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Opinión

El club de la pelea

Intento siempre comprender nuestra idiosincrasia. Y si bien muchas veces siento el orgullo de ser argentino, en los últimos tiempos me invade una extraña sensación en la que se mezcla la resignación y el pesimismo.

Empecinados en insistir con nuestra argentinidad ‘al palo’ cada día estamos más metidos en ésta absurda sinrazón de competir hasta el hartazgo en esa grieta ridícula que algunos inventaron y otros muchos se encargan de agrandarla.

No hay caso. No aprendemos. No tenemos ‘medias tintas’ para nada y somos capaces de odiar con una capacidad inaudita que nos lleva a pensar que quien piensa distinto es mi enemigo absoluto y debo eliminarlo.

Y así vamos de punta a punta, de una a otra postura pseudo-ideológica. Y en cuestión de meses –con una ridícula fundamentación política- golpeamos y/o defendemos a periodistas de TN y de C5N según en qué lado de la vereda nos toque estar ese día.

Cero capacidad de debate. No sabemos ni podemos establecer un diálogo coherente y un día nos enojamos por ‘marchas y piquetes de choripaneros’ y al otro pasamos –sin límite de continuidad- a odiar a ‘los fachos que se manifiestan en autos lujosos’.

Locura total, que nos involucra a todos. Y lo peor: tampoco tenemos capacidad de autocrítica. Nadie.

Un caso: días atrás hubo un ‘cruce’ entre el presidente Alberto Fernández y la periodista Cristina Pérez. No ví en el momento, y obviamente quise saber que pasó. Al revisar el diálogo –desde mi humilde punto de vista- observé una conversación madura y coherente entre un Presidente que fijó y argumentó su posición; y una periodista seria y muy profesional que –con el respeto del caso- le aclaró al Primer Mandatario su postura como ciudadana y como trabajadora de prensa

En cambio, de uno y otro lado, todos vieron espejismos: un Jefe de Estado pedante, y una mujer irresponsable.

Si tiene que ver con una cuestión de aprendizaje acepto el desafío y espero se sumen muchos. Discutamos, debatamos, hablemos.

El otro día mi hija mas chica, Carla (tiene 13 años), me dijo: “me gusta ir a los asados de los sábados porque puedo hablar y opinar entre los grandes”. Por muchas cosas de la historia misma que nos pegó duro, tal vez nosotros no tuvimos esa oportunidad. Tal vez llegó la hora de abrirnos y entender que todos somos distintos. Y que la Patria está conformada por muchas ideas y pensamientos, y no por copias sistemáticas de malos ejemplos.

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Leandro Espinoza
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