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Lamas y una radiografía japonesa: cómo controlaron la pandemia y tomaron la suspensión de los Juegos

El ex entrenador de la Generación Dorada le dio un salto de calidad al seleccionado japonés. Cuenta las claves que allá les permite superar el Coronavirus y describe cómo afrontarán la decisión de que los Juegos pasen a 2021

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Era principios de 2017 cuando el Director Deportivo de la Federación Japonesa (Tomoya Higashino) vino a buscarlo, cuando él estaba dirigiendo a San Lorenzo. “Es un gran admirador del básquet argentino. Yo lo conocí en 2011 y años después me vino a hablar para este proyecto de relanzamiento del básquet de su país”, cuenta Julio Lamas desde su casa en Núñez, donde pasa la cuarentena social y obligatoria dictada por el gobierno argentino. Está contento y cómodo, “la llevo muy bien. El encierro no es lo mío, pero cuando estoy allá extraño tanto a mi familia que ahora aprovecho para hacer actividades y tener charlas con ellos”, admite este entrenador que ha sido determinante en el éxito argentino (en clubes y la Selección), pero ahora también es reconocido en el mundo como el maestro que ha logrado que Japón diera un salto de calidad internacional. Conversar con Julio es siempre interesante.

Tiene sentido común, cultura general y muchas inquietudes. Por eso se le puede preguntar mucho más que de básquet. Y ahora, en tiempos de pandemia y suspensión olímpica, es el hombre indicado para consultarlo sobre cómo Japón ha enfrentado (con éxito) la propagación del virus y, a la vez, cómo lo ha golpeado la cancelación de los Juegos Olímpicos. Por eso Infobae le propuso un mano a mano que fue mucho más allá de su riquísima experiencia nipona, la cual también se abordará con detalle.

Lamas volvió el 28 de febrero de Japón. Allí estuvo durante la curva ascendente del coronavirus, luego de su origen en China. Cuenta que hoy, como antes, la cuarentena japonesa es voluntaria. “La diferencia es que allá las reglas se respetan a morir y si la gobernadora de Tokio dice ‘este fin de semana se quedan en casa’, nadie se mueve”, explica.

Julio fundamenta cómo la forma de ser de los japoneses y las medidas del gobierno, con ayuda de la tecnología, resultaron decisivas para que el virus sea controlado, a diferencia de lo que pasó en Italia o España. Primero dieron la orden de trabajar desde la casa. En Japón no hay dramas, están acostumbrados a eso, tienen todo, además de la tranquilidad de trabajar en blanco. Entonces, nadie teme por su dinero. Sumá que allá son amantes del barbijo y nadie se toca por la calle. Por ejemplo, si el japonés si se sube al ascensor con vos, se pone del otro lado del aparato. No te invade tu lugar. Además, encima que sus ciudades son muy limpias, destinaron mucho recursos a desinfectar las calles. Y lo más llamativo es cómo usaron la Big Data para reconocer contagiados y aislarlos rápidamente. Ellos tienen miles de cámaras y, por el manejo de los datos que tienen, la población está registrada. Así el gobierno puede descubrir, con alto grado de acierto, quién está contagiado y luego lo pasa a cuarentena. En otros lugares se cierran las fronteras, pero eso es del siglo pasado. Allá se manejan con otras herramientas… Y si encima le agregás que su sistema de salud tiene 13 camas cada 1000 personas, cuando acá hay 1.5 cada

1000 y en otros países de Europa, 4.5 cada 1000, ellos sacan una gran ventaja”, explica Julio, con una envidiable precisión periodística.

-En el Mundial 2006 hubo un terremoto. Cuando terminó, al rato todos seguían con su vida, normalmente, sin nervios. Están adaptados a estas cosas.
 
-Tal cual, es así. Ellos viven pensando que se les viene un terremoto, un tsunami, alguna catástrofe. Entonces no se ponen nerviosos. Saben que esas cosas pasan y están superpreparados. Yo he tenido reuniones con un tifón en las calles. Cuando me avisaron que venía, les pregunté: “¿Entonces se suspende?”. Me respondieron: “No, tranquilo, nosotros estamos adentro”.
¿Y en la Argentina cómo has visto la respuesta de la gente y las autoridades?

-Mejor a los políticos que a la gente. Si bien hay millones de ciudadanos que están cumpliendo el aislamiento obligatorio, me parece que esta vez el camino lo marcaron de arriba. Alberto (Fernández) la rompió, Larreta y Kicillof lo ayudaron. Porque además de reaccionar rápido y dictar la cuarentena, han dado un paso más en vigilar el cumplimiento, algo clave para el argentino, al que le gusta cumplir menos… Creo que nos ayudó la información de Italia, nos puso el miedo suficiente, pero fue clave lo del gobierno. Tuvo la info de que esto era serio y actuó muy bien.
-Japón suspendió los Juegos. ¿Cómo tomaste la noticia? Imagino que tenías todo planeado, había mucha expectativa en el país, aunque a la vez quizás un año más de trabajo te sirva para estar un poco más cerca de los seleccionados top…

-Sí, un poco de las dos. La cancelación es un golpe que el país deberá superar. Pero, dadas las circunstancias, es lo mejor que podía pasar. A la selección de básquet no le viene mal. Rui Hachimura (NBA, Washington), Yuta Watanabe (NBA, Memphis) y Yudai Baba (G League, Texas Legends), las figuras jóvenes, tendrán un año más y eso les dará mayor madurez como jugadores y personas. Tendremos que rearmar el calendario y seguir desarrollando jugadores, sobre todo en los hábitos alimenticios, los entrenamientos personales y en la cuestión atlética.

-¿Cómo ha sido este proceso porque tenés algunos talentos importantes, como los dos chicos en la NBA, pero no es fácil competir al máximo nivel, como te piden?

-En este momento estamos en esta etapa, de dar otro paso más. El primero fue en Asia y Oceanía. De hecho, ganamos los últimos 9 partidos, desde el primero, ante Australia, hasta el último, contra China Taipei. Hoy somos competitivos, podemos ganarles a todos. En esa región, que es la tercera a nivel FIBA, trepamos hasta el segundo escalón, con China, Corea del Sur, Nueva Zelanda e Irán, países con los que antes perdíamos siempre. Pero, claro, el Mundial nos demostró que es otro nivel, otra categoría. Y para poder competir ahí debemos mejorar más. Tener una defensa más intensa, usar mejor los contactos legales y lograr un deseo superior, ir por mayores desafíos…
-Pero, pensando en el japonés, ¿cómo hacés para lograr que tengan la ambición, ese hambre voraz que por caso tenía Nocioni, cuando ellos tienen su vida resuelta? Y, ya que nombraste el tema contactos, hay veces que, cuando das ventajas y querés ir por más, es necesario usar algunos ilegales que no se pitan. Y no sé si el japonés está dispuesto a hacerlo. ¿Me explico?

-Sí, claramente (se ríe). Eso lo pienso todos los días. Pero acá yo no busco que el japonés se comporte como otras personas o que se acostumbre a jugar como Argentina o España. Porque tampoco vamos a hacer las cosas como Chapu (se ríe). Tenemos que mejorar en lo contactos legales, cortinas, box out y penetraciones, pero dentro de la oediencia de las reglas. Yo no quiero cambiar la cultura japonesa. Ni adentro ni afuera de la cancha porque la respeto mucho. Yo acá me adapté y cambio lo que puedo. Por ejemplo, acá la edad es una jerarquía y un jugador de 23 años se refiere a uno de 26 como señor. “Daiki San” le dice antes de pedirle la pelota. Pero en el grupo hicimos un pacto, para prácticas y partidos, de que eso no es necesario. Acordamos que puedan decirse directamente ‘cortiname’, ‘marcá’, ‘pasame la pelota’. Para que seamos todos iguales. Lo aceptaron los grandes y creo que eso nos ayudará.
 
El tema del respeto al contacto físico en Japón se trasladó al básquet, y Lamas tuvo que manejar ese concepto para que los jugadores no quedaran en desventaja al resto del mundo más acostumbrado a la fricción. (FIBA)
-¿Y qué es lo mejor o lo peor del japonés promedio?

-La inteligencia es lo mejor. Y su educación. Debe mejorar en el uso de los contactos, como dije. Y en el deseo de ir por más, algo importante para competir en el alto rendimiento. Sé que no va a tener el hambre del argentino, esa palabra acá no es un motor, pero sí el deseo, el desafío… Yo y todo el staff estamos convencidos de que es el camino. Y acá trabaja gente de mucha experiencia en USA. Estamos buscando un traje a medida para Japón, como cada país tiene el suyo. Sumarle una mejor condición atlética, rubro en el que hemos mejorado pero todavía falta. Que sigan progresando en la alimentación y en el entrenamiento individual. Tenemos cosas por delante, a largo plazo el Mundial 2023, que Japón organizará con otros dos países, y en el corto, en mayo, un campamento de desarrollo de jugadores. Estamos en pleno proyecto de resurgimiento y acá se reconoce mucho el camino, lo que venimos logrando, el haber podido regresar al mundo.
-Vos patentaste una frase muy inteligente que dice que al jugador hay que ver si le tocás el bolsillo, la cabeza o el corazón, porque hay distintas personas. ¿Qué les tocaste a los japoneses para llegarles? Porque imagino que el bolsillo no, tal vez tampoco el corazón…

-Ojo que acá también hay interesados en la dinero y hay personas más cercanas en el corazón. Pero entiendo lo que decís… Yo me pasé los primeros dos años tratando de saltar esa barrera con los jugadores. Acá hay un gran respeto a la jerarquía, al que manda, por eso me costó muchísimo acercarme a ellos. Primero poder comunicarme y luego ganarme su confianza. Con los jóvenes fue más rápido porque allá se produjo un cambio social. Pero con el resto no resultó fácil.
-¿Alguna anécdota que refleje esa dificultad?

-Lo primero que traté de hacer fue sacarlos del ambiente laboral, ir a tomar un café o a cenar, para hablar de ellos, de su esposa, hijos o madre... Un día invité a cenar a Makoto Hiejima y cuando estábamos por pedir, le pregunté si quería comer pescado, carne o pollo. Me respondió “lo que usted diga”. Y, cuando estábamos por pedir, recibí la llamada de mi asistente y cuando le cuento me dice que “Mako es alérgico al pescado, pero va a hacer lo que vos digas”. No me quería desobedecer, y yo no podía creerlo. Pero aproveché eso para acercarme de otra manera. Le pedí que me dijera lo que fuera, lo que necesitara, que venía de otro lugar, donde el jugador es lo más importante, que si yo no tengo la confianza del jugador, no tengo nada… Así fue que destiné, antes de cada entrenamiento, una hora para que los jugadores vengan a mi oficina a charlar. Y, si no vienen, los llamo yo.
-Debés haber crecido mucho como conductor. ¿Qué aprendiste de esta experiencia?


-Mucho. He tenido que cambiar muchas cosas. En Argentina a veces hay que poner el límite, enojarse, pero allá no. Al revés, hay que invitarlos a que tomen decisiones, a que se equivoquen sin preocuparse tanto. Entonces, tuve que ir mutando. Primero, para comunicarme y luego para preparar a los jugadores desde un lugar distinto, más distante. Ha sido un gran ejercicio que me hizo crecer un montón. Muchas mañanas pensaba si podría ayudar, si lo estaba haciendo bien…
-¿Y lo hiciste, les llegaste? ¿Alguna anécdota?

-Sí, un día hice una broma, cuando estábamos 4-4 en la clasificación, luego de haber empezado 0-4. Dije que si nos metíamos en el Mundial, le daba un pico a Katz Ave, el “duro” del staff. Yo no suelo hacer esas cosas, pero me salió y los jugadores no lo podían creer. El día que nos clasificamos, llegué al vestuario y los jugadores estaban todos arriba de los tablones. Tuve que darle el pico (se ríe). Y cuando lo hice, se cayó al vestuario. Ahí está un poco la respuesta...
-¿Y qué más aprendiste, en lo profesional y lo humano?

-En lo humano, mucho. Algunas cosas que tenía y otras que no. La principal es la educación, el respeto al otro. Otra es la limpieza del espacio o directamente no ensuciando. El escuchar al otro, detalladamente, sin interrumpir. Como coach aprendí a manejar un staff más largo, utilizando más especialistas. Y, por supuesto, a usar nuevas herramientas tecnológicas que allá están disponibles.
 -Por ejemplo...

-Para perfeccionar el entrenamiento individual. El tiro, por caso, el tiempo que se toma de pelota, la parábola de lanzamiento, entre otras cosas. El tema de la Big Data, algo que cambió mucho en el uso de las estadísticas. Antes se decía “quiero dejar a este rival en 70 puntos” y ahora ya no más. Se dice “quiero que el adversario me haga tantos puntos por posesión”.
-Y hablando justamente del nuevo básquet y de esta tendencia de usar mucho el tiro de tres puntos y jugar con jugadores más pequeños. ¿Cambiaste tu filosofía de juego?

-Un poco. Le doy bola, pero tengo un equilibrio. Siempre lo principal, lo que manda, son los jugadores que tenés, el talento del que disponés para construir. En general, me gusta que el jugador tome lo que le da el juego. Por encima de todo tratar de jugar inteligente, leer el juego y ver qué te da. Hacer en cada jugada lo que conviene. Pero hice modificaciones, no puedo obviar esta tendencia. Por ejemplo, eliminé el tiro de seis metros. Cuando alguien va sin pelota a 45 grados o a la esquina, quiero que tome un lanzamiento de tres, no uno largo de dos. También juego siempre con cuatro jugadores por fuera y uno adentro. Todo se construye con alineaciones así. Y claro, también modernicé el juego desde las herramientas visuales y tecnológicas que me han ayudado en la comunicación con los jugadores. Hay cinco que hablan en inglés, pero los otros más un inglés-japonés y entonces han sido clave estas herramientas para generar con imágenes con subtitulados que les mandamos a sus teléfonos. Todo se ha simplificado en ese sentido.
-Por último, ¿qué creés que aprendieron ellos de vos? ¿Quedaron impresionados por algo? No sé si te animás a decirlo.

-Pienso que tienen más valor que lo digan ellos, quizá cuando termine el ciclo. Quizá, si me detengo a pensar, sea que pude sumarle cosas del básquet FIBA, que son importantes, porque cuando llegué ellos jugaban al estilo japonés pero mirando la NBA, muy de espaldas al juego FIBA. Ni conocían a los jugadores del ámbito internacional y hoy miran videos de Campazzo. También sumarle en la alimentación y en el entrenamiento individual para ser mejores profesionales.

Termina la nota. Lamas tiene una llamada por Skype desde Japón. Se suspendió la liga (B League) y él, como desde hace tres años, es una fuente indispensable de consulta.

Fuente: www.infobae.com.-