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Ginés González García: "Esto no es la dictadura de los infectólogos"

Fue ministro de Salud durante las tres crisis más severas: en 1989, en 2001 y en la actual. Afirma que solo los vivos pueden mejorar económicamente. Es el protagonista de la política más exitosa hasta hoy del gobierno de Alberto Fernández: la lucha contra el Covid-19. El Presidente le agradece a Dios tenerlo como ministro. ¿Será Argentina un récord mundial de duración de la cuarentena? 

- Ante un virus  nuevo, es lógico que haya ignorancia pero me gustaría comenzar con un repaso hacia atrás sobre por qué hubo tantas contradicciones, incluso en la Organización Mundial de la Salud. Se dijo que el virus no llegaba en el verano; después, que los barbijos no servían; después, que los tests no eran importantes. ¿Cuál es tu explicación?

—Sí. Y es curioso, porque nunca hubo tanto avance tecnológico, tanta innovación y al mismo tiempo tanta incertidumbre y tanta contradicción. Creo que sucedió porque en algún punto hubo una cierta falta de liderazgo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a lo que se suma un combate geopolítico claro entre China y Estados Unidos. Así, el sistema de información de uno era debilitado o contrarrestado por el otro. Se dio una batalla sobre quién tuvo la culpa de que esto hubiera sucedido, o quién manejaba mejor la situación, sobre quién encontraba el mejor reactivo o quién tenía más cerca la vacuna. Es algo que sigue sucediendo. Sorprende realmente, porque en verdad todos vemos que la única receta verdadera es una anterior al Medioevo: la cuarentena. Todo lo demás tiene contradicciones. Esto debe producir mucha incertidumbre en la gente. Pero confío en que no dure mucho tiempo. Confío en la innovación y en todo el sistema científico mundial puesto detrás de esto, no solo por razones solidarias y por razones humanitarias.

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- Y también por el egoísmo del panadero, como lo llamaría Adam Smith.

—También como un enorme meganegocio para quien obtenga la solución. Y también será una gran éxito político para quien obtenga la vacuna.

Es como la llegada a la Luna: una carrera para ver quién llega primero.

—En la semana dije en la Asamblea Mundial de la OMS por videoconferencia que era bárbaro saber que la vacuna iba a demorar un cierto tiempo, pero no mucho, si uno mira el avance en la investigación. También afirmé que era mucho más importante o igual de importante que descubrir la vacuna la existencia de una alianza mundial para producirla. Es tal la magnitud de gente que necesita la vacuna, que ningún fabricante podrá producir solo la cantidad necesaria. Y que cuando fuera así, se hiciera todo a un precio razonable, que no entrásemos en  cuestiones de patente y precios absurdos, esos que hacen que mucha gente no tenga acceso hoy a los medicamentos. Son cosas no enunciadas por muchos países pero me parecen centrales. Y hay que aprovechar esta solidaridad colectiva y esta exaltación mundial, incluso esta fragilidad que sienten los países ante esta incertidumbre para producir estos cambios. Ojalá sucedan.

—¿Lo ideal sería que la patente fuera paga por los Estados, o Naciones Unidas, y luego se aplicara sin costo?

—Hace muchos años, en una asamblea, propuse que se pusiera un dinero proporcional al PBI de cada país para tener acceso masivo a las innovaciones. Hoy el mercado maneja la innovación; por eso, hay tanta investigación sobre algunas enfermedades y muy poca sobre otras. Las enfermedades de los pobres no tienen investigación aunque sean masivas. Tampoco hay mucho sobre enfermedades agudas. ¿Por qué pasa eso? Son remedios que se usan pocos días. 

—¿Lo ideal sería que la patente fuera paga por los Estados, o Naciones Unidas, y luego se aplicara sin costo?

—Hace muchos años, en una asamblea, propuse que se pusiera un dinero proporcional al PBI de cada país para tener acceso masivo a las innovaciones. Hoy el mercado maneja la innovación; por eso, hay tanta investigación sobre algunas enfermedades y muy poca sobre otras. Las enfermedades de los pobres no tienen investigación aunque sean masivas. Tampoco hay mucho sobre enfermedades agudas. ¿Por qué pasa eso? Son remedios que se usan pocos días.

- No son rentables.

—Por eso se busca mucho en enfermedades crónicas. El mercado nunca fue un sistema de valor, es un sistema de precios. No puede orientar la investigación científica. Pero sucede hace unos cuantos años. Es una pelea que yo tengo. Soy profesor de Política de Medicamentos, pero no es una batalla en la que nos vaya bien internacionalmente. Ni siquiera en las pandemias anteriores. En la gestión anterior tuvimos una gripe aviar, tuvimos pandemias y riesgo colectivo. Ya entonces fue muy difícil meter algún concepto de este tipo de accesibilidad y de bien universal, de uso público del conocimiento. 

—Ni para la gripe aviar ni el SARS hubo vacuna.

—No

—En este caso puede haberla porque afecta a mucha más gente. Siguiendo la lógica económica, hay más interés e investigación dedicada.

—Además, el SARS empezó un cierto decrecimiento nunca bien explicado del todo. De hecho fue sin terapéuticas ni vacuna. Pero era una enfermedad que tenía medicación. Una medicación que era más efectiva que las de ahora para el coronavirus.

—Pero nunca una vacuna.

—No. Cabría pensar que las grandes epidemias de la humanidad desaparecieron sin terapia y sin terapéuticas.

—Solas.

—Hoy no se sabe por qué fue exactamente la peste negra. Fue una enfermedad que diezmó a la humanidad. De hecho, dejó su nombre para el resto de las pestes. Para la viruela en realidad hubo vacuna, pero muy sobre el final. El verdadero conquistador de América, si se buscan precisiones, fue la viruela. El imperio azteca tenía 22 millones de habitantes y quedó con 2 millones por la enfermedad. Lo diezmó. Con el sarampión pasó algo similar, pero en menor medida. Esas enfermedades fueron atroces. La propia lepra, que hoy no tiene alternativa terapéutica conocida, real, y también llegó a lo que fue en el Medioevo. Fue la enfermedad clásica del Medioevo. Las enfermedades tienen su ciclo. Todo esto es biología; también el virus se mueve y se acomoda a estas cosas. 

 

—La peste negra mató a 200 millones de personas; la viruela, a 56 millones; la gripe española, a 45. En las últimas siempre fue menos de un millón. ¿Podríamos conjeturar que pasado cierto punto se produce en el sistema inmunológico un mecanismo de defensa?

—Sí, o que el virus también muta.

—Pero previo a la mutación del virus, ¿la solución es finalmente que el sistema inmunológico desarrolle anticuerpos que lo neutralicen?

—Sí.

—¿Puede ser esa también la solución en este caso?

—La línea terapéutica que se está buscando tiene que ver con eso. Está vinculada a la estimulación de los anticuerpos propios y ajenos. Hay dos líneas de investigación que están muy avanzadas en la Argentina. Una es ver los anticuerpos que forma quien ha tenido la enfermedad. Eso está llevando a que el tratamiento sea con el plasma de una persona enferma, que tiene muchos anticuerpos. Todavía no hay nada definitivo pero parecería tener resultados promisorios. También hay otra, que es un estudio mucho más masivo, a partir de que el caballo es un gran productor de anticuerpos. Hay una proteína que se sacó del virus, se aisló, Esa proteína es la que forma los anticuerpos, no produce la enfermedad, sino que produce anticuerpos, Genera la reacción del organismo. Eso se está inyectando a caballos y están los primeros resultados, que son promisorios. Tendría una capacidad potencial de ser aplicado. Eso lo están haciendo dos laboratorios argentinos, en una unión público-privada. Esta es otra cuestión muy interesante de lo que sucede ahora. Toda la vida hice fuerza para que contemos con ese tipo de alianza. La Argentina siempre tuvo demasiada investigación clásica y muy poca investigación aplicada. Quizás uno de los beneficios que ha tenido esta pandemia es que ha estimulado brutalmente el sentido de la investigación y las alianzas público-privadas para hacer investigación aplicada: para los reactivos, los tests diagnósticos, hasta esto que te digo de las terapéuticas.

—La revista “Nature” publicó una investigación hecha en Asia con el mismo planteo: como el plasma es muy caro, solamente se puede aplicar a cierta cantidad de personas. Pero a partir de ejemplos como el del caballo se podría fabricar masivamente. ¿Ese es el camino de la solución ante la vacuna?

—No. Es difícil adivinar, pero me parece que es un camino muy promisorio. Hay varios más. Hay otra medicación, muy antigua, que no tiene patente, muy barata. Se usa en veterinaria. 

—¿Puede estar su mayor malignidad más en la mente que en el cuerpo? A diferencia de otras pandemias, esta se potencia en los medios de comunicación y genera enorme tensión social.

—No sé si está en la mente. Lo que es seguro es que tiene un vínculo con el mundo moderno y su transporte. Guarda estrecha relación con el movimiento de personas.

—¿Pero también es un fenómeno de comunicación?

—Ahí no sabría qué decirte. A lo mejor es como volver al pasado. Tiene reminiscencias de una cosa que se creyó que ya no sucedía. La reacción cultural o antropológica es parecida: miedo, estimación de lo que hay, estigmatizaciones. Las cosas que uno escucha son terribles.

—Hay una discusión respecto de la cantidad de muertos que se van a producir por personas que no atienden sus problemas cardíacos, que tienen temor de ir a los hospitales por la posibilidad de contagio. Incluso hay comparaciones entre la cantidad de muertes que no se producen por la cuarentena con las que se producirán por no atender otras enfermedades. El Instituto Favaloro cerrará  dos de sus centros, uno en CABA y otro en Pilar, porque la gente no está yendo a hacerse los estudios. ¿Cuál es tu visión respecto de este otro efecto secundario y colateral que tiene el virus?

—Claramente es un efecto no deseado. Si me seguís un poco, habrás observado que empecé hace dos o tres semanas a decir que hay que volver, que no hay que dejar ningún tratamiento. Se debe decir a las personas que, si tienen algún síntoma, no dejen de concurrir, que los establecimientos son seguros, que se consulte telefónicamente primero a su institución o a su médico para hacer un turno regulado. Eso se hace. Al principio aconsejamos que se postergaran las cirugías programadas, pero el miedo hizo que se postergara todo. Estamos con una capacidad ociosa de la estructura sanitaria tremenda. Tenemos más de la mitad de las camas públicas o privadas vacías hoy en la Argentina. Las camas de unidad de cuidados intensivos, que son las críticas en todo el mundo, las que fallaron en Nueva York, las que fallaron en Italia, la que produjeron esas opciones trágicas de “este sí, este no”, en nuestro país están en una situación lejísimos de aquella. Ampliamos las camas de una manera. Sin alardear, te diría casi que fue chino lo que hicimos en estos dos meses. Incorporamos 2.500 camas de unidades de cuidados intensivos, con respirador, con monitor, con todo el equipamiento. Hoy tenemos más de 6 mil camas de ese tipo vacías. Hay países vecinos que están sin camas o casi llegando al límite. Nuestra situación es muy holgada. Si yo voy a los números, la mortalidad total de este año es mucho más baja que la del pasado. Primero porque disminuyeron las enfermedades de transmisión respiratoria por la cuarentena. Lo que hicimos para este virus sirve para todas las enfermedades respiratorias, que en esta época son las que empiezan a complicar. También disminuyeron mucho los accidentes de tránsito. En tercer lugar, bajaron las muertes por riesgo quirúrgico. Al bajar la cirugía, también hubo menor mortalidad posquirúrgica. Pero esto no puede ser eterno. Hay que volver a hacer lo que se debe, no interrumpir tratamientos. Si hay un síntoma, se debe concurrir precozmente. También es un deseo de tipo cultural. Creo que también en algunas provincias va a ser más rápido. Hay algunas provincias en las que empieza a ser una cuestión lejana la enfermedad. Hoy más de la mitad de las provincias argentinas hace varias semanas que no tienen nada.

Fuente: Perfil