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Érica Rivas: "Hasta hace poco no sabía que en medio de una relación sexual podés decir que no”

“Aunque mi feminismo es pacifista, abrazo a las mujeres más violentas”, afirma la actriz. Además, habla del desafío de adaptar los textos de “Casados con hijos” a la época actual y cuenta cómo es su vínculo con Maria Elena Fuseneco


“Debo confesarte que cuando me convoca una directora mujer tiene un gran porcentaje de ganas mías de participar”, se sincera Érica Rivas sobre Los sonámbulos, la película que la tiene como protagonista. "Porque nosotras pedimos el cupo, porque sé lo difícil que es como mujer poder llegar a ciertos ámbitos -argumenta-. Además porque también, y esto es así, sin subjetividades, las historias que me llegan escritas por mujeres tienen una sensibilidad distinta, un lugar de exploración que a mí me interesa”.

¿Uno puede estar dormido encontrándose despierto? Esa es la pregunta que genera el filme de Paula Hernández donde, más allá de la patología en sí misma, se cuenta una historia de vínculos, de familia, de maternidad y también de lo que sufrimos las mujeres. “Para mí es una metáfora muy interesante la del sonámbulo porque también es un lugar en el que el cuerpo actúa cosas que no pudo sacar a la luz en la vigilia. No solamente la cabeza crea sueños, sino que el cuerpo necesita accionar en el sonambulismo".

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¿Y qué hacemos las mujeres cuando aprendemos eso con todo lo que miramos para atrás, y vemos que hicimos cosas que no queríamos hacer?

—Nos volvemos locas. Tenemos que tomar pastillas. Nos angustiamos muchísimo. No sabemos cómo reaccionar. La otra vez, y hablando también de esta película, una amiga había leído el guión y me dijo: “Pero a ella le gusta él, ella le saca fotos”. Cuando yo le pude explicar de lo que se trataba esta película, que ella de la que habla tiene 14, que él tiene 24, y que eso es un abuso, me dijo: “Entonces qué, ¿yo me voy a tener que replantear toda mi vida? ¿Todos mis matrimonios? ¿Todas mis relaciones con los hombres?”. “Y... sí, sí”. “Entonces, ¿qué tenemos que hacer, qué va a pasar?”. “Y... sí”. Nos tenemos entre nosotras para sostenernos en esa angustia, pero todas estamos angustiadas por eso, no solamente los hombres porque no saben qué hacer, sino por nosotras mismas, por habernos dejado ultrajar durante tantos años. Y por eso también, aunque mi feminismo es pacifista, abrazo a las mujeres más violentas. Primero porque ninguna mujer luchando por los derechos femeninos ha matado a nadie. Lo máximo que habremos hecho es hacer pis en la Catedral, pintar paredes, tirar bombas de pintura, no sé, pero nadie agarró un arma y mató a un montón de gente, de hombres, que podríamos haberlo hecho en todos estos miles de años. Demasiado buenas somos. Por eso también abrazo eso. Es una necesidad que siempre se la puso del lado de los hombres. Esa necesidad violenta, y a una mujer que la han violado muchas veces, que han matado a sus hijos, o a su hija, ¿no puede ser violenta? No, la mujer no puede ser violenta. Es una naturalización de ese sello que nos han puesto de: “Las mujeres somos buenas, cuidamos, somos pacíficas, somos amorosas con el otro y con el mundo”. Eso desde que nacemos hace que nosotras, ¿hace? Es una pregunta. ¿Hace que nosotras no podamos agarrar… ser justicieras de mano propia? Y yo te diría que soy pacifista, pero no soy pacifista fundamentalmente porque creo que el futuro no es ese, sino porque veo que en el pasado tampoco lo fue. Y la pregunta sobre si eso es algo aprendido por haber nacido mujeres, pero también porque nosotras tenemos a las Madres, a las Abuelas de Plaza de Mayo, y ninguna ha hecho eso. Las tenemos a las Madres del Dolor. Tenemos a un montón de agrupaciones de mujeres a las que les han pasado cosas terribles con sus hijos.