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Las familias olvidadas, antes y ¿después del Coronavirus?

Quiero una mirada para las personas víctimas de un familiar adicto. La propuesta en tiempos de Covid – 19 es encontrar protocolos para ayudarlas. No podemos desentendernos de una problemática que lleva años. Los tiempos son difíciles pero el mundo y sus naciones han sabido tener estadistas para pensar las otras post–pandemia. Esta es una oportunidad para demostrar la misma sabiduría de nuestros antepasados.

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El mundo de las adicciones es muy difícil de analizarlo sin una perspectiva integral y profesional. En las últimas semanas se conoció un programa destinado a victimas en la última etapa de recuperación en centros terapéuticos. Para los especialistas es una porción mínima en relación a la cantidad de personas afectadas por otra de las "pandemias" silenciadas. Además, se establece como condición la capacitación para una salida laboral. ¿Habrán analizado las autoridades la cantidad de adolescentes y niños que son víctimas de las adicciones, que no deben trabajar y, peor aún, quizás no les alcance la vida para llegar a la edad laboral? Este aspecto quedará para el análisis de las autoridades y las Organizaciones No Gubernamentales que se ocupan de la problemática.  

Hoy quiero hacer hincapié en otro sector que padece las consecuencias de un adicto: SU FAMILIA. Muchas veces son padres y otras integrantes del núcleo familiar que intentó hacerse cargo de la situación. Lamentablemente la realidad los desbordó y se hace imprescindible la presencia del estado. 

En algunos casos, tienen su propia familia a la que atender, y en otros, son abuelos o tíos mayores que ante la impotencia de ver a ese niño, adolescente o joven deambular en tan oscuro mundo quieren ayudar. Tristemente las consecuencias terminan siendo muy distintas de los fines altruistas que los llevó a tomar tal determinación y que previamente dejó numerosas horas de desvelo y debate familiar.

 Solo recordemos algunos de los testimonios que escuchamos a lo largo de años en La Dos. Desde la violencia psicológica llegando a la física para conseguir el tan preciado dinero que les permita comprar droga o bebidas alcohólicas. 

Esas son las familias o personas que necesitan ayuda de un organismo que se acerque con la contención y auxilio que la situación amerita. No han sido pocas las veces que nuestros micrófonos han servido de oído para estas victimas indirectas del narcotráfico y las adicciones. Hemos escuchado el crudo relato de las experiencias vividas durante prolongados periodos de tiempo, sin poder hacer nada, y observando como se destruye su futuro en manos de un familiar que también es víctima de la situación. 

Los relatos comienzan con el despojo de sus ahorros, luego los ingresos mensuales, hasta que pone en peligro su propia supervivencia porque  empieza la venta de los artículos del hogar que llevaron mucho sacrificio y años poder tenerlos.  

Hasta allí el daño moral efectuado por el adicto pareciera solo recaer sobre elemento materiales. El calvario no ha terminado, y aunque puedan existir escalones intermedios, quiero puntualizar el último de un peligro abismo al que son sometidos: la violencia física.

Cuando el dinero no alcanza y se terminaron los bienes para venderlos (o más bien fueron entregados por pocas monedas a cambio de la dosis necesaria para ese momento) llega el peor de los escenarios para padres, abuelos, tíos u otros familiares que intentan recuperar al adicto. Allí se hace presente un doloroso infierno de golpes y torturas en búsqueda del dinero agotado. Lo doloroso de esta realidad es que a ocurrido en un corto periodo de tiempo pero que se ha hace casi infinito para quienes lo padecen.  

A los golpes físicos se suma el dolor emocional por ser víctimas de alguien de la propia sangre. Afloran a borbotones los recuerdos de las expectativas que se habían generado para el futuro de quien fue un niño inocente y, aunque en muchos casos sigue siendo un infante, hoy se volvió peligroso. Pareciera un golpe artero del cual no saben defenderse porque la vida no les ha dado la experiencia para conocer una problemática que, aún llevando décadas instalada en nuestro medio, sigue siendo desconocida para la inmensa mayoría de las familias.  

Es duro expresarlo, pero la realidad lo amerita. Las otras víctimas de un adicto se van cayendo como en las trincheras de una guerra. Cada vez que la víctima principal da un paso adelante en búsqueda de su objetivo deja secuelas en ambas márgenes.  

El Covid – 19 ha puesto bajo la alfombra a muchas problemáticas y esta es una de ellas. También comenzó a poner de moda palabras que no las teníamos en nuestro vocabulario doméstico. Es momento de aprovechar esa situación y utilizar una de ellas: PROTOCOLO.

Un protocolo empático, o mas bien, amigable con todas las víctimas. Un protocolo de cercanía con los que necesitan ayuda y no solo frías comunicaciones telefónicas o virtuales (en líneas 0800 o sitios web) que luego quedan solamente en la acumulación de datos para estadísticas que esporádicamente se difunden y, la realidad lo demuestra, la ayuda no llega a donde se la necesita.  

También debemos ser consientes que hay personas que se animan a insistir con la necesidad de auxilio. Otras se desaniman ante la burocracia, lentitud y muchas veces el olvido de los organismos a los que recurre. También están aquellas que, a sabiendas de lo ocurrido, quedan encerradas en ese mundo y terminan siendo víctimas del mismo abandono que su familiar adicto. Para eso, se necesita un protocolo de seducción y no de imposición. Solo de esa forma, la ayuda tendrá resultados reparadores. 

Son muchos los profesionales relacionados con la salud y la asistencia social que hoy tiene nuestro medio y no cuentan con una fuente laboral en la que puedan volcar su experiencia y vocación en el lugar de los acontecimientos. Habrá que recordar, para evitar lo que sucede en muchas otras problemáticas, no solo se necesita un oído que escuche, sino que reaccione con soluciones. 

No hace falta ser especialista para darnos cuenta que la problemática de las adicciones atraviesa con sus consecuencias todo el tejido social sin hacer distinción de condiciones sociales o económicas. Por ello, el estado no puede perder su rol de tutor de la sociedad y ser protector de los más desamparados. Solo cabe acotar que la recuperación de un adicto sigue siendo muy costosa y reducida en cantidad de lugares para alcanzar tan difícil objetivo. Sin dejar de mencionar y agradecer el encomiable trabajo de profesionales que, muchas veces de manera voluntaria, vuelcan sus conocimientos a ONGs que también sufren la escasez de asistencia para su funcionamiento. 

Es importante resaltar que el abordaje de la problemática de las adicciones no es un problema menor como dejan en evidencia los debates electorales. Es parte de la reconstrucción que necesita nuestro país y es hora de hacerlo desde la patria chica. Llámese provincia o municipio. Más grande o más pequeño. Debemos dejar en el pasado aquella frase que se repetía hace algunas décadas: "somos un lugar de paso para las drogas". Definitivamente, y las estadísticas oficiales lo demuestran, el consumo de estupefacientes hoy esta presente en el pueblo mas pequeño del país. Esta realidad pareciera vieja a la luz de los acontecimientos, pero es la que seguimos dejando debajo de la alfombra.  

Las adicciones y el narcotráfico no deben ser la excusa de algunos dirigentes y funcionarios para convencernos que son los causantes de otras problemáticas que también nos duelen y atraviesan todos los núcleos urbanos y, sin hacernos los sorprendidos, también los rurales. Solo como ejemplo cabe recordar el problema de la mayoría de los argentinos: la inseguridad. Si así fuese, es el momento de abordar la problemática de las adicciones para encontrar soluciones a otros problemas.  

Los especialistas no son pocos y menos aún aquellos convertidos en asesores gubernamentales que ocupan esos lugares para encontrar soluciones y no solo ser analistas de la realidad. 

Esta no debe ser una problemática, como muchas otras, que solo la veíamos de lejos. Primero aparecía en las noticias internacionales, luego en las nacionales y hoy la tenemos en nuestros medios locales. Para ello, no solo tendremos que evitar que las puertas sean de goma, sino abrirlas y sacar a sus actores para ayudar a los que necesitan.

 

 

 

 

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