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El Pepo habló desde la prisión domiciliaria: “La trompada más dura que me dio la vida"

El cantante de cumbia y su presente en su casa de Santos Lugares, después de haber estado detenido 150 días en el penal.

El ex lider de la banda Los Gedes es uno de los cantantes más populares de Argentina.

Desde el 20 de diciembre, El Pepo es controlado por medio de una tobillera electrónica mientras cumple prisión domiciliaria en su casa de Santos Lugares por dictamen del juez Mariano Caseaux, que consideró que no existía peligro de fuga. 

Acusado de doble homicidio culposo por conducir de manera imprudente en el accidente en el que murieron sus amigos, Ignacio Abosaleh y el trompetista Nicolás Carabajal, el cantante de cumbia rompió el silencio y brindó una entrevista a Luis Ventura para su programa Secretos verdaderos, por América. 

Rodeado de plantas, en el patio de la casa a la que regresó después de pasar 150 días en el penal, Rubén Darío Castiñeiras se mostró abierto a la charla íntima.

Para empezar, destacó el importante rol de sostén de su mujer y madre e su hijo, Ian, de 16 años, con quien al momento del trágico episodio estaban distanciados, pero intentando retomar la relación. "Nunca dejamos de vernos, siempre tratando de reconstruir", aseguró el artista.

"Ella es quien me empuja a salir adelante", dijo sobre Josefina, con quien vive desde hace tres años en esta construcción que, apenas vieron, sintieron que tenía que ser su hogar. Y en la que vivieron "buenos y malos momentos".

Los negativos, fundamentalmente, estuvieron relacionados con sus problemas de adicción. De hecho, El Pepo contó que cuando ocurrió el accidente por el que está imputado había decidido irse del hogar familiar por un tiempo.

"Me había ido a vivir a otro lado porque no estaba bien. Y como acá vive Ian, no tienen por qué pasar por ciertas cosas que no son buenas para un pibe de 16 años", explicó. 

"LO QUE ME PASÓ EL 20 DE JULIO A LA MADRUGADA FUE LA TROMPADA MÁS DURA QUE ME DIO LA VIDA".

Aquella noche en la murieron sus amigos con él al volante, le hizo dimensionar a Pepo el tren de excesos al que se había subido.

Así lo reconoció: "Primero que todo, soy consciente de que tengo una enfermedad. Hoy, lo que me pasó el 20 de julio a la madrugada, junto con la muerte de mi viejo, fue la trompada más dura que me dio la vida".

 

 

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