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Columna de opinión

Empatía: palabra de moda para poner en práctica durante la pandemia

Desde esta columna quiero que encontremos las razones por las que una palabra muy utilizada no tiene resultados concretos en la sociedad. Tampoco quiero malversar los conocimientos científicos sobre el comportamiento humano. Solo ayudar a que reflexionemos con sentido común. Los interrogantes que utilizo deberían  servirnos para descubrir  la mejor respuesta empática. Estamos a tiempo de colocarnos el escudo protector contra el coronavirus. Y convertirnos en el superhéroe que alguna vez soñamos.

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La moda no es mala pero su instantaneidad nos lleva a cometer errores que producen el efecto contrario. No hagamos como tantos otros vocablos que aprendimos a pronunciarlos y luego pasaron desapercibidos sin haber cosechado sus frutos volviéndonos a "endeudar" en busca de la nueva colección. Los tiempos que vivimos no son de moda. Quizás sean únicos y no regresen si nos comportamos de la misma forma que les reclamamos a nuestros gobernantes. Es tiempo de ser estadistas con nuestros comportamientos. 

¿Nos dimos cuenta que los médicos hoy no piden un aplauso sino que actuemos de acuerdo a la nueva normalidad que nos exige el Covid – 19? Ponerlo en práctica nos hará empatizar con quienes dan su vida para cuidar la nuestra y son muchos más de los que imaginamos. Solo encontremos algunos ejemplos para darnos cuenta de las personas que esperan nuestra empatía.

Nadie quiere perderse la oportunidad de ser políticamente correcto y por ello nos sumamos al aplauso a los médicos. ¿Nos pusimos a pensar que solo es una formalidad y en realidad nos piden que del gesto pasemos a la acción  para salvarnos del contagio de una enfermedad aún imprevisible para los científicos del planeta? ¿Imaginamos como se sienten hoy los profesionales y trabajadores de la salud de Corrientes cuando ven la realidad que enfrentan sus colegas en otras latitudes mientras nosotros nos amontonamos en la peatonal Junín, en los parques, o en los comercios gastronómicos?

La palabra empatía tiene escasos sinónimos pero algunas frases las hemos escuchado o repetido durante varias generaciones y nos explican su significado. ¿Recordás aquellas que decían: "ponerse en el cuero de otro" o "ponete en mi cuero y vas a entender"? Recordándolas quizás comprendamos mejor a nuestra palabra en cuestión. ¿No será que la empatía busca alcanzar el bien común que tantas veces hemos escuchado y reclamado? 

Las historias de amor pueden ser conmovedoras pero la vida debiera tener mayor valor que un motivo circunstancial que al superar la pandemia podrá expresarse en plenitud sin necesidad de enviar misivas al gobernante de turno. Solo imaginemos las peripecias de los enamorados de un siglo atrás cuando no tenían los modernos sistemas de comunicación con los que hoy contamos.

El trabajo en sus distintas ramas necesita movilizarse para que el "virus" de la economía no se vuelva pandémico y el conjunto de habitantes del país no seamos víctimas del desabastecimiento y el desempleo. En ese contexto cabe preguntarnos: ¿es necesario movilizarnos para "verificar" las condiciones de nuestra casa de fin de semana? Sin dejar de recordar que los gobernantes están obligado a proteger el patrimonio de todas las familias. 

Discutir el significado de empatía debería ayudarnos a encontrar el valor real de nuestras dificultades  y más aún de las ajenas. Por eso sigo planteando cuestiones que hemos visto recurrentes durante la cuarentena y obligan a la movilización de estructuras financiadas con el aporte de todos. Solo como ejemplo pensemos en el personal de seguridad. ¿Tuvimos empatía con los policías cuando organizamos o participamos de una reunión social y obligamos a moverlos para que nos adviertan nuestro erróneo comportamiento? Pareciera que no lo hacemos y además cruzamos otra barrera social: les faltamos el respeto y los agredimos

Los encuentros sociales (Cumpleaños, casamientos, aniversarios) pueden esperar ya que  nuestros aplausos a los médicos no alcanzan para obtener el permiso necesario. ¿O acaso seremos rigurosos en el cumplido para después terminar nuestro día en un festejo clandestino?

Es cierto que hubo errores en la implementación de la cuarentena. De todas formas, debemos buscar el lado positivo y darnos cuenta que tuvimos la oportunidad de aprender las medidas de prevención que nos elevarían al grado de una sociedad empática. ¿Aprovechamos el tiempo para hacerlo o lo desperdiciamos porque, una vez más, tropezamos con la moda,  nos volvimos a "aburrir" y desistimos de las recomendaciones pensando que el coronavirus no llegaría? Otra oportunidad perdida para empatizar con nuestros semejantes y con nosotros mismos. 

¿Nos pusimos a pensar que de nuevo les estamos fallando a los que esperan que nos pongamos "en su cuero"?. Los recolectores de residuos, los empleados de supermercados, el personal de las farmacias o los camioneros que llevan y traen insumos necesarios para que nada falte en nuestras alacenas o  botiquines. ¿Ellos tienen la oportunidad de decidir si quieren empatizar con nosotros? Gracias a ellos conservamos la higiene de nuestros domicilios, tenemos los medicamentos necesarios o bien los alimentos e ingredientes para hacer la receta que encontramos en las redes sociales y nos ayuda a evitar el "aburrimiento" de la cuarentena. 

No todos estamos destinados a ser estadistas en nuestras vidas. Pero la definición de empatía nos propone y nos obliga a aportar nuestro granito de arena cada día. Pensar en nuestros actos y evitar las consecuencias que producen. 

¿Empatizamos con los trabajadores de las empresas alimenticias que se ven disminuidos porque sus compañeros se contagiaron y deben aumentar la cantidad de horas para mantener el stock de productos que demandamos? ¿Pensamos si los empleados esenciales tienen tiempo para aburrirse? 

¿Tenemos empatía con nosotros mismos? Sin conocimientos profesionales, solo utilizando el sentido común y la realidad que nos castiga sin darnos cuenta los moretones que nos deja, la respuesta pareciera tajante. Como podemos reclamar empatía si antes que un verbo que nos movilice pareciera un adjetivo al que queremos mostrarlo como el más preciado galardón obtenido para nuestro lenguaje oral. O solo queremos presumir de un elevado vocabulario y la exhibimos como perla preciosa para evitar avergonzarnos de nuestro léxico mundano. Sin dejar de lado el egoísmo de nuestros comportamientos que nos obliga a espera que la otra persona nos devuelva en acciones lo que solo nos atrevemos a repetir deliberadamente. 

Estamos a tiempo de empatizar con las imágenes que nos devuelven constantemente lo que sucedió y vuelve a suceder en otras regiones del planeta. Haciendo autocrítica de nuestros actos que debieran tener empatía con los demás, ¿nos pusimos a pensar en otra frase que pareciera no salir de moda: "nos parecemos a la gataflora"? Da la impresión que al asumir el error de nuestras acciones, y al sentirnos en peligro, buscamos culpables de nuestra irresponsabilidad y exigimos que otro haga lo que no supimos hacer a tiempo. 

Si hubiésemos sido empáticos desde el principio quizás nos encontremos en un escenario diferente. Solo el diario del lunes tendrá la respuesta, mientras tanto no perdamos una nueva oportunidad. Estamos a tiempo de hacer un curso intensivo para sacudirnos nuestra conducta indiferente. Para ello, utilicemos otra frase de moda: "salgamos de la zona de confort". Quizás así sea mas fácil ponernos "en el cuero" de los que están pasando mal y contribuyamos a evitar que la enfermedad avance en nuestro medio.

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Opinión Carlos Bramante