Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.radiodos.com.ar/a/58493

Hacelo por nosotros... ¡¡¡HACELO POR VOS!!!

Desde esta columna no intento manejar la vida de nadie. Menos aún en momentos en que pareciera que perdemos los derechos básicos de cualquier habitante de un país civilizado. Tampoco quiero molestar el difícil equilibrio emocional que todos tenemos en medio de la cuarentena a la que nos somete el Covid-19. Solo quiero que nos ayudemos a convivir con un enemigo invisible que, a veces, pareciera tener más defensores que detractores en medio de la nutrida agenda de problemas que se nos presentaban antes de su aparición.

Carlos Bramante Nos Visita En La Dos copy

Pensemos que no están en peligro nuestras libertades sino la vida. Es muy sencillo deducir que sin vida no hay libertad. Dejemos ese round para otra oportunidad. No las descuidemos, pero evitemos fantasmas que solo convienen a los que cuentan las víctimas como un ejercicio matemático.

Por ello, pienso que no es tiempo de individualismos sino de hacer honor a quien muchas veces le reclamamos su funcionamiento armónico y nos olvidamos que cada uno de nosotros somos un eslabón fundamental: la sociedad.

Por eso, primero quiero pedirte a vos que cumplas con las recomendaciones básicas para enfrentar al coronavirus. Pienso que si vos lo hacés, lo estarás haciendo por nosotros. De esa forma, comenzaremos a ver los resultados de una sociedad exitosa.

Quizás sea la experiencia que la vida nos da para entender que las grietas (tan de moda... pero tan antiguas) no nos conducen al pedestal de la gloria sino al abismo en el que pareciera todos los días debatirnos los argentinos.

Nos gusta pensar en correntino, aunque a veces nos hace creer erróneamente autosufientes de la nación argentina, y en esta oportunidad es discusión para otro momento, por lo tanto, pensemos en correntino. Miremos lo bueno que hicimos hasta ahora y no busquemos desobedecer las recomendaciones profesionales para combatir la enfermedad. 

Cuesta creer que el raciocinio, enorme, pero a veces pequeña diferencia que tenemos con los animales, nos indique no usar el barbijo, no mantener el distanciamiento social, el impedimento de las aglomeraciones y las tantas otras que escuchamos o leemos hasta el cansancio. 

Solo pensemos que por nuestro comportamiento vivimos otras "pandemias" que por tener víctimas desconocidas no nos damos cuenta. Solo detengámonos en las estadísticas de los siniestros viales y veremos cuanto tiempo perdimos en darnos cuenta de la importancia del cinturón de seguridad o el casco de motociclista.

Esta vez el rival es más potente y nuestra conducta no puede someternos a la lotería de si nos contagiamos de una gripecita o una enfermedad que quema los pulmones al respirar como lo describió el marinero de Empedrado a La Dos. Y eso que el bolillero es menos pesado porque dejo afuera la bolilla negra que sería la de morir sin otra oportunidad como es la que han sido sometidos muchos abuelos o personas jóvenes con otras enfermedades a las que el virus agravó. 

Cuando hablábamos de los siniestros viales debatíamos sobre la dureza con la que debíamos exponer sus consecuencias. Hoy, la crueldad del coronavirus la vemos en las imágenes que llegan desde todos lados sin oportunidad de pensar si están bien o mal. 

No volvamos a mostrarnos indiferentes como lo hicimos y lo hacemos con tantas otras realidades que siempre parecieran estar lejos de atacarnos hasta que nos alcanzan y nos falta fuerza para maldecir a cada una de ellas. 

No discutamos si aguantamos o no la respiración por el uso del barbijo. Seamos respetuosos de la distancia recomendada acordándonos de cuando nos molestaba que el de atrás nos atropelle con el changuito en la fila del supermercado o cuando buscábamos escondernos porque parecía que nos espiaban el celular desde atrás. 

Reprimamos nuestras ganas de juntarnos o sino desempolvemos aquellas instantáneas que nos devolvía la vida diaria invadida por el uso de los aparatos de la tecnología. ¿Nos olvidamos cuando nos sentábamos a la mesa y los familiares o amigos parecían hologramas y el invitado principal era el celular?

Por eso quiero que primero lo hagamos por cada uno de nosotros. De esa manera, estaremos matando a otro enemigo que muchas veces no alcanzamos a dimensionar, aunque siempre esta presente y se llama egoísmo.

A veces cuesta que otro nos diga como debemos comportarnos en sociedad. Por ello relato una experiencia que primero me asustó, pero luego pensé y saqué otra conclusión.

El 20 de julio (día del Divino Niño y del amigo) fuimos con mi familia a visitar a nuestra Madre Morena de Itatí en su imponente Santuario. Las primeras imágenes eran la de una ruta casi desierta, luego los ingresos vallados a las localidades sobre la Ruta 12 y mas tarde una Basílica de Itatí que lucía una plaza desierta y un interior con apenas un puñado de feligreses y bancos alejados unos de otros. Sin dejar de mencionar las veces que debimos exhibir permiso, documentación y someternos a la toma de temperatura. Todo eso me hacía suponer que debíamos dar más explicaciones de las que un hombre libre debe hacerlo.

Cuando regresamos, pasaron las horas, y todos estábamos a salvo del Covid – 19 comencé a comprender que nadie estaba limitando nuestras libertades sino trabajaba para protegernos del enemigo invisible. Allí también entendí que mientras teníamos la posibilidad de hacer un viaje hay trabajadores que quizás están ocupados más tiempo del debido y también que al habernos salvado del enemigo hay otros que no quedarán exhaustos por atender a tantos pacientes que desbordan las emergencias, las habitaciones y las terapias intensivas de los centros de salud. (Aunque me llamó la atención y me asustaba ver en el anochecer, frente a la comisaría departamental, como pasaban jóvenes en motocicleta con botellas de bebidas alcohólicas quizás con destino a un encuentro clandestino que podría ser el caldo de cultivo para el coronavirus).

No seamos insensibles antes las enseñanzas que el mundo nos está dando y evitemos volver a tropezarnos con nuestros mismos obstáculos a veces convertidos en torpezas.

Por eso me tomo el atrevimiento de pedirte que primero te cuides vos y de esa forma: ¡¡¡NOS ESTAREMOS CUIDANDO TODOS!!! ¡¡¡GRACIAS POR HACERLO!!!


P.D.: es momento de que el aplauso sea bien fuerte para cada uno de nosotros para que luego retumbe en toda la sociedad. 

Temas en esta nota

Carlos Bramante