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El médico que fotografió un “enanito verde" junto a su familia y la banda de rock que se inspiró en la increíble historia

Hace 40 años un prestigioso infectólogo y profesor universitario de Mendoza sacó la sorprendente fotografía en Puente del Inca. Los canales de televisión tomaron el caso y los expertos analizaron la curiosa imagen de la diminuta figura “al lado de su platillo volador”. Fue tan grande la popularidad que alcanzó la familia Nobiltá que un grupo de rock se bautizó “Los enanitos verdes”. Que el enanito de la foto fuera naranja fue lo de menos. Fuente: www.infobae.com.-

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La famosa foto que la familia Nobiltá sacó en 1979 en Puente del Inca, Mendoza. La imagen la tomó el prestigioso médico y profesor universitario Juan Nobiltá. Su esposa Inés fue quien descubrió una curiosa mancha anaranjada-rojiza ubicada a la par del grupo familiar. La cabeza del “humanoide” tenía forma de cono y parecía levantar el brazo izquierdo en gesto de saludo
¿Cómo era protagonizar una experiencia sobrenatural en la Argentina en 1979? En varios sentidos

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las cosas no han cambiado. El testigo deberá sobreponerse a cierta incredulidad, los “especialistas” usarán el testimonio para sostener sus teorías y ciertos medios intentarán sacar su tajada. En otro sentido las cosas son diferentes.
Internet aturde con casos calificados a la ligera como “extraordinarios”. Así, lo que antes era casi excepcional hoy trasunta banalidad. Las redes sociales están superpobladas de personas y puntocom que generan historias de duendes de otra dimensión casi a diario. Es justificable cierta nostalgia por la credibilidad ganada con el sudor de la frente. No era fácil trucar imágenes y no era habitual que una foto fuera acompañada por testimonios convincentes.

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En 1979, fotografiar un enano de otro mundo era una noticia de llegada rápida a las primeras planas. Era una historia colorida que permitía discutir sobre la existencia o no de extraterrestres en prime time.
Fue tan grande la popularidad que alcanzó el caso de la familia Nobiltá que una banda de rock quiso llamarse “Los enanitos verdes”. Que el enanito de la foto fuera naranja era lo de menos.

A fines de los 70, si el fotógrafo era un médico prestigioso y éste poseía el aval de un profesor universitario, era suficiente para sostener que la foto de una mancha con forma humanoide correspondía a un extraterrestre en un programa de gran audiencia. Tal vez por eso el ufólogo que defendió el carácter sobrenatural de la imagen inusual de la foto recién puso el acelerador a la investigación meses después, cuando el caso había alcanzado máxima visibilidad.
El caso Nobiltá impuso en los medios argentinos la categoría “enanitos verdes”, mezcla de

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gnomos y marcianos (mitológicamente verdes). El estereotipo reapareció en diciembre de 1983 en Villa Montoro, en el conurbano platense, Buenos Aires, y en Gobernador Ing. Valentín Virasoro, Corrientes. En 2002, durante la oleada de “vacas mutiladas”, los testigos no solo mentaron al chupacabras, una entidad de origen caribeño; también vieron enanitos verdes.
Una familia en el Cristo Redentor
Puente del Inca es una formación geológica aislada, distante a 180 kilómetros de Mendoza y a una altitud de 2.700 metros sobre el nivel del mar, en el distrito Las Cuevas. En 2014, la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su pequeña fuente termal, que posee aguas ricas en carbonato y sulfato de calcio, confiere a la tierra un color anaranjado. Algunos creen que bañarse en sus aguas es terapéutico.
Una leyenda dice que el Puente lo cruzó el joven hijo del emperador incásico en tiempos prehispánicos: atravesó esa ruta amenazado por una enfermedad de la que sanó gracias a sus aguas termales. En 2018, un estudio alertó sobre su deterioro: con 8 mil años de antigüedad, su estructura peligraba.

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Durante su segundo viaje a través de los Altos Andes, Charles Darwin estudió con atención su geología. Se detuvo ante las fuentes de aguas calientes, recogió moluscos fósiles marinos de aguas poco profundas y especuló que la cordillera seguía elevándose. Sus notas tuvieron escasa difusión: eran poco marketineras.
En su diario del Beagle (1831-1835), el naturalista inglés escribió: “cuando uno oye hablar de un puente natural, uno se ve a sí mismo en un barranco profundo y estrecho donde ha caído una gran masa de rocas, o que se ha excavado un gran arco. Pero el Puente de los Incas es un objeto miserable” (…) “no es de ninguna manera digno de los grandes monarcas cuyo nombre lleva”.
Casi 150 años después, una rara foto iba a llevar a Puente del Inca a las primeras planas.

Todo comenzó al atardecer del 25 de febrero de 1979, cuando una familia establecida en

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Guaymallén, Mendoza, volvía de una excursión al Cristo Redentor. Participaron del paseo Inés Magdalena Tecchioli (41 años), Juan Nobiltá (44) y sus hijos Alicia Inés (15), Gabriel Augusto (13) y Juan Antonio (10). También estaban Silvana Alicia y Martín Laghisz, de 10 y 5 años, sobrinos del matrimonio. Se detuvieron en la fuente termal de Puente del Inca. Juan sacó varias fotos. Usó una Kodak Instamatic 56x, por entonces la típica camarita familiar, y una película Fujicolor (126). Nadie vio nada raro. Eran cerca de las 18 horas.
Inés Tecchioli fue quien descubrió que algo más aparte de su sonrisa se destacaba en esa foto. Vio una curiosa mancha anaranjada-rojiza ubicada a la par del grupo familiar. La cabeza del “humanoide” tenía forma de cono, parece levantar el brazo izquierdo en gesto de saludo; el derecho parece cortado a la altura del antebrazo. No tiene pies y las piernas tampoco parecen integradas a lo que sería el tronco. Inés sostiene que sintió algo esa tarde. “Percibí algo raro. Algo diferente, no raro. Y cuando vi la foto me di cuenta qué era lo que había sentido.”

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“Juan sacó la foto, yo fui la insistente”, dice Inés hoy, 40 años después. Llevó el rollo a una casa de revelado, vio la figura en el último cuadro y aprovechó que los padres del ufólogo Victorio Corradi eran pacientes de su marido para obtener una opinión calificada.
Corradi era “el Fabio Zerpa mendocino”. Director del Instituto de Estudios de Fenómenos Extrahumanos “Hombre Cósmico” (IDEFEH); egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo y profesor de literatura, castellano, griego y latín, participó en persona y se encargó de defender la realidad de varios casos ovni de la región de Cuyo. El más difundido había sido el supuesto encuentro con cinco seres y un platillo volador que tuvieron el 31 de agosto de 1968 los empleados del Casino de Mendoza Juan Carlos Peccinetti y Fernando Villegas. Por entonces, Corradi integraba el Centro de Investigaciones Espaciales de Mendoza (CIEM) junto con el Dr. Ignacio Correa Llanos y Mario Rodriguez Cobos, luego conocido como Silo.
En julio de 1980 Corradi imprimió el único número de Dimensión Extrahumana, Publicación Científico-Informativa del IDEFEH. El caso Nobiltá ocupaba las 32 páginas del volumen, y cada ejemplar regalaba una copia a color de la famosa imagen.
“Yo vi el ser y tuve la sensación. Todavía me veo parada en la vereda, en el centro. Salí con la foto y sentí algo muy importante. Por eso insistía. De ahí salió una efervescencia que después amainó”, recuerda la Sra. Nobiltá.
Su esposo luego me dirá que supo de las sensaciones que tuvo su mujer cuando volvió de presentar el caso en Buenos Aires en un programa de televisión de máxima audiencia. “Mi señora me dijo: ‘Mirá, cuando vos sacaste la foto yo sentí algo raro. Tuve una sensación extraña’”.

Inés Tecchioli y Juan Nobiltá son un matrimonio moderno. Se hablan a diario y se visitan, pero viven en casas distintas. Inés hoy tiene 81 años y nació en la ciudad de Santa Fe. A los seis años fue a vivir a Huertas Grandes, Córdoba, provincia donde permaneció hasta 1965, cuando se casó con Juan y emigraron a Mendoza. De aquella experiencia casi solo habla con su hijo Gabriel, quien le dedicó a la historia un poema en un libro que publicó hace dos años.
–Detengámonos en el instante en que tuvo esa sensación...
Le recuerdo a Inés que Corradi destacó una frase suya: “Procedido el revelado del rollo pude advertir instintivamente la significativa figura que aparecía en una de las fotografías e inmediatamente relacioné este hecho con la poderosa percepción de lo extraordinario que sentí en aquel lugar y en aquella oportunidad, como esos grandes interrogantes existenciales que invariablemente nos llevan a Dios”.
“Esa frase la escribí yo”, susurra Inés. “No sé si suena un poco… no sé si absurdo, pero sentí eso. Hoy a lo mejor escribiría otra cosa. Pero el impacto fue muy fuerte.”
–Lo relaciona con Dios.
Sí, sentí como una manifestación, más allá de la foto y de lo poco que conocía de ufología. Después empecé a leer a Don Pedro Romaniuk. Tengo la casa tapada de papeles.
–¿Antes de la foto estaba familiarizada con el tema?
-Sí, había ido a conferencias de Fabio Zerpa. Yo vivía en Córdoba, donde siempre se hablaron de estas cosas.