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A nuestros queridos "basureros"

Los recolectores arriesgan sus vidas para cuidar la nuestra

Son parte de los trabajadores esenciales y ahora están en la primera línea de batalla contra el coronavirus. La cuarentena nos permitió "descubrirlos", por lo menos, a través de la ventana. Antes, en la vorágine de cada día, los teníamos incorporados a nuestras vidas como si fueran robots detrás de un camión. No dimensionábamos el rol fundamental que cumplen para mantener la higiene de nuestras viviendas y ciudades.

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Tan automatizados los imaginábamos que, la mayoría de las veces, fuimos indiferentes al trabajo que realizan a diario. Pensamos que son superhéroes que no necesitan descansar y tampoco se merecen días libres o feriados. Olvidamos que son de carne y hueso como el resto de los mortales. Alcanzamos el límite del egoísmo porque mientras disfrutamos de nuestro merecido descanso igual sacamos las bolsas y duplicamos su trabajo.

En plena pandemia ¿nos detuvimos a pensar en el daño sanitario que provocaría la ausencia de los recolectores de residuos? Quizás nos salvemos del Covid-19 pero seriamos atrapados por el mundo de bacterias y otras alimañas que poblarían los contenedores de residuos hogareños. 

Volviendo a los trabajadores ¿pensamos los riesgos que corren por nuestro comportamiento desaprensivo? ¿Recordás aquel envase  de vidrio que se rompió durante un festejo? Estabas enojado/a porque no vino el resto de la familia a causa del confinamiento. Rápidamente  agarraste la escoba y tiraste en la débil bolsa de plástico como si fuera la inofensiva cáscara de una naranja. Lo hiciste sin advertir el peligro que representa para el anónimo trabajador que todos los días pasa por tu casa.

Tampoco observamos el riguroso trabajo al que están obligados. Constantemente son desafiados a ser atletas olímpicos detrás de un camión. Esa situación los puede someter a caídas o esfuerzos físicos excesivos. Circunstancias que provocan los accidentes más frecuentes y generan incapacidades temporales por contusión o heridas cortantes.

Ser recolector es un trabajo ingrato. Aún más riesgoso que otras actividades que las tenemos incorporadas bajo esa condición. Llueva, truene, relampaguee o caiga granizo siempre están en las calles para retirar nuestra basura. 

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Desaprensivo somos cuando sacamos fuera de horario las bolsitas. En ese caso somos con los trabajadores y con nuestro vecindario. También cuando deliberadamente largamos, sin control, a nuestros perros a la calle. Primero van en búsqueda de las bolsas para romperlas, luego esparcir la basura e incluso atacar a los trabajadores que buscan cumplir con su trabajo. Cuando salimos a la calle y vemos la basura desparramada nos enojamos con los recolectores. Ni siquiera nos detenemos a pensar que sucedió y si tenemos alguna responsabilidad. Al día siguiente, fugazmente los recordamos,  solo para insultarles sin preguntar que pasó. 

Por ello están considerados trabajadores de alto riesgo. Hoy debemos regalarles un fuerte aplauso por estar presentes en las calles de nuestras ciudades. Si googleamos, rápidamente nos vamos a dar cuenta que en nuestro medio nos olvidamos de aplaudirlos. Quizás no reconocemos la importancia de su función porque no estamos acostumbrados a prevenir las enfermedades. Ellos están arriesgando su salud para cuidar la nuestra. 

Por último y para ayudarlos a prevenir el contagio de la enfermedad pandémica les recuerdo un consejo que recorre el mundo. Antes de sacar las bolsas de residuos rocíenla con una solución preparada con 1 litro de agua y 10 ml. de lavandina. 

Aplaudamos fuerte y salgamos a gritarles… ¡FELIZ DIA RECOLECTORES!

P.D.: a fin de año no te enojes cuando golpeen tu casa. Si podes, regalale un obsequio o, por lo menos, dale las gracias por cuidarte en este difícil 2020 que atravesamos. 

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Opinión Carlos Bramante