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Sergio Massa: "Máximo es más parecido a Néstor que a Cristina en su forma de relacionarse"

Tercer componente en la alianza de gobierno y cuarto en la línea de sucesión presidencial. Alberto Fernández dijo que era quien estaba más preparado para sucederlo. Habla de impuesto a la riqueza, liberación de presos, renegociación de la deuda y actualización de jubilaciones. 

Es la primera vez que en Argentina un presidente de la Cámara de Diputados no llega a tal cargo por poder delegado del presidente o del partido gobernante sino como miembro de una coalición con poder propio. ¿Implica esto un cambio definitivo en la historia de la política argentina? ¿Y en el futuro todos los gobiernos serán coaliciones?

—La democracia mundial marcha hacia las coaliciones de partidos. Puede observarse en Uruguay hoy con un frente de centroderecha, pero antes con el Frente Amplio o lo de la Concertación chilena o el frente de derecha chileno. También lo vemos en Brasil, eso que algunos llaman “la coalición de las tres B”: biblia, bala, buey, debido a la conformación de los distintos bloques que tiene el Parlamento brasileño.

—El “buey” alude al sector agropecuario.

—Claro, la suma del sector agropecuario, los evangelistas y quienes reclaman contra la inseguridad en Brasil formaron parte de la coalición electoral de Bolsonaro. También para el PT a la hora de gobernar fue necesario armar coaliciones. Lo mismo sucede en Europa, en la coalición de gobierno de Angela Merkel; lo vemos en Italia y en España, donde para formar gobierno los socialistas debieron diseñar una coalición con Podemos. Hay como un desarrollo que tiene que ver con el diseño de coaliciones para tratar de dar respuestas a sectores diversos. En el fondo, lo que sucede es que empieza a aparecer la sociedad de nichos, y eso obliga a la suma de distintas representaciones de nichos para construir coaliciones de gobierno. 

—La fragmentación lleva inevitablemente a que no habrá más bipartidismo, sino dos coaliciones, la gobernante y la opositora, conformándose de distintas alianzas según el momento y la coyuntura.

—Según la coyuntura, pero con conceptos básicos respecto de la mirada sobre el mercado o sobre el Estado.

—¿Alianzas permanentes?

—Las veo como diseño de ideas permanentes. Sobre todo después de la pandemia. Hay dos mundos que van a colisionar.

—Si se sigue la línea de sucesión presidencial, los tres componentes del Frente de Todos están institucionalmente representados: el presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Kirchner y a quien ella designa como presidente provisional del Senado por el kirchnerismo, y por el Frente Renovador, quien continúa en sucesión presidencial, el presidente de la Cámara de Diputados.

—No fue la idea primigenia. Hubo sí una distribución de responsabilidades, de roles, también en función de la representación electoral. Pero si uno lo mira, institucionalmente pasó eso. Más allá de que no tuvimos en la cabeza establecer un esquema. No hubo un cálculo tan finito respecto a la distribución de roles, responsabilidades o tareas, sino más bien el diseño de perfiles para poder llevar adelante la responsabilidad política de gobernar la Argentina. 

—Hubo una distribución de roles también entre quienes bajaron sus candidatruas presidenciales: Felipe Solá fue a la Cancillería; Agustín Rossi, al Ministerio de Defensa, y Daniel Scioli como embajador en Brasil.

—En esa búsqueda del equilibrio y del diseño de un equilibrio en la coalición gobernante, lo que Alberto trató de encontrar fue el lugar en el que cada uno pudiera desarrollar aptitudes, colaborar con la gestión, ayudar a la gobernanza, respetando un poco también perfiles. Agustín ya tenía experiencia en Defensa, Felipe contaba con su capacidad, su cintura política, su tacto a lo largo de treinta años de vida política. 

—Es un negociador.

—Esa experiencia lo formó como un negociador. En la relación bilateral, Brasil es un aliado estratégico y necesitás un dialoguista: Daniel Scioli cumple el papel de la búsqueda de diálogo y acuerdos todo el tiempo.

—¿Imposible llevarse mal con él?

—Aunque en algún momento nos llevamos mal. Pero Scioli tiene una personalidad que le permite ejercer ese rol.

—Vayamos a septiembre de 2018. Ahí se produce la ruptura del bloque del Frente Renovador en la Cámara de Diputados: se fueron Felipe Solá, Facundo Moyano y Daniel Arroyo, entre otros. Muchos pensaron que en ese momento comenzaba el camino de tu obsolescencia política, que te ibas a quedar solamente con el 5% de los votos. Sin embargo lograste transformar eso un año después prácticamente en un tercio del poder gobernante.

—Lo que no se consideró en el análisis de ese momento es lo que representaba en términos de identidad, de defensa de la pyme, de clase media, de valores vinculados al Estado de derecho, al funcionamiento institucional. Y también de defensa del rol del Estado, de defender una matriz progresiva en materia de impuestos. Todos eran valores del Frente Renovador El Frente Renovador tenía y tiene un ADN que tiene que ver con poner todo el tiempo en la agenda a la clase media, al tejido pyme, al trabajo como valores centrales de la vida social y económica de la Argentina. Y eso de alguna manera tiene un valor electoral más allá de las personas. No lo construye o lo destruye un dirigente entrando o yéndose. Es una idea de país. 

—¿Finalmente no simplemente es un tercio, sino dos tercios, porque Daniel Arroyo está en el Gobierno, porque Alberto Fernández era del Frente Renovador, y también Felipe Solá?

—La idea de la tercera vía anida en el Presidente: el fin de la grieta como sistema de vínculo y de acumulación política en la Argentina. Si hay una tarea por delante a cuidar todos los días es dejar la idea de grieta como sistema de construcción y de acumulación política en la Argentina para ir a la búsqueda de consensos.

—Y abandonarla como estrategia electoral.

—Cuando uno empieza a gobernar, tiene que hacerlo para todos. Eso supone correr permanentemente los límites del electorado propio. Uno deja de pensar solamente en términos de a quién defiendo porque me votó para pensar en cómo aplico políticas que lleguen a todos.

—Partiendo de aquel septiembre de 2018 a hoy, ¿nadie logró construir tanto capital político como vos?

—(Silencio).

—¿Te subestimaron?

—Sí, o quizá tuvieron una mala lectura respecto de qué significa hacer política en la Argentina.

—¿Se puede sacar el 5% en unas elecciones manteniendo la potencialidad de sacar mañana un 40%?

—Un dirigente que pelea por sus ideas, que defiende su espacio, sus convicciones, y a determinados sectores de la sociedad en una coyuntura, puede tener una mala performance electoral, pero si tiene madera, si tiene coraje, si tiene determinación, contará con la posibildad de reponerse. Lo mismo sucede en la vida empresaria y en casi todos los aspectos de la vida.

—Otro que creó un enorme capital político es Alberto Fernández.

—Lo bueno de Alberto presidente es que le permite mostrar potencialidades que no se le conocían por su rol permanente de mediador en la política, su rol de búsqueda de acuerdos, de construcción de consensos y en la gestión. La presidencia le dio la oportunidad de mostrar todas sus virtudes.

—Alberto Fernández acaba de decir que “Sergio Massa es la persona que más se preparó para ser presidente”. ¿Cómo lo tomás? ¿Te imaginás como su candidato 2023?

—Primero tengo una cuestión personal. Como en algún momento tenía el deseo y la convicción, hoy no anidan ese deseo y esa convicción. No es una cosa en la que esté pensando.

—¿Cambió tu relación con el tiempo?

—Sí. Una mirada más de largo plazo, de no apurarme. También de disfrutar la tarea y asumir la responsabilidad más íntegramente, no tanto pensando en lo que sigue, sino en lo que estoy viviendo en este momento. Creo que en eso. Hay algo de la edad.

—¿Hiciste terapia?

—No.

—Es neurosis no vivir el presente viviendo en el futuro o en el pasado. Tu caso era en el futuro.

—Hoy trato de disfrutar, no solo en términos políticos, sino también en términos familiares, en términos personales, trato de disfrutar cada instante con mis hijos, con Malena, con mis viejos, cada charla con mis amigos. No dejé de vivir con intensidad, pero dejé de vivir corriendo para adelante.

—¿Estás menos acelerado?

—Sí.

—¿El aumento de la popularidad de Alberto Fernández cambia en algún sentido el equilibrio de la coalición?

—No, porque Alberto está en el vértice de la coalición. El crecimiento de su popularidad permite agrandar la coalición.

—Al agrandar su peso específico pasa a tener otro volumen que al comienzo.

—Bienvenida la popularidad del Presidente y el reconocimiento: significa que estamos eligiendo en algunos temas caminos que tienen que ver con los deseos, con los proyectos de la sociedad.

—Concretamente: ¿tendrá el Presidente mayor incidencia en la elección de los candidatos para el año próximo?

—El Presidente va a tener la responsabilidad y la tarea de otorgar equilibrio a la coalición, ampliar su base electoral e ir seleccionando lo que crea que es mejor para ofrecerle a la sociedad en ese momento. Alberto, casi como mandato implícito, representa el equilibrio en la sociedad argentina y en la coalición. No es algo que yo pienso, sino el resultado de muchas horas y charlas y café y comidas, mano a mano, en las que hablamos con mucha sinceridad.

—Tu relación con Alberto Fernández tiene larga data. Incluso trabajó para tu propio proyecto político.

—Tenemos una relación desde lo humano y desde lo personal de mucho respeto y mucho cariño. Además, tiene mucha simpatía por cómo Malena plantea y hace las cosas. Siempre me carga y dice que se identifica más con el peronismo progresista de Malena que con algunas miradas mías.

—¿Más de centro?

—Sí.

—¿Malena está a tu izquierda?

—Malena tiene una mirada con mucho componente de compromiso social.

—¿Vos estás más a la derecha que Malena?

—No sé si ponerlo en esos términos. Cada uno tiene su impronta, sus ideas, sus convicciones. En temas de género, Malena empezó la pelea en 2008, cuando no estaba en la agenda del país.

—Cuando trató de “forro” a Scioli mostró su carácter.

—¡Demostró su carácter! En temas como el aborto o las cuestiones vinculadas los derechos sociales, como el derecho al agua, tiene una mirada muy innovadora.

—Ella estuvo en contra de que acompañaras a Mauricio Macri a Davos en 2016.

—Ella, José Manuel de la Sota y Roberto Lavagna. Los tres se oponían a que lo hiciera.

—Alberto Fernández no pudo elegir los candidatos en las elecciones del año pasado. ¿Podrá hacerlo en 2021?

—Todos vamos a trabajar para cuidar la autoridad y el liderazgo del Presidente.

—¿Le llegará hasta 2021 esta imagen positiva?

—Gobernar supone momentos de fortaleza y momentos de debilidad. Cosas dulces y amargas, como la vida misma. Tenemos que tener la cohesión para saber que, en las dificultades que la Argentina y el mundo van a enfrentar, el camino de salida que nos planteamos es el adecuado para la matriz productiva argentina, para el peso que tiene la clase media argentina en el diseño de la economía, para el peso que tiene el mercado interno y para el peso que tiene la balanza comercial argentina en el peso de la economía en relación con sus compromisos internacionales.

—¿Dónde está hoy la oposición? ¿Quiénes la representan?

—Claramente será Juntos por el Cambio. Creo que van a aparecer otros emergentes, como pasa en las elecciones intermedias. Va a tener un correlato electoral lo que expresan José Luis Espert, Luis Rosales o Javier Milei.

—¿Un electorado libertario que le coma por derecha votos a Juntos por el Cambio?

—También nos puede comer un voto joven a nosotros. No tengo tan claro que el voto sea tan fragmentado.

—¿Es obsoleto hablar de derecha o izquierda?

—No es que no la comparto. Pero en el mundo que nos va a tocar vivir en los próximos años va a haber derechas que van a tomar decisiones que parecen de izquierda e izquierdas que tomarán decisiones que parecen de derecha. Un ejemplo claro es que el gobierno japonés pone 20 puntos del PBI en emisión e inversión para sostener la economía. O Estados Unidos, que pone siete puntos del producto en emisión.

Fuente: Perfil