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A 100 años ¡La radio no morirá jamás!

No se trata de la historia de la radiofonía. Solo un reflejo de momentos vividos que la resaltan como vigoroso medio de comunicación. Distinguirla como fuente de entretenimiento. Puntualizar su importancia como compañía. Y afirmar que siempre estará junto a nosotros conviviendo con los modernos sistemas de transmisión.

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En tiempos de pandemia, la radio ha demostrado que forma parte de la variedad de medios que nos pueden informar, educar y entretener sin importar el formato y los cambios que haya experimentado en cien años de vida.

Desde la formalidad en la presentación del festival sacro de Ricardo Wagner con su obra Parsifal hasta la variedad musical que hoy acompañan las 24 horas de transmisión de cualquier emisora. Aquellos fueron "Los locos de la azotea" y se han reproducido y perfeccionado con el paso del tiempo para seguir presentes en cada momentos de la vida. 

La radio es mágica desde el palpable aparato hasta la etérea imaginación que nos dispara infinidad de anécdotas. Su forma ha cambiado pero la magia de los dispositivos, de ayer y de hoy, sigue siendo la misma. Desde la radio a galena, tan difícil de sintonizar, a las mas modernas y puntuales para seleccionar la emisora elegida. Sin olvidar las que hace no demasiado tiempo tenían el "dichoso dial" al que había que encontrarle el lugar justo para sintonizar el programa buscado. Cuantas veces nos habrá pasado escuchar una sintonía mirando el displey con la aguja en otra numeración. Quizás fue motivo de discusión familiar porque alguien nos reprendía al pensar que estábamos equivocados cuando en realidad era el aparato que "fallaba". Si nos  vamos un poco más en el tiempo, cuando solo existían las de A.M., no necesitábamos discutir demasiado. Menos si vivíamos en el interior donde encontrar un puñado de estaciones era un milagro. 

De todas formas, llegaba la noche y la magia encendía nuestros sentidos. Hacían su presencia estelar, aunque muchas veces fugaz,  las emisoras de recónditos lugares del país o países vecinos. Paseábamos por el dial para subirnos a un mundo desconocido. Aunque literalmente también paseábamos en el lugar donde nos encontrábamos para que "no se vaya la onda". Desde la única A.M. de la capital de la provincia, pasando por las de algunas localidades del interior correntino hasta asombrosamente descubrir las de Buenos Aires. Ellas nos pintaban, a través de sus voces, la acuarela perfecta de la soñada Capital Federal que ni siquiera la televisión nos podía mostrar en vivo y en directo. Al margen queda decir que a Caá Catí la televisión de aire nunca llegó y la de cable recién a principio de los 90´. Años después apareció la Frecuencia Modulada y definitivamente estalló la magia de la radio. (Desde mi pueblo natal quiero recordar a otro "loco de la azotea": Rubén Juarez, director de F.M. IBERA) 

Con el paso del tiempo se multiplicaron las emisoras, los programas y la variedad en cada uno de ellos. No vamos a recordar los favoritos porque ingresaremos en un infinito túnel del tiempo y no nos pondremos de acuerdo. Aunque para quienes tenemos unos años (… aunque no tantos) y venimos del interior se nos hace fácil porque no había la variedad de señales que se sintonizaban en las grandes ciudades. 

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Con mi experiencia solo quiero remontarme a las ramas de un naranjo* y un simple radiograbador donde soñaba con ser uno de los actores de ese aparato. Recuerdo programas musicales o de los más variados géneros con locutores y periodistas que han hecho: ESCUELA DE RADIO. Desde "Pampa y Cielo", pasando por los últimos tiempos de "La Vida y el Canto" (con Antonio Carrizo) hasta llegar al "Rapidisimo" de Héctor Larrea. Sin olvidar mis inicios en las aún vigentes "Tardecitas Paceñas" que hace más de veinte años conduce Ada Chamorro. Mi única experiencia en "ambos lados del vidrio" como se llama comúnmente a la separación entre el estudio y la sala de operación.

Luego vinieron los sueños hechos realidad. Escucharlo de pibe y, en mi juventud, estar sentado en la mesa de Jorge Pablo Hemadi y Mario Alberto Roteta Lacarrie con "La Vida y la Gente" hasta concretar y ser parte de los servicios informativos inspirados en "El Rotativo del aire" de Radio Rivadavia. 

La radio necesita de actores donde algunos se convierten en conocidos y  muchos otros anónimos pero fundamentales para su puesta al aire. Todos son necesarios para que cada segundo de transmisión pueda sonar con la intensidad que nuestros sentidos esperan. 

Hoy mas que nunca estoy convencido que la radio es la compañera ideal para cada momento. Es el cargador de baterías para enfrentar el nuevo día. El aliento que nos permite dar cada paso. Y el relajante ideal para los momentos vividos. 

En cada uno de nosotros está encontrar la mejor sintonía aunque quisiera que el dial "se corte" en la 99.3 Radio Dos: mi casa y mi familia. Ese dial, que en los modernos aparatos se vuelve imaginario, era tan mágico como el volante de los jueguitos de la Playstation. 

Para que ocurra lo anteriormente mencionado hay que resaltar al actor del primer lugar del podio: EL OYENTE. Son los que dan vida a la radio todos los días. Aunque a veces pecamos de soberbio y queremos que nuestros programas sean un traje a medida. 

Las circunstancias de la vida me sitúan en la de un improvisado escritor pero no quiero dejar pasar la oportunidad para gritar imaginariamente en el éter:

¡LA RADIO NO MORIRÁ JAMAS!

* Queda más poético decirlo con la imagen de ese jugoso árbol frutal antes que el auténtico pomelero que me recuerda el archivo de mis palabras y fue testigo de mis "trasmisiones" en Tacuara Carendí.