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Una decisión arriesgada, pero necesaria

La apertura dispuesta hoy por Gustavo Valdés es un desafío fuerte. Corrientes ingresa a fase cinco: a la nueva normalidad. Con ello, salvo la vuelta a clases y algunas actividades específicas, la actividad será casi normal en una provincia que no conoce de casos activos de coronavirus. 

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Por: Carlos Simón.

¿Es una medida arriesgada? Lo es.  El tiempo dará su veredicto. Será el encargado de definir si fue un acierto o no.  El descontrol del virus en Resistencia y en Brasil aparece como una amenaza latente y peligrosa. Muy cerca. Tan cerca como letal.

 

¿Estamos preparados para controlar el virus y que no avance? 

 

¿Los controles en las fronteras y en el puente serán rigurosos? ¿El virus tiene límites físicos? ¿Cómo hacer para que lo que sucede en el Chaco no nos alcance? ¿Las medidas de control adoptadas serán eficaces? ¿Servirán? Es allí el principal desafío. ¿Estamos preparados para controlar el virus y que no avance? ¿Dependerá  sólo de las medidas humanas? 

Las respuestas no son sencillas más aún cuando la ciudadanía, en un número importante, está deseosa de volver a sus actividades. A recuperar la libertad coartada por la pandemia y a la defensa y recuperación de recursos económicos escasos que vislumbran otra pandemia: la del hambre y la pobreza

Es difícil conjugar las prioridades. Es difícil analizarla desde la comodidad de una actividad que fue declarada esencial desde el primer día.  El desafío está. Dependerá del ejercicio de nuestra responsabilidad  individual y social y el control de las fronteras por parte del Gobierno, la eficacia de las medidas adoptadas. 

 

Cómo ciudadanos debemos ser responsables en la libertad

 

Cómo ciudadanos debemos ser responsables en la libertad. No abusar, generar controles propios. No parece tan difícil, pero somos una sociedad complicada ajena a imponerse límites.  El Estado ante la pandemia deberá seguir estando presente. No podrá ausentarse de sus responsabilidades y deberá seguir ejerciendo los controles necesarios con mano firme y sin privilegios. 

Por una vez debemos comportarnos como una sociedad adulta. El precio de no hacerlo, podría resultar muy caro.