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Un mapa con la evolución del coronavirus en el mundo en el comando de control del Departamento de Salud de Estados Unidos en Washington, DC (REUTERS/Carlos Barria)

Todo comenzó en diciembre, en la ciudad china de Wuhan. Los hospitales empezaron a recibir a decenas de personas con neumonía y, tras practicarle los exámenes pertinentes, descubrían que no estaban infectados con ninguno de los virus conocidos. El gobierno chino trato de mantener la información en reserva. Los pocos médicos que intentaron encender una señal de alarma, fueron sancionados por el régimen. Pero los casos fueron en aumento.

El 31 de diciembre, China avisó finalmente a la Organización Mundial de la Salud sobre un nuevo y desconocido virus. Al día siguiente, las autoridades clausuraron el mercado de Wuhan donde se vendían animales vivos: las sospecha es que una sopa de murciélago fue el origen del nuevos virus.

El 7 de enero las autoridades chinas dicen haber identificado al nuevo coronavirus: pasarían unas semanas hasta que recibiera su nombre oficial Covid-19.

El 11 de enero, el gobierno chino informa del primer fallecimiento, un hombre de 65 años afectado por el nuevo coronavirus. Fue el comienzo de una catarata de enfermos y muertos que se desaparramó primero pro China y luego se transformó en una pandemia global.

Pasaron casi tres meses y el mundo enfrenta una crisis sanitaria que tendrá devastadoras consecuencias económicas como no se recuerda otra en un siglo.