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El aplauso de hoy es para los maestros

Sin haber vivido una experiencia similar pusieron su vocación al servicio de sus alumnos. Imitando al Gran Maestro Domingo Faustino Sarmiento convirtieron su computadora o celular en "la higuera" que los cobija para transmitir conocimientos, educación y contención a sus niños. Casi no los conocieron porque fueron apenas dos semanas en las que comenzaron a compartir sus experiencias. Desde allí empezaron a planificar los contenidos virtuales.

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El comienzo fue difícil. Los interrogantes fueron numerosos sobre la modalidad que adoptarían para estar al lado de sus alumnos. Con errores y aciertos no se quedaron esperando que el Covid – 19 de señales de cuando podrían retornar a las aulas.

Rápidamente comenzaron a ingeniarse para reunir a sus alumnos. Primero fue desordenado porque su vocación de maestros los impulsaba a encontrarse rápidamente con sus niños. Desde la crítica constructiva buscamos aportar ideas para optimizar los "métodos de enseñanza" que permitan a los alumnos comprender los contenidos educativos. Hay que destacar y valorar que superaron en tiempo y agilidad al Estado que, seguramente apremiado por la pandemia y otras cuestiones, parecía no reaccionar a la necesidad de los niños para que no pierdan el ciclo lectivo.

Los docentes se pusieron en acción y, cuasi convertidos en "superhéroes", armaron grupos de whatsApp, prepararon trabajos escritos, filmaron videos y comenzaron a dar clases virtuales a través de Zoom. Todos empezaron a convivir en un mundo desconocido que lo teníamos entre nosotros, pero no lo utilizábamos. Maestros, padres y niños tuvimos que adaptarnos a la "nueva normalidad". Los criticados "grupos de mamis del cole" fueron el motor que articuló el contacto y puso en funcionamiento las "aulas virtuales" en los que se convirtieron los hogares de cada familia. Entre todos fueron aportando su eslabón para construir una cadena virtuosa que les permita no perder el año educativo y tener que pasar por decreto.

Además, la labor docente en tiempos de pandemia sirve de contención para quienes deben permanecer atados a las recomendaciones de prevención que el Coronavirus ha establecido y modificado la vida de cada familia. Los niños están ocupados en sus hogares y no pierden siquiera la clase de educación física. En marzo era utópico imaginarlos mostrando sus destrezas acompañados, del otro lado de la pantalla, por el "Profe". Hoy es una realidad que nos vuelve a mostrar, a los mas grandes, que todo es posible. 

No olvidemos que el tiempo de los docentes siempre fue menospreciado por los gobernantes de turno cuando reclaman mejoras para el servicio que entregan con dedicación todos los días. Solo recordemos una frase: "trabajan cuatro horas". Una vez más volvieron a demostrar que se trata de una visión errada a quienes ocupan circunstancialmente el sillón del poder. 

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Los maestros deben optimizar su tiempo para diseñar las estrategias de trabajo, las horas escolares se hicieron más extensas y el uso de elementos se ha multiplicado. Nunca ha sido tan simbólico el concepto que exhiben sus recibos de sueldo: material didáctico. Solo enumeremos algunas de las inversiones que hacen por sus niños: la electricidad, el servicio de Internet, la disponibilidad de espacio para organizar junto a la familia las actividades, las cartulinas y fibrones para convertir en improvisado pizarrón y varios etc. Y no olvidemos que muchos docentes son padres y deben atender en ambos lados del escritorio. No abandonar a sus alumnos, pero tampoco descuidar a sus hijos. 

Otro capítulo merece el servicio de Internet que aún hoy sigue siendo muy deficitario cuando los "cucos" del siglo XXI nos vienen asustando desde hace mucho tiempo que todo pasaría por la red de redes. Esa telaraña informática pareciera no estar a la altura de las circunstancias por sus innumerables interrupciones y tiempo perdido en llamadas para recuperar el servicio. Muchos cuestionan el Decreto de Necesidad y Urgencia del Gobierno Nacional que establece como servicio público a Internet y otros métodos de comunicación. Se trata de una medida que la reclamamos en numerosas oportunidades. Las empresas, que hoy vuelven a ser monopólicas en nuestro país, parecen no tener la intención de ofrecer una cobertura estable y que llegue a todos los rincones del país. Suena irreal cuando nos encontramos con barrios de capitales de provincia que tienen bajísima velocidad de conexión a Internet o pueblos y zonas rurales sin telefonía celular. 

Los docentes tienen que lidiar con esas contingencias y, como decimos comúnmente, arreglárselas para estar en contacto con sus alumnos. Debieron adaptarse a cada una de las circunstancias sin haber recibido la capacitación necesaria. Enfrentando la precariedad laboral con la que muchos conviven, pero sin bajar los brazos para desplegar su arte de educar. Con salarios que siguen siendo insuficientes para la tarea desarrollada. 

A todo lo anterior se suma la responsabilidad con la patronal para demostrar que cumplen con el trabajo asignado. Deben destinar más tiempo a completar planillas y realizar cargas en plataformas institucionales que demuestren que ha convertido su casa en la escuela de cada niño a su cargo.

Un párrafo importante merece los padres que acompañan el aprendizaje de sus hijos. La misión es aún mas difícil que la de hacer la tarea que enviaba la señorita. Hoy todos los contenidos se dictan y hay que aprenderlos en casa. También se merecen: ¡UN APLAUSO!

La experiencia del año 2019 seguramente será única e irrepetible en mucho tiempo, pero deja numerosas cuestiones para analizar y articular soluciones necesarias. A fin de año los funcionarios y especialistas deberán escucharán a los docentes con el relato de las experiencias vividas para proyectar el ciclo lectivo 2021. 

Lo importante es que definitivamente los argentinos debemos mirar orgullosos el vaso medio lleno porque una vez mas hemos superado la adversidad "atando con alambre". 

No hay dudas, y los especialistas lo saben con precisión, las clases virtuales no reemplazan a las presénciales. Lo importante es que no será un año perdido y se ha contribuido a salvar vidas. La de un abuelo o un familiar de riesgo que puede haber contraído la enfermedad llevada por uno de los integrantes más pequeños del hogar. Mucho se habla de las consecuencias psicológicas de la pandemia, alguien ¿analizó como se sentiría un niño después de contagiar involuntariamente y, sin pensar en extremos, ver a un familiar que lucha por sobrevivir al coronavirus?

Por ello me pongo de píe, los aplaudo hasta que me salgan llagas en las manos y les digo: ¡FELIZ DIA DEL MAESTRO!

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Opinión Carlos Bramante