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En el nombre del Gaucho

Por Moni Munilla  

El campo se tiñe de rojo a los costados de la ruta que lleva al santuario del Gaucho Antonio Cruz Gil, en las cercanías de la localidad de Mercedes, Corrientes, Argentina. El 8 de enero, es la fecha que se presume murió, allá por 1800 y tantos, Antonio Mamerto Gil Nuñez y entre los consabidos relatos que de generación en generación, han convertido esta historia en leyenda, surgen los atributos que dispensan a su valentía, a su concepto de igualdad de clases cuando de defender a sus hermanos se trataba y luego, por supuesto, el don de conceder milagros, que es un don en el que creo fervientemente, siempre en el nombre de Dios Nuestro Señor.

Cuando paso por ese santuario a la vera de la ruta 123, tan cerca el viento de mi urgencia por bajar del auto a conversarle al Gaucho mis alegrías, de retribuir sus gracias con cuatro velas que enciendo emocionada para apropiarme de esos pocos minutos que siento son míos tan internamente como me nacen, me maravilla el hecho de ofrecer mi fe a su causa, mi creencia compartida con personas que no conozco y con las cuales sin embargo intercambio sonrisas solo para asentir y repetir, mientras el fuego de las velas nos consume las palabras que queremos decir: “Vine a saludar al Gaucho, a decirle gracias, a pedirle porque el Gaucho cumple, vine a contarle porque él me escucha, vine a prometer, porque corresponde que algo deje de mi parte para que podamos entendernos”.

Sea el viaje de corto trayecto, por obligación o de paseo, con el frío invierno o bajo el sol abrasador, yo creo en mi pequeño milagro de bajar a saludar al Gaucho y no puedo ni quiero evitar emocionarme ante esa ermita que guarda fragmentos de tantas vidas unidas en la súplica. Leo los nombres de quienes pasan por el lugar, los imagino contentos, preocupados, tímidos y exultantes ante la imagen de yeso que dibuja la silueta de Antonio Gil.

Por eso, este 8 de enero, mi oración se alza en Cruz hacia tu cielo Antonio Gil. Y entrelazo las manos para rezar como manda mi fe cristiana. Desde el camino, veo flamear las rojas banderas, la gente oprime contra su pecho, el vuelo de otra oración idéntica a la mía. Porque todos gritamos para adentro, el mismo deseo que enciende la llama de un puñado de velas rojas: paz, pan, salud, trabajo. El amor de la familia. Después, nada más Gaucho querido. Y gracias por todo.

Moni Munilla.

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