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Emilio Monzó: "Macri no tendría que haber sido candidato a presidente"

 Ovacionado por sus colegas de la Cámara de Diputados cuando dejó la presidencia, Monzó marca su posición disidente dentro de su propio partido, lejos del actual mandatario y de María Eugenia Vidal, de quien, sin embargo, piensa que hubiera sido mejor candidata a la Nación que a la Provincia. 

El último reportaje largo que hicimos fue en 2017.

—Desde ahí y hasta este momento no di más reportajes. Pero esta semana decidí hablar para hacer un cierre de mi etapa como presidente de la Cámara de Diputados. Después me tomaré un buen tiempo para descansar y meditar un poco.

—¿Qué significa que la coalición PRO, UCR, Coalición Cívica haya obtenido casi el 41% de los votos contra los 34 que tuvo en la primera vuelta de 2015?

—Hay que mirar el proceso. Y considerar que no es lo mismo la primera vuelta que el ballottage. En el 2015 hubo PASO en la coalición con Ernesto Sanz como candidato también. Ahí hubo un porcentaje bastante importante en favor de Mauricio, pero hubo primarias. Ahora, en cambio, las PASO funcionaron como una primera vuelta, mientras que las generales funcionaron realmente como un ballottage. Eso explicaría la diferencia entre el 2015 y 2019.

—La comparación debería hacerse entre ambos ballottages: el poco más de 40% de ahora y los 51,40% de 2015.

—Sí, pero también es parcializar, porque en el ballottage de entonces no había terceros actores y acá sí los hubo, como sucedió con Roberto Lavagna. Hay cuestiones que tienen que ver con el sistema electoral y la percepción de la sociedad fue distinta. De hecho, vivimos un proceso que invita a una reflexión a los próximos legisladores sobre el sistema que tenemos nosotros de elección. Las PASO tienen que ser motivo de discusión, especialmente la cuestión del tiempo entre las primarias y las generales. Tengo posición tomada respecto a la obligatoriedad de la elección. También eso incide en la sensación mayor aún de que ya se eligió el próximo presidente antes de tiempo.

 

—¿PASO no obligatorias?

Sí. Donde no haya competencia, no tiene por qué haber PASO. Es lo que sucedía con las viejas primarias. Debería haber reglas, impuestas por ley, en las que existan seguridades para quien desee competir. Pero realmente es un absurdo que obliguemos a espacios políticos a intervenir en una contienda cuando no hay competencia con el gasto que significa para el Estado. Lo que pasó en las últimas PASO invita a una reflexión y a mejorar el sistema. Los argentinos estamos en un momento de crisis, de incertidumbre, que va a durar casi medio año, con un presidente virtual de la Nación durante varios meses. De hecho, el sistema obligó a un cambio de criterio a lo largo de la campaña. Mauricio Macri desde las PASO a la general actuó como un opositor siendo presidente de la Nación y Alberto Fernández producto de la misma circunstancia tuvo que actuar como si ya fuera Presidente, con la responsabilidad que eso implicaba. Todo esto tergiversa el análisis sobre la opinión pública.

—¿Cuál es el valor de que la coalición tenga hoy 119 diputados, 56 del PRO, 47 de la Unión Cívica Radical, 14 de la Coalición Cívica, una mejor posición que la de 2015?

—Significa un número muy importante. Y como consecuencia de ello también una responsabilidad muy importante para los dirigentes que conducen a esos 119 legisladores. No me olvido del proceso que vivimos a la inversa. Es un fenómeno para observar detenidamente en los próximos meses. Cuando asumimos en 2015, el justicialismo o el Frente para la Victoria asumió tenía una cantidad de diputados parecida. Es el mismo esquema de entonces. Después de la derrota, Cristina Kirchner buscó fortalecer su identidad como kirchnerista, como Frente para la Victoria. Eso produjo que el bloque se quiebre internamente y que los peronistas más tradicionales busquen diferenciarse de esa oposición. A nosotros eso nos permitió conseguir el quórum y trabajar muchas leyes. Hay que mirar de la misma manera a Cambiemos, poner el detalle allí. Porque aquello se originó en un partido tradicional donde tiene mucho arraigo territorial, mientras que lo nuestro es una coalición.

—Más frágil.

—No hubo hasta ahora una identidad superadora. Siguen siendo partes. Creo que vamos a vivir un proceso en el que los radicales van a buscar identificarse rápidamente como tales, el PRO ya lo vemos identificándose como el PRO. Eso es porque no hubo una identidad superadora; fue una coalición electoral, ni siquiera de gobierno. Lilita Carrió seguramente va a buscar un perfil distintivo y ahí mi disyuntiva. Mauricio Macri tiene una gran responsabilidad. Porque si hay una identidad, esa está en una persona. No es institucional. Mauricio fue el presidente de esa coalición y sería un error que se convierta en un dirigente exclusivamente del PRO. Tiene la pátina del todo. Si se queda solo en su partido, corre el riesgo que le suceda lo de Cristina: que se partan los bloques por enfatizar las identidades individuales. Puede suceder que algunos candidatos queden como independientes y eso facilita el trabajo del otro sector para conseguir quórum.

 

—¿Diez diputados estarían considerando establecer una bancada aparte dentro del interbloque de Juntos por el Cambio?

—Hay cuatro que son cinco, que tienen razón en hacer un bloque propio. De hecho, es un espejo con el Senado de la Nación. En el Senado de la Nación el interbloque de Cambiemos lo conformaban Juan Carlos Romero de Salta, Carlos Reutemann de Santa Fe, Roberto Basualdo de San Juan, Claudio Poggi de San Luis, Lucila Crexell de Neuquén. Tienen una pertenencia distinta al PRO. En el origen de la discusión está eso. Hoy el PRO exige una fuerte homogeneidad. Y la heterogeneidad hace bien. En el Senado se respetó. Y esos cinco diputados, no me refiero a los cinco que están en mi equipo, sino a los otros cinco diputados nacionales, vienen de partidos provinciales que formaron parte de la coalición electoral y quieren seguir manteniendo su identidad territorial. No se les puede pedir a esos dirigentes que se pinten de amarillo. Van a defender su propia legitimidad territorial y van a decir no. Con esa exigencia, puede pasar lo mismo que con el Frente para la Victoria hace unos años. Les puede suceder que se sientan más cómodos con el trato desde el oficialismo y sean parte de acuerdos políticos con el gobierno de Alberto Fernández.

—En ese caso, en lugar de 119 diputados, serían 109.

—Esto comenzó en una reunión de bloque normal de rutina, convocada hace veinte días por el presidente del bloque para discutir libremente el resultado electoral. Es un dirigente político, joven y con mucho futuro y potencial que es de General Pico, La Pampa, Martín Maquieira. Fue candidato a intendente. Es muy joven y muy trabajador en el territorio. Y formuló una crítica al esquema de conducción del PRO. Y es un chico del partido y del bloque PRO. Y esa crítica se expandió de esa reunión y tiene bastante consenso federal, por decirlo de otra manera.

—Excede a los bonaerenses.

—También del interior. Después, hubo tres reuniones más de diferentes bloques, entre ellos una reunión con diputados nacionales conocidos míos o con los que tengo alguna afinidad. Así comenzó a expandirse la crítica. Se agrava con la decisión de elegir a Cristian Ritondo como presidente del bloque. No es un tema con Cristian Ritondo al que respetan por trayectoria, por el laburo que ha hecho en la provincia de Buenos Aires, pero sí con el esquema de toma de decisiones.

—¿La crítica llega hasta Mauricio Macri?

—Exactamente. Es una crítica a ese sistema. Es un grupo mayor de cuatro o cinco diputados. No solo son las personas que me responden. Hay una crítica federal frente a una concepción unitaria del sistema político. Eso se refleja en los medios con alguna separación. Creo que se va a poder saldar, pero si el esquema sigue siendo el mismo, que luego se proyecta a errores de gestión, me parece que vamos rumbo a ser un partido testimonial. 

Fuente: Perfil