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Coronavirus y pobreza: radiografía de un barrio entero en cuarentena

La pandemia que azota al planeta pone en evidencia las falencias de un Estado que intenta llegar adonde estuvo ausente durante décadas y hoy pone todo su poderío para contener a los sectores históricamente más postergados.

Coronavirus y pobreza: radiografía de un barrio entero en cuarentena

Por Mariano Vallejos

Escrito en 1975, Vigilar y Castigar, de Michel Foucault, relata los vericuetos de una epidemia que  llenó de dudas a todo un continente y que hoy en pleno siglo XXI tiene su correlato.

En una época donde regía el sistema feudal, el Estado debía garantizar la salud de la población mediante controles estrictos: higiene, registros, pero un arma prioritaria para frenar la enfermedad: la cuarentena. 

Cada persona debía estar pegada a su puesto, si se mueve, lo paga con contagio o castigo. No circulan por las calles más que los intendentes, los síndicos, los soldados de la guardia. La inspección funciona sin cesar. La mirada está por doquier. Guardia en las puertas para que la obediencia del pueblo sea más rápida y la autoridad de los magistrados, más absoluta, así como para vigilar todos los desórdenes, latrocinios y saqueos. En síntesis, el Estado es centinela de la peste. 

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400 años después, el escenario es similar. La fuerza legítima se hace sentir. Sobre todo en esos lugares donde el Estado no llega siempre, y cuando lo hace es de manera transitoria. Hoy donde no llega el Estado no puede llegar el pan. Allí donde los pobres pululan, “los promiscuos, los salvajes, los vagos”, a esos que hay que confinar. 

No se trata de celdas ni barrotes, son calles cerradas y fuerte presencia policial sobre un sector al que presumen hay que domar, pero que sin embargo no es poderoso. 

No presionan amenazando con despidos ni extorsionan torciendo precios. Y quienes lo hacen no son precisamente los que se agolpan para cobrar un subsidio de $10.000, ni sienten la miseria de un monotributista o un changarín.

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“Es una cuestión de empatía”, cuenta un vecino sobre las personas hoy confinadas. La complejidad de cerrar un barrio postergado lejos está de su correlato del centro de una ciudad, donde circulan deliverys y otras comodidades que ayudan a llevarse mucho mejor con el encierro. 

Paradójicamente, quienes ahora están adentro a la vez están afuera, excluidos. No porque hoy se haya desatado una pandemia, sino por un sistema que incluye a pocos, a quienes, precisamente hoy pueden estar fuera de sus casas al menos unos instantes, porque son parte de una realidad más afortunada que muchas veces incluso se intenta justificar desde la meritocracia. 

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¿Cómo se entiende que una enfermera deba exponer su salud para ir en busca mejores oportunidades? Lo explica la desigualdad, la misma que impera entre los que están confinados y los que tienen que tomar las decisiones desde una posición más cómoda.

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