Una cartilla con los precios estaba a mano de cada pasajero. Allí, ofrecían, entre otros productos, barras de cereal a $50, galletitas dulces a $90; mismo precio que para algunos snacks salados. También algunos combos: un café y un alfajor a $140 o un snack con gaseosa a $160.
El vuelo transcurrió con normalidad. Sin complicaciones ni avisos especiales, cerca de las 14.40 anunciaron que el avión iniciaría en breve su descenso. Con el paso de los minutos comenzaron a divisarse por la ventanilla los primeros paisajes de Buenos Aires. Llegando a El Palomar, el avión sobrevoló por una zona poblada, donde se veían nada más que viviendas. A las 14.55, diez minutos antes de lo estipulado, la aeronave de Flybondi aterrizó en Buenos Aires. 
Nuevamente, con muchos pasajeros sin equipaje extra, el desembarco en El Palomar fue ágil. Mientras algunos esperaban sus maletas, el resto logró salir rápidamente a la calle tras cruzar el pequeño hall del aeropuerto. 

El Palomar
El aeropuerto de El Palomar se encuentra en buenas condiciones, aunque resulta pequeño para la cantidad de operaciones diarias que tiene. Las salas de espera y los lugares para comer o tomar algo resultan insuficientes. 
En las afueras, un carrito de comida rápida es una de las opciones más elegidas por los pasajeros que llegan, aunque también cuenta sólo con algunas mesas y bancos para sentarse. El movimiento es constante, ya que allí operan dos aerolíneas con más de diez destinos: Flybondi y JetSmart. 
Una vez en El Palomar, asoma la segunda diferencia importante con los servicios de Aerolíneas Argentinas: la distancia. Ubicado en la Provincia de Buenos Aires, llegar a Capital Federal resulta más complicado, o costoso, que arribando al aeroparque Jorge Newbery. 
Las opciones son varias, por un lado, una de las empresas ofrece un servicio de colectivos hasta Capital, que tiene un costo superior a los $200. Otra alternativa es el taxi, que requiere un gasto de aproximadamente el triple. 
Por último, y una particularidad de El Palomar, es su combinación con el servicio público de pasajeros. Así, por $15,50, los que llegan pueden viajar en tren hasta Retiro y, desde allí, utilizar los colectivos u otros medios para trasladarse hasta el lugar de destino. 
El viaje de vuelta a Corrientes fue similar al de ida, sin contratiempos ni complicaciones durante el vuelo, aunque con algunas incomodidades menores en el aeropuerto; más que nada por la falta de espacio y el intenso movimiento de personas que viajaban a diferentes destinos. 
La llegada fue nuevamente a horario y el descenso de los pasajeros se dio de manera ágil. En un aeropuerto casi vacío, los taxis esperaban en el playón de estacionamiento y fueron abordados por las más de 150 personas que volaron desde Buenos Aires utilizando el servicio low cost. 

 

 

Fuente: Ellitoral.com.ar

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