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día del profesor

¡Un aplauso para profesoras y profesores!

Al igual que los maestros, los herederos de José Manuel Estrada tuvieron que reorganizar su modalidad de enseñanza. La pandemia los sorprendió sin preparación para dar clases virtuales. Quienes no tenemos experiencia de estar al frente de una aula de Secundaria o nivel Superior pensaríamos que es mas sencillo que hacerlo con niños de Primaria. Con solo recordar el significado de  la palabra adolescente debemos admitir nuestra errónea conclusión.

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No son pocas las dificultades para lograr la atención y comprensión de alumnos que debieron someterse a una nueva metodología de estudio. En el mejor de los casos, clases por Zoom que tienen miles de distracciones voluntarias o involuntarias. Desde las domésticas producidas en el hogar que se ha convertido en aula y en el que además deben convivir otros integrantes de la familia también sometidos al aislamiento social. A ello hay que sumar, la ausencia y cantidad de tecnología para estar en red,  las dificultades en las señales de comunicación y otras interferencias para el "normal dictado de clases". 

El profesor  debió buscar estrategias para mantener la atención de los alumnos y coordinar para que el grupo pueda interactuar como lo harían en salón de clases. Ese mismo docente, ahora debe recordar tantas "aulas" virtuales y contraseñas como a las que asistía en tiempos de normalidad recordando que antes las puertas esperaban abiertas sin necesidad de engorrosas claves de acceso.

Tengamos presente el esfuerzo que la mayoría de los docentes realiza para completar las horas cátedras que les permita acceder a un ingreso mínimo. En sus primeros años deben cumplir con estrictos horarios,  transitando calles y avenidas, y abordando varias líneas de colectivos hasta lograr la anhelada unificación en la menor cantidad de colegios. 

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Ahora los profesores deben empatizar, a través de una pantalla, con sus alumnos que también sufren las consecuencias del confinamiento. Los conocimientos deben llegar a través de un mundo virtual que nos parecía del futuro pero hoy es un presente para el cual no estábamos preparados. La falta de tecnología en los hogares y la ausencia de conocimientos para proceder en la virtualidad fueron los primeros obstáculos a resolver. 

Una encuesta del Sadop (Sindicato Argentino de Docentes Privados) muestra que el 63 por ciento de sus asociados no contaba con una computadora personal para enseñar a distancia. Además, el 74 por ciento tiene que combinar sus tareas laborales con la atención de niños o personas mayores dentro de la casa  convertida en el "establecimiento educativo virtual".

Así es como han recurrido a los elementos disponibles. El celular, la computadora, la notebook o los casi desaparecidos cibercafé para obtener la conectividad necesaria. Otros, profesores y alumnos, debieron apelar a medios conocidos pero no utilizados y tampoco preparados para la educación. No se desanimaron y enfrentaron al micrófono de la radio o la cámara de televisión para dar clases.

¿Nos pusimos a pensar las horas que pasan los profesores frente a la diversidad de pantallas? Definitivamente son más de las que habitualmente destinaban a las aulas reales. Hoy dan clases desde un mismo lugar sin darse cuenta del tiempo que transcurren sentados para preparar y corregir los trabajos de sus alumnos. Cuantos dolores de espaldas retorcidas hacen honor a esa vocación de enseñar a los futuros profesionales. 

Esta realidad puede ser igual o aún mayor en los profesores de la educación pública. Pese a las dificultades no bajaron los brazos, las enfrentaron con entereza y siguieron el camino que se había trazado José Manuel Estrada: la formación de ciudadanos. 

Quizás en los tiempos que vivimos la definición sea mas amplia pero la ciudadanía es la base fundamental para una sociedad organizada. Los futuros ciudadanos serán los trabajadores, profesionales, científicos y hasta dirigentes y funcionarios que administrarán el país. No debemos olvidar que el mundo cuenta con numerosos intelectuales hábilmente ilustrados en suelo argentino que fueron obligados a emigrar por la falta de oportunidades para desarrollar su profesión. Sin dudas, no son los profesores los culpables que desde hace algunas décadas la Argentina no sienta el orgullo de obtener un Premio Nóbel a pesar de los varios ejemplos que tenemos. Es parte de la deuda que tiene el sistema educativo actual al no encontrar las herramientas necesarias para adecuarse a los nuevos tiempos.

Estoy convencido que tenemos el recurso humano necesario para hacerlo: SON LAS PROFESORAS Y LOS PROFESORES que preparan a los que ligeramente les cargamos, sobre sus espaldas, la responsabilidad de ser el futuro de la patria aunque la inversión en educación sigue siendo una de las más bajas del mundo.

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José Manuel estrada fue premiado por su capacidad autodidacta para investigar la historia. Los profesores de hoy también merecen un premio porque se han convertido en autodidactas de la informática para enfrentar la adversidad del Covid - 19. 

La diversidad de materias lleva a cada uno de ellos a encontrar la mejor estrategia. Desde las materias teóricas hasta aquellas prácticas que parecerían imposibles transmitir sus contenidos a través de una fría pantalla. No bajaron los brazos y encontraron las técnicas necesarias para enseñar Educación Física, Música o realizar complejos experimentos de laboratorio. 

De todas formas, hay que señalar que en muchos profesores anida la preocupación de mantener un vinculo frecuente con sus alumnos y otros que no han podido hacerlo tienen el temor de perderlos y que sean víctimas de la deserción escolar que se agudiza en el nivel Secundario y Superior. Sin dejar de mencionar que el regreso a las aulas tendrá secuelas y, como en otras oportunidades, deberán redoblar el esfuerzo para nivelar los conocimientos.

Pese a las dificultades de la cuarentena, profesoras y profesores nos mostraron los frutos de su enseñanza y hemos asistido a la graduación de numerosos jóvenes a los que el coronavirus no les hipotecó su aprendizaje para obtener una fuente laboral.

Al igual que el 11 de septiembre, vuelvo a ponerme de píe para aplaudir hasta que me salgan callos en las manos  y gritar bien fuerte:

                                              ¡FELIZ DÍA PROFESORAS Y PROFESORES!

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Opinión Carlos Bramante