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Columna de opinión

Una sociedad en descomposición hipoteca su futuro

Se trata de un resumen de hechos que revelan comportamientos carentes de moral, conducta y valores. La violencia como estrategia para defender "nuestros derechos" olvidando los del semejante. Las soluciones individuales y nocivas para el conjunto de habitantes. La impunidad que repudiamos pero aprovechamos sus "tentadoras oportunidades". Las ocasiones desperdiciadas para corregir nuestras dolencias sociales. La "doble vara" del estado para identificar y condenar a los culpables. Y el pesimismo que nos invade pensando en "fugarnos del país" para encontrar el futuro soñado. 

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Por más banal que parezca es necesario recordar la definición de la palabra SOCIEDAD: "Conjunto de personas que se relacionan entre sí, de acuerdo a determinadas reglas de organización jurídicas y consuetudinarias, y que comparten una misma cultura o civilización en un espacio o un tiempo determinados".

Para que se cumpla lo enunciado debemos evitar que: la justicia por mano propia, los casos de abuso, la violencia para defender intereses personales, el trabajo ilegal, o el ataque al medio ambiente se conviertan en costumbre y formen parte del derecho consuetudinario. 

De eso se trata la columna de hoy. Advertir la proliferación de escenas de la reconocida película de Ricardo Darín: "Relatos Salvajes". Desde hace tiempo se reproducen en el escenario real y peligrosamente pueden convertirse en costumbre.

La primera es la agresión de vecinos del barrio Sol de Mayo a un efectivo de la policía provincial cuando intentaba detener a un delincuente. También el ataque de una "familia" a la comisión policial  que investigaba un hecho ilícito en el Barrio Arazaty. Los malvivientes utilizaron gas pimienta para evitar su detención y por los golpes propinados una mujer policía perdió piezas dentarias. Se reiteran con asombrosa periodicidad en distintos sectores de la capital de la provincia.

Otro ejemplo es el enfrentamiento entre dos conductores en pleno centro de la ciudad (9 de Julio y San Luís – Barrio Cambá Cúa). Sin juzgar los acontecimientos llama la atención la ferocidad con la que se reclama una inconducta vial. Sus contendientes se enfrentaron sin advertir que podían dañar a un tercero. El suceso provocó heridas cortantes a una niña de 8 años que viajaba en uno de los automóviles.

Tampoco olvidemos nuestro comportamiento frente al medio ambiente. Han sido varios los ejemplos de animales maltratados o encontrados sin vida por golpes recibidos. Lo vivimos en nuestra ciudad en espacios públicos. No quiero imaginar lo que sucede en lugares privados mas allá que la tecnología, a veces, nos permite conocer a los agresores de la naturaleza. Tan impunes se sienten que graban o sacan fotografía de indefensos animales convertidos en "trofeos de guerra" para exhibirlos en ronda de amigos.

 No dejemos de mencionar hechos ocurridos en el Congreso Nacional durante sesiones virtuales. El colmo fue el Diputado que protagonizó una escena sexual en plena sesión (Juan Ameri – Frente de Todos). Antes recordemos que hubo otros incidentes que parecen menores. Uno de ellos, el legislador de esa misma cámara que colocó su foto para simular su presencia durante la transmisión por Zoom (Esteban bullrich – Cambiemos). Más graves son las denuncias de abuso contra el exlegislador correntino Manuel Sussini que se defiende argumentando que se trataba de un tratamiento médico cubierto por la prepaga. 

En los últimos ejemplos aparece una realidad a la que nos acostumbramos los argentinos y digámoslo con todas las letras; también los correntinos. Culpamos o absolvemos de un delito con diferentes varas. Si queremos cambiar nuestros valores como sociedad tendremos que utilizar reglas claras y sencillas. No deben haber penas atenuadas o aumentadas según la ocasión o el acusado: el delito siempre debe ser condenado. La justicia se ocupará de aplicar la normativa vigente y la pena correspondiente para desterrar la impunidad. 

Algunos defienden sus estrategias ilegales amparándose en el versátil funcionamiento de la justicia. Debemos recordar que existen otros poderes (nacionales, provinciales y/o municipales) que también deben funcionar sin ambigüedades. El Ejecutivo poniendo en funcionamiento los órganos de control y el legislativo emitiendo normas claras y contundentes para sancionar los hechos delictivos. Esto último es fundamental para evitar las puertas giratorias que abren los magistrados con sus variadas interpretaciones permitidas por la ley.

Al principio de la pandemia nos ilusionamos con un cambio de comportamientos. Parece que una vez más pecamos de optimistas al suponer que estábamos frente a un cambio de época. Imaginábamos una sociedad "reseteada" destinada a compartir valores que logren homogeneizar comportamientos para evitar la autodestrucción. Solo como ejemplo, nos maravillábamos de las mejorías en el medio ambiente y pensábamos que se convertirían en la matriz de la nueva humanidad. 

Me resisto a creer que fue una ilusión óptica provocada por la paralización de la cuarentena. Apenas se flexibilizó la movilidad volvimos a sacar lo peor del ser humano y acentuamos la confusión de valores rozando el límite de la amoralidad. 

Como ejemplo de nuestra falta de apego a las reglas de una sociedad organizada comenzamos a transgredir las indicaciones que impedirían contagiarnos de la enfermad que golpea al mundo. Entre ellas, la explosión de fiestas clandestinas que empezamos a verlas por televisión y hoy se repiten en nuestras comunidades volviéndose peligrosas y letales. 

Aunque a veces afloren sentimientos pesimistas no debemos darnos por vencido. Tendremos que comprender que un solo sector etario, político, religioso, profesional o como queramos llamarlo no podrá erigirse en "salvavida" de una sociedad. Todos debemos aportar nuestro empeño para conseguirlo. Hoy más que nunca debemos apostar al optimismo y para ello ratifico la columna de opinión publicada por Leandro Espinoza: "Argentina, país de oportunidades".

No debemos engañarnos y pensar que existe una emigración masiva de argentinos en búsqueda de oportunidades alrededor del mundo. Pareciera que mirando desde adentro nos resulta más difícil encontrar soluciones a las dificultades que nos agobian. Dejémonos  ayudar por las estadísticas de la Organización de Naciones Unidas. Un informe de la O.N.U. indica que en 2020 hay 1.013.414 argentinos por el mundo mientras que en nuestro país están viviendo 2.200.000 extranjeros. ¿Por qué los foráneos se arriesgan a la invitación del Preámbulo de nuestra Constitución Nacional cuando les ofrece "habitar en el suelo argentino"?  

Hay que coincidir que las oportunidades deben ser generadas, buscadas, apuntaladas y encaminadas para que se conviertan en pequeños motores del cambio que necesitamos. Sobre todo, hay que encaminarlas para que se conviertan en oportunidades sólidas y no meramente electorales. Sin vueltas, es necesario controlar el otorgamiento de planes sociales o programas de asistencia y/o capacitación. Deben ser fuentes genuinas de trabajo para producir y aportar impuestos que estimulen el círculo virtuoso (no vicioso) del estado.

Alguna vez Eduardo Duhalde dijo que "los argentinos estamos condenados al éxito". Hoy el Expresidente se colocó en el centro de la polémica al advertir la posibilidad de un golpe de estado. Sin hurgar en el sentido de sus palabras, o la intencionalidad de ellas, veamos el lado positivo de su "advertencia" y no claudiquemos en la defensa de la democracia. En las redes sociales abundan mensajes que añoran los tiempos mas oscuros de la Argentina como si fuese la medicina apropiada para nuestros males. 

Los valores, la moral, la conducta  y las oportunidades no se recuperan con la imposición y menos aún con la eliminación del enemigo. Observemos nuestros errores y tengamos la inteligencia necesaria para torcer el rumbo más allá de las grietas que históricamente supimos conseguir. Incluso las considero necesarias para defender el sistema de gobierno mientras no sean tóxicas y dañinas. Sabiamente la democracia, a través del voto, nos otorga a los ciudadanos la posibilidad de elegir donde ubicarnos. Superado el tiempo electoral seamos respetuosos de las mayorías y celosos custodios de las minorías. Los representantes de ambas partes necesitan y están obligados a consensuar las herramientas que contribuyan a recuperar la integridad social. 

En Corrientes hay señales alentadoras. Una de ellas es la que dio el Superior Tribunal de Justicia al agravar las penas a los autores de la muerte de Roxana Dalpozzolo. Se trata de los delincuentes que atropellaron y mataron a la joven en el barrio San Gerónimo y que formaban parte de una "empresa criminal" como los definió el abogado de la familia de la víctima, Martín Ríos. 

El funcionamiento adecuado de la justicia es una clave fundamental para recomponer el tejido social. Es importante advertir que tales resoluciones deben ser habituales y no presionadas por el clamor social y/o mediático. De lo contrario, serán respuestas de ocasión y no servirán para producir el cambio que esperamos. 

Estoy convencido que los ejemplos se derraman de arriba hacia abajo. De todas formas, será mas fácil si cada uno aportamos nuestro "granito de arena" para recuperar una sociedad exitosa que no empeñe su futuro dilapidando el presente. De lo contrario, como dijo el Director General de Seguridad y Prevención del delito Comisario General César Fernández: "ESTAMOS EN EL HORNO".

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Carlos Bramante Opinión